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De lo que más preguntamos

Es de lo único que nos olvidamos

Las hojas caen lentamente, acariciadas por la brisa que repentinamente se ha vuelto fría, cada vez que una toca la tierra se oye un pequeño crujido. El cielo suele cubrirse con nubes, grises y tenebrosas, que poco se sabe de su procedencia. Cloudsdale, suelen mencionar los ancianos, a pesar de que nadie más que los pegasos saben de lo que ocurre en sus entrañas. Sin embargo, no había explicación para la muerte de los árboles, si aquella muerte podía representar el origen de una vida en un mundo regido por gobernantes de poco habla sobre el tema. No era casualidad que los potrillos preguntaran a la maestra, en aquellos largos recorridos por los bosques, sobre el color anaranjado de los mismos. Esta los miraba en silencio, con notable confusión, inventando alguna historia sobre los unicornios o los pegasos.

Pero, la verdad distaba de estas historias, el otoño provenía de los terrestres. De hecho, era uno de los secretos mejor guardados, de los que pocos tenían conocimiento y muchos que llegaban a conocerlo no vivían para contarlo. Cada cierta cantidad de meses, cuando la ocasión lo dictaba, se llamaba a varios terrestres por lo general mujeres jóvenes y algunas potrillas. Se les embriagaba en una especie de celebración, vendían aquello como un premio de extremo secreto, no podían contarlo a sus familias ni a sus conocidos más cercanos. Todo era felicidad durante la primer noche, la siguiente y la posterior. Tres días de entero júbilo, en el cual las elegidas olvidaban mucho de su propósito real y pasaban a ser solo un número.

El tiempo terrenal ha concluido

Es hora de crear un nuevo y radiante ciclo

Luego de tal festejo desbordado, eran agrupadas por edad y pasaban por una inspección rigurosa, nunca antes las habían examinado de tal manera. Miraban sus partes sin ningún disimulo, metían objetos y les hacían sollozar de dolor, mientras anotaban en planillas sus reacciones al placer. Pero claro, no era su resistencia lo que buscaban, era un factor clave lo que determinaba si seguían o de lo contrario pasaban a otro cuarto intermedio. Aunque se tardaba alrededor de un día entero en desfilar a las diferentes yeguas, los hospitales de todo el continente se cerraban y un caos generalizado era sofocado por los guardias.

Al culminar los estudios, cada una que pasaba obtenía un número y la promesa de unas lujosas vacaciones al norte de Equestria. De las que no salían, nada volvían a saber, pero el fervor de ser superior, el ego desmedido y la gran megalomanía de estas afortunadas no les hacía pensar ni arrepentirse. Abordaban el tren que de hecho parecía listas para llevarlas, finalmente se iban, sin despedirse de sus familias o amigos. Habían perdido todo contacto con el mundo exterior, de hecho, sus propios familiares parecían haberlas olvidado ya que nadie preguntaba por su amor perdido, su hija, su amiga.

Olvidadas y desprotegidas

Vagan a través de las vías

Como era de esperarse, al menos para nosotros, nunca llegaban a un hotel. Una extraña fábrica las recibía, mientras que corpulentos guardias las empujaban a su interior, dentro no encontraban un recibidor o apetitosos manjares. Eran encadenadas a distintos contenedores, amordazadas y finalmente un semental elegido para la tarea se encargaba de quitarles aquello tan preciado: su virginidad. Aquel era lo valioso que todas compartían, por dos días la sometían a tortuosas rutinas en el cual el cansancio y el placer las vencían.

Los contenedores adquirían este particular tinte de escencias, para inyectarlos en los árboles, poco a poco las jeringas se llenaban hasta cubrir lo necesario. Los cuerpos destrozados de las afortunadas ganadoras, eran descuartizados parte por parte, el baño de sangre que aquel lugar desencadenaba era demasiado para aparecer en cualquier libro de historia equestre. Sus operarios habían sido borrados de los registros, su administración un completo misterio, de lo que sí se tenía noción era sus efectos en la vida diaria.

Finalmente tu cuerpo has abandonado

Renacerás en el mundo que te ha olvidado

Los árboles eran inyectados por las noches, muchos confundían a estos operarios con recolectores de savia, el elixir solo requería un poco de tiempo para hacer efecto. Los restaurantes recibían una gran cantidad de carne, las cuales hacían falta tras lo que había ocurrido la semana anterior a su llegada. Carne de esta misteriosa empresa, carne de personajes olvidados por todos, finalmente la paz parecía retornar y todos preparaban sus festividades otoñales.

¿Qué ocurría con la sangre y las descartadas? La primera era utilizada como fertilizante, la sangre que no brotaba de aquella virginidad perdida era empleada para dar color a los caminos de tierra. Una vista otoñal tan perfecta como la de Equestria no se lograba sin intervención de algún brillante genio. En cuanto a las descartadas, sufrían su martirio en silencio, encerradas en aquella habitación intermedia. Torturadas, violadas, condenadas a la muerte inminente y sin sentido. Sus cuerpos nunca se encontraban, pero una frase repercutía en sus cabezas hasta el final, "-Impura, inservible impura.-"

Los cantos de los niños lo celebran

Ha llegado el otoño del cual nunca se quejan

El ciclo debía concluir en algún momento, para volver a girar hacía falta unos cuantos meses, los necesarios para que nuevas candidatas estuvieran a disposición. Los niños jugaban entre hojas manchadas de sangre, se revolcaban en la tierra de vibrante carmesí. Pocos eran aquellos que se detenían a pensar lo que hacían, era el festejo otoñal, las celebraciones cubrían con sus ruidos jubilosos la masacre que se fabricaba en el norte.

Los adultos tomaban las hojas, realizaban presentes, se divertían recogiendo cada fragmento de esos árboles alguna vez vivos. Ninguno pensaba en lo que hacía un tiempo atrás se había desatado, la emoción del cambio los incandilaba. Y muchos, eran quienes deseaban cuanto antes un nuevo otoño, los más emocionados eran los niños inocentes quienes cantaban y bailaban inmersos en su fantasía.

Finalmente el secreto ha sido revelado

Los daños del otoño, solo por el invierno, son superados.

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