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2014 Este artículo ha sido nominado a mejor Fan-Fic en los Oscar Pony 2014.


660px-Rainbow Dash playing with the chocolate bowl S2E9 Esta página es un fan-fic. Por favor, no edites esto sin autorización del autor. ¡Que disfrutes la historia!

¡Gracias!

Spike, el Embajador.
Concordia by equestria prevails-d5icbfz
Pertenece a: Charly52
Clasificacion ATP
Género Humor, Política.
Estado En desarrollo.
Ambientada en Arabia Equina
Personaje (s) Spike, Shining Armor, Derpy Hooves, Firefly y un gran elenco de Las Mil y Una Noches.
Cronología
Ninguna Spike, el Embajador Ninguna

-...Pueden quedarse a dormir- dijo Twilight -Spike esta en Canterlot por asuntos del reino...

Spike es asignado como embajador de Equestria y enviado a Arabia Equina (Saddle Arabian) para ayudar a amistar a los Ponis del Desierto y las Cebras. Sin embargo, no a todos les agrada la idea y desde las sombras harán lo que sea para que el tratado de paz no se firme. Con el irá el experimentado capitán de la guardia, Shining Armor, y un acompañante inesperado.

Capitulo 1: Querido Spike.

Querido Spike:

Es menester que te presentes ante mí en Canterlot mañana a primera hora de la tarde. Serás parte de una encomienda de vital importancia. Es algo que sólo tú podrás realizar. Se lo pediría a Twilight, pero lo mejor será que tú lo lleves a cabo.

                Saludos y suerte.

                            Su Majestad, Princesa Celestia.

Spike había leído una y otra vez la carta durante todo el viaje hacia el castillo de Canterlot. Estaba ansioso a la vez que nervioso. Eran raras las veces que la princesa del Sol lo necesitara, sin duda Twilight se desenvolvería mejor que él. Entonces ¿por qué ella no calificaba para tal tarea?

Esa carta, que había tomado por sorpresa al dragón y a la unicornio, estaba siendo leída por uno de los guardias que flanqueaban la entrada a la Sala del Trono, ahora cerrada.

-Lo siento Spike– dijo el guardia –Te dejaría pasar, pero la princesa está ahora mismo en una audiencia con otro poni.

Spike se llevó una garra a la cara. Sabía que los guardias lo conocían perfectamente y él a ellos. No era una sorpresa el que la gran mayoría fueran tercos y cumplieran al pie de la letra con sus deberes, inclusive con alguien que tuviera una fuerte relación de amistad con la princesa.

-¡No me importa!– exclamó –Esa carta tiene carácter de urgencia. No creo que a la Princesa Celestia le agrade el saber que me dejaron esperando.

El guardia sabía que el pequeño dragón tenía razón, no quería arriesgar su carrera militar por un pequeño malentendido. Empezó a ponerse nervioso y su compañero se reía en silencio. Entonces tomó una decisión.

-Espera aquí– golpeo la gran puerta y las voces que salían del salón, callaron. Al instante se alzó la poderosa voz de Celestia

–Adelante –El guardia entró. Murmullos. Unos momentos después el guarda asoma la cabeza

–Puedes pasar.— Spike tomó aire, hinchó el pecho y se abrió paso hacia el gran salón al mismo tiempo el guardia anunciaba –¡Sus excelencias, entra en el Salón del Trono Spike, el dragón!

El dragoncito notó que del otro lado lo observaban la Princesa del Sol y una poni pegaso que jamás había visto. La princesa con una sonrisa y la pegaso con cierto desprecio. Se sintió incomodo, así que apresuro el paso. Celestia caminó unos metros hacia su encuentro, la pegaso la siguió. La gran puerta se cerró de nuevo, el guardia había salido.

-Bienvenido Spike –dijo la princesa –Agradezco que hayas venido.

-Era mí deber responder cuanto antes –expresó el reptil con una reverencia.

-Gracias de todos modos. Quiero presentarte a…

-Disculpe mi atrevimiento majestad –Interrumpió la pegaso. Su voz imponía respeto y Spike estaba seguro de que se podría escuchar perfectamente a quince metros de distancia si estabas en medio de las ruidosas fiestas de Pinkie Pie –pero quisiera presentarme yo misma.

-Bueno –Celestia se vio sorprendida ante la petición –no veo inconveniente.

La pegaso alzó un casco y su pecho se hinchaba de orgullo – ¡Capitana de la Séptima Legión de la Guardia Real de su Majestad la Princesa Concordia, Firefly!

Spike quedó estupefacto. Observó a la pegaso con más detalle. Un excelente ejemplar de yegua de cuero rosado, cola y crin corta, y rebelde, azul marino. Vestía una pesada armadura de reluciente bronce y acero. La belleza de aquella yegua podría competir con la de Rarity. Y su porte orgulloso le daba aún más belleza.

Al fin Spike, salido de su embobamiento, tartamudeo –Sp-Sp-pike el…

-El embajador, lo sé.

-¿¡El qué!? –Spike quedó confundido. Sin embargo Celestia se apresura a explicar.

-Verá Capitana Firefly, su visita a Canterlot me tomó por sorpresa. El mensaje de su llegada fue recibido hace dos días. No tengo delegados o embajadores que se amolden a la perfección con la encomienda. Entonces pensé en el asistente de mi protegida. Por desgracia fue tan corto el tiempo y tan vagos los detalles en su carta que Spike no sabe de que tratará su nuevo deber ¿Podría ser tan amable de explicarle en qué consiste su tarea como embajador de Equestria? Tal y como usted me lo contó hace un rato.

Firefly no respondió. Miró a la Princesa y luego al dragón. En su cara empezó a traslucirse duda y escepticismo. Camino alrededor de Spike, estudiándolo. Spike la seguía con la mirada cada vez mas incomodo con el silencio de la capitana. Ella lo observaba y a momentos se paraba a olerlo, cosa que ponía al dragoncito aún más incómodo. Finalmente la pegaso rosa paró y dijo –Disculpe mi osadía ¿pero está segura de que él es el indicado?

-Absolutamente segura.

-Bien –dijo Firefly con un dejo de resignación –Si mi Princesa Concordia confía en su juicio, yo también confiaré –hizo una pausa y luego se dirigió a Spike, quien estaba un tanto ofendido con que la pegaso haya dudado de Celestia –Arabia Equina es una Nación ubicada cerca de las Sabanas donde habitan las Cebras –a estas últimas las mencionó como si le dieran asco, pero Spike no lo notó y no sabía que era una cebra –Frecuentemente estallan conflictos entre los ponis del desierto y estas, pero afortunadamente ninguno de ambo bandos tuvo bajas hasta ahora.

>>Eso no quita de que en un futuro siga igual. Mi Princesa Concordia quiere establecer un acuerdo de paz y alianza con las cebras. Sin embargo no negociará cada punto del tratado con ellas, sino que creará cada artículo junto con ellas para asegurarse de que todos estemos satisfechos con él. Como normalmente surgen conflictos en las negociaciones necesitaremos de alguien que arbitre y medie entre las partes.

-Alguien que no sea ni poni, ni cebra –Agregó Celestia –Se lo mucho que has ayudado a Twilight en sus estudios y las veces que has acudido a asistirme con asuntos del reino. Por eso y por tu gran corazón se que harás todo lo posible para que la paz llegue a Arabia Equina.

Spike se ruborizo por los halagos de la princesa y trataba de ocultarlo. Otra vez llamaron a la puerta.

-Adelante.

Entró en la sala un unicornio blanco un poco más grande que el común. Se podría decir que era tan grande como Bic Macintosh. Llevaba una armadura más lujosa que la de los demás guardias reales. Spike lo reconoció al instante.

-¡Capitán del Doceavo Regimiento de la Guardia Real, Shining Armor reportándose majestad! –Anuncio el unicornio blanco.

-¡Shinny! –saludo entusiasmado el dragón.

Shining Armor lo reconoció de inmediato y ambos corrieron a su encuentro – ¡Spiky! –Devolvió el saludo con el mismo entusiasmo y unos fuertes coscorrones -- ¿Qué nuevas hay con mi duro dragoncito? –

-¡Basta! –Se acomplejó – ¡Me lastimas las escamas!

El unicornio, después de liberarlo y reírse un rato del radiante rojo que pasaba por la cara del dragón preguntó – ¿Cómo está mi hermana? se la extraña mucho.

-Está bien –dijo mientras se acomodaba las escamas –está preparándose para una tormenta que los pegasos programaron para mañana. Además solo nos fuimos a vivir a Ponyville hace un mes.

-Lo sé, pero se los extraña igual.

-Ejem –llamó la capitana rosa irritada con la actitud poco profesional del capitán. Solo Celestia lo pudo notar.

Las presentaciones se hicieron y se le informó al unicornio del papel de Spike como embajador. Celestia le explicó que su función será la de guiar y dar consejo al dragoncito de cómo se tendría que desenvolver en aquella tierra. También estará a cargo de la seguridad de Spike por si algún inconveniente llegara a ocurrir. Firefly hizo un apartado para hacer una petulante promesa de que ningún incidente habrá siempre que ella esté a cargo de la seguridad del castillo de Concordia. Spike pensaba que la arrogancia de la capitana competía con la de Rainbow Dash, pero sin el factor diversión.

-Ahora, con su permiso mis señores –dijo Firefly –debo irme. Tengo que supervisar los preparativo de la nave –deslizó su ala derecha dentro de su armadura y sacó tres boletos blancos. Spike creyó que el tercer boleto era para la capitana, hasta que ella le extendió dos de ellos.

El dragón la miró incrédulo. Entonces la pegaso aclaró –Aunque el Capitán Shining Armor será tu consejero, necesitaras de algún poni que sea tu secretario. No estaría bien visto que un embajador no tenga uno.

Shining tomó uno de los boletos y Spike se quedó con los otros dos

–Mañana a mediodía, Zarpará la nave. Con su permiso caballeros y majestad, me retiro.

Firefly se había ido de la sala, Shining la siguió poco después. Necesitaba dejar todo listo antes de partir y llevar algunos soldados consigo. Solo quedaron Spike y la princesa. Él le había preguntado a quién podría darle el boleto extra. La princesa simplemente le respondió que era decisión de él quien sería su secretario (o secretaria). Así que ahí estaba, en su antiguo cuarto tratando de pensar a quien le daría el boleto.

Tenía que pensar rápido. Solo tenía hasta mañana en la mañana para dar el boleto. Pero no se decidía a quien dárselo. Rarity o Twilight. Inclusive Applejack era una buena opción. Decidió entonces dar un paseo por las calles de Canterlot.

Un mes fuera de Canterlot no hacía la diferencia en aquel lugar. Los mismos ponis petulantes se paseaban con sus narices tan altas como las agujas de un reloj que marcaba las doce. Solo algunas pocas tiendas habían cambiado.

El dragón caminaba con el boleto en una garra. A Rarity podría llegar a gustarle el lugar. Las más finas telas de seda salen de allí según oyó una vez en una conversación entre Celestia y un delegado de Arabia Equina. Pero quizás no soporte el calor del desierto. Era un anhelo suyo el poder pasar unos días con su amada poni solo.

Por otro lado, para Twilight sería un sueño el poder ir y conoce en persona esas cebras. Había visto como devoraba un libro que se titulaba algo así como “Criaturas mas allá de Equestria”. Además de que era tentadora la idea de que ella fuera su ayudante.

Inmerso en sus pensamientos, no dio cuenta de un poni que cargaba decenas de cajas se le acercaba a gran velocidad. Ambos chocaron y las cajas se desparramaron por todas partes. El pequeño dragón estaba sentado en el suelo frotando su cabeza para mitigar el dolor y enseguida se dio cuenta de que ya no tenía el boleto. La angustia lo invadió y empezó a buscarlo entre el desorden de cajas.

-Disculpe –se apresuró a decir la notar que no le había dirigido la palabra. Giró su cabeza hacia la poni al mismo tiempo que le decía –no vi por donde iba y… -Cayó abruptamente al ver que lo que la poni estaba sosteniendo entre sus cascos ¡el boleto!

A Spike se le cayó la quijada noventa metros bajo el suelo. Una poni pegaso de color gris y crin rubia, de ojos curiosamente cruzados estaba contemplando embobada el boleto blanco. Su rostro lentamente dibujo una indudable sonrisa de felicidad. Spike trato de hablar pero fue cortado por la emoción de la poni.

-¡¿Este es un boleto a Arabia Equina?! –Spike abrió la boca, pero nada pudo decir ante el fuerte abrazo de la pegaso gris – ¡Oh! ¡Gracias, gracias, gracias! Ningún poni había hecho esto por mí antes.-

A Spike le costaba respirar -Espera un…

-¡Cierto! No eres un poni- dijo soltándolo de inmediato. Spike intento hablar nuevamente, pero de nuevo se vio interrumpido por la alegría de ella – ¿qué llevaré? ¡Ay! tengo que darme prisa ¡EL zeppelín zarpa mañana!

-E-es-espera un segundo, yo no… –otro fuerte abrazo le cortó el habla.

- ¡En verdad, gracias! No sabes cuánto anhelé visitar Arabia Equina. –paró un segundo a pensar – Cierto ¡no lo sabes! –soltó al pequeño dragón que dio una gran bocanada de aire. Ella le extendió una pata –Derpy Hooves.

Spike balbuceó. Tenía que explicarle a la poni de ojos graciosos que el boleto no era para ella. Pero mientras más contemplaba aquellos ojos llenos de alegría e ilusión, más grande se le hacía el nudo en la garganta. Sin embargo, estaban Rarity y Twilight, realmente deseaba que alguna de las dos fuera con él. La sonrisa de ella se ensanchó más, mostrando su blanca dentadura. No podía. No podía decirle que no a la pobre inocente. El daño estaba hecho. Suspiró, con dificultad extendió el brazo y, tembloroso, estrecho el casco de Derpy. Con un hilo de voz se presentó.

–Spike, el Dragón.

Capitulo 2: El Banquete de Bienvenida.

Faltaba poco para que se hiciera mediodía cuando Spike se presento al puerto. Solo estaban un zeppelín común y la nave insignia de Concordia atracados ahí. La nave era el doble de grande que cualquiera que haya visto. El globo estaba hecho de una tela dorada con relieves rojos. La nave estaba hecha de reluciente madera roja. La quilla y los barandales de cobre, finamente floreados, le daban aun más elegancia, y la proa adornada con un alicornio de oro. Cuanto lujo en una sola nave… pero a Spike poco le importaba.

—¡Hola Spiky!— saludo Shining al dragón que estaba presentando boleto a un guardia de Concordia —¿y ella es…?— pregunto al ver a una pegaso gris de mirada graciosa detrás de él.

—No preguntes— solo contesto, molesto.

Si, molesto porque el boleto extra había caído en cascos indeseados. Estaba a punto de pedirle a Twilight que fuera con él para Arabia Equina. Ya se estaba haciendo a la idea de que Rarity no soportaría los calores del desierto, pero preguntar no estaba de más. Estaba saboreando la idea de la unicornio morada como su ayudante. Y no pudo contra los deseos de un poni desconocido.

Sin más que decir abordó dejando atrás al unicornio blanco con más preguntas en la cabeza.

—Derpy Hooves— se presento la pegaso con una inocente sonrisa.

—Shining Armor—. Devolvió el saludo —Capitán de la Guardia Real. — Derpy dejo escapar un aullido de admiración. Al capitán lo halagó un poco eso.

—Señorita— Llamó el guardia —su boleto, por favor. – Derpy, abochornada, se dio cuenta de que no había presentado boleto al guardia.

Pisadas de cascos resonaron desde un pasillo que conducía directamente a la cabina de pilotaje, el unicornio se dio vuelta. Era la capitana Firefly vestida con un collar de tela con flecos, un velo corto y un manto, todos de colores verdes y adornados con bordados de plata. Los cascos vestían herraduras del mismo material y la pata delantera izquierda adornada con intrincados brazaletes de metales preciosos.

—Capitán Shining Armor— llamó la pegaso rosa —¿el embajador Spike no ha llegado todavía?

Derpy inclino la cabeza hacia un lado confundida. Shining responde —Si, capitana Firefly. Spike se fue a su camarote apenas subió.

Firefly notó a la pegaso gris —Es algo irrespetuoso de su parte el irse así nada mas cuando las etiquetas nos obligan a hacer una última presentación antes de irnos— se acerco a Derpy y extendió un casco—Capitana de la Séptima Legión de la Guardia Real de su Majestad la Princesa Concordia, Firefly.

—Uhm— balbuceo la pegaso gris un poco intimidada—Derpy Hooves de Ponyville. Estoy aquí de vaca…—Shining, intuyó que la poni no sabía por qué estaba ahí, por lo que rápidamente interrumpió a Derpy

—Ella es la secretaria del embajador.— rio nerviosamente.

—¿La qué?—dijo Derpy confundida. Shining Armor le susurró entre dientes —Después te explico todo. Ahora sígueme el juego.

—¿Cuál juego?—pregunto aún mas confundida.

—Tú ahora eres la secretaria de Spike.

—¡Oooh!— comenzó a comprender cuál era la situación —¡Sí! discúlpeme, a veces soy olvidadiza, soy la secretaria de Spike. —mostró una gran y brillante sonrisa. Firefly tenía una ceja levantada abanderando la duda que había colonizado su rostro. Derpy sintió que la estaban perforando con la mirada y su sonrisa se petrificó.

—Bien— Finalmente dijo Firefly. Derpy y Shining soltaron un suspiro —Zarparemos dentro de quince minutos. Iré a supervisar el embarque del equipaje. Ustedes busquen al embajador. Nos vemos en el Salón principal dentro de diez minutos.

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El Salón principal era quizás más lujoso que la Sala del Trono de la Princesa Celestia. Sus paredes estaban tapizadas de colores rojos intensos llenas de floreados victorianos. Las columnas que sobresalían del suelo eran de granito verde y, sus bases y capiteles, dorados. Las alfombras eran enormes mándalas de colores diversos. El lugar lo dominaba una ancha escalera de madera blanca que se detenía en un entrepiso con un gran ventanal y se dividía en dos direcciones opuestas hacia los camarotes. Los barandales contaban con urnas del mismo material finamente tallados ubicadas en las puntas y las esquinas. Un fresco que se extendía por todo el techo retrataba a ponis pegasos jugueteando entre las nubes. Y en los bordes estaban ponis terrestres y unicornios uniéndose a la diversión. Una enorme araña surgía del centro del fresco. Era dorada y si te parabas justo debajo de ella te daría la impresión de que es un enorme sol, y los pegasos bailando alrededor de él.

Derpy, Shining y Spike estaban sentados en una de las múltiples mesas, curva, ovalada y de madera oscura. Era una mesita de café. A juego la rodeaban un sofá de tres plazas y dos sillones tapizados con terciopelo color musgo.

Spike le había pedido disculpas a Derpy, no porque se sintiera mal, sino porque el unicornio lo obligó.

En el camino al camarote del Dragón, Shining le contó a Derpy el propósito de por qué hacían este viaje a Arabia Equina. Ella estaba escéptica al principio. No podía creer que asignaran como embajador a un bebé dragón. Era demasiado inclusive para ella estar encerrado en largas y aburridas sesiones políticas. Sin embargo Shining le aseguraba que Spike había ayudado en los asuntos del reino de Equiestria varias veces. “Para él” decía “cualquier cosa era mejor que estar todo el día encerrado en la biblioteca de Canterlot.” Esperaba que las aventuras de su hermana en Ponyville no lo hayan afectado y se le tornase aburrido estar en medio de las negociaciones “aunque ya de por si eran aburridas” afirmaba el capitán. Firefly se unió al trió en cuanto terminó la tripulación de subir el equipaje restante.

—Perdón por la demora— dijo —Bienvenido sea, Embajador Spike, a la Nave Insignia de vuestra Majestad la Princesa Concordia.

Spike estaba confundido. Le dijeron que la capitana estaba muy molesta con su inmediata excursión a los camarotes y no haberla esperado. “Se sintió insultada” le habían dicho. Sin embargo le estaba hablando como si recién hubiera subido al zeppelín. Shining Armor le dio un codazo a Spike —¡Oh, sí! Me siento honrado por la hospitalidad que vuestra princesa nos ofrece.

—Nos sentimos igualmente honrados al tenerle aquí. Partiremos dentro de cinco minutos. El viaje durara un día y llegaremos al palacio mañana al atardecer. Espero que su estancia le sea placentera.— Y sin más palabras se fue a la cabina de pilotaje.

—Tendrás que moderar tu temperamento jovencito— regaño Shining —No queremos que se manche la reputación de la Princesa Celestia.

—Lo sé— Gruño apenado Spike —Lo siento.

—¡Tranquilo!— dijo Derpy —Un error lo comete cualquiera.—El unicornio miro de reojo a la pegaso gris. Ella se encogió un poco —Ehm ¿Por qué no terminamos de instalarnos y después venimos a almorzar?

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El almuerzo no se serviría sino hasta dentro de media hora después del despegue. Por lo que los viajeros decidieron recorrer el zeppelín hasta entonces.

La nave contaba con tres plantas y una cubierta. El piso más bajo se dividía en una gran sala de maquinas, la bodega de carga y un almacén al que únicamente se accedía por la cocina. En el piso de en medio estaban el Salón, dos Halls de abordaje flanqueándolo, la cocina, uno de los dos pisos de camarotes y la cabina de pilotaje. El superior estaba dedicado únicamente a camarotes y en la parte frontal había un amplio bar con vista panorámica. Finalmente, en la cubierta había un par de piscinas, pequeños puestos de bebidas, mesas con sombrillas y reposeras. Funcionaba principalmente como mirador. Spike podía ver desde allí toda Ponyville, tan pequeña que creía que podía caberle en la mano. Tan lejos estará de casa durante quien sabe por cuánto tiempo.

El viaje no lo hacían solos. Había comerciantes y turistas compartiendo la nave, pero no los suficientes como para ocupar la mitad de los camarotes. Spike podía identificar fácilmente quienes eran ponis de Equestria y cuales oriundos de Arabia Equina, pues estos últimos, cada vez que se cruzaban con él lo saludaban con una reverencia. El dragón mágico, según el consejo de Shining, tenía que devolverlo con una inclinación de la cabeza. Pero tantas veces lo hizo que para la hora del almuerzo ya le dolía el cuello.

La comida no tenía mucho de especial. Tarta de manzana acompañada con una ensalada de margaritas y dientes de león. Spike comió solo la tarta, la ensalada era muy amarga para él. Derpy no se sentía particularmente bien. Tenía la sensación de que si ingería algo, un rato después lo iba a devolver, así que solo se limitó a tomar agua. En cuanto a Shining, devoró su plato de una manera poco decorosa, y lo mismo hizo con el de Derpy después de preguntarle si comería algo.

Una vez que todos terminaron, Firefly se acerco a ellos.

—¿Disfruta del viaje embajador?— preguntó.

—Em ¿sí?— el dragón no estaba muy seguro de que decir.

—No me siento muy bien.— dijo Derpy, que ya no soportaba los mareos.

—Descuide— le dirigió la palabra la capitana —es muy común, le pasa a muchos ponis.— extendió un ala —déjeme escoltarla a la enfermería.

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Derpy se quedó en la enfermería hasta que se sintió un poco mejor. La doctora le aconsejo que descansara unas horas más en su camarote hasta que las nauseas cesaran.

El resto de la tarde transcurrió con normalidad. Spike se entretuvo charlando con algunos ponis que se le cruzaban. Shining bebiendo unas copas de sidra con los guardias que estaban fuera de turno.

Cuando cayó la noche, el zeppelín estaba cruzando el océano. Spike jamás había visto tal inmensidad en su corta vida. Sentía que la nave de Concordia era diminuta y él aún más. Empezaba a tomar conciencia de que el mundo era mucho más grande de lo que en un principio pensaba. Solo se puede saber cuan inmenso y ancho es si lo miras desde la altura correcta.

El sueño empezaba a caer sobre el pequeño dragón mientras contemplaba el firmamento nocturno. Se encontraba en una galería en el piso superior. Hacia un buen rato que se había perdido entre su pensamientos, el océano, las estrellas y la Luna. No se dio cuenta, sino hasta que decidió retirarse a descansar, que varios ponis estaban sentados a lo largo del lugar, con los ojos cerrados y sus hocicos apuntando al cielo. Susurraban. Entre ellos estaba Firefly haciendo lo mismo.

Era inquietante la manera de actuar de todos ellos, más por parte de la pegaso color salmón. Pero creyó conveniente no interrumpirlos y salir rápido de aquel lugar. Ya por la mañana, con la cabeza más fresca, preguntaría sobre el extraño comportamiento de aquellos ponis.

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Los mares de arena se extendían hasta donde la vista llegaba. Firefly lo llamaba el Mar de Fuego. Decía que las dunas eran como olas, que estaban en constante movimiento. Los ponis evitaban recorrerlo a pie porque era fácil perderse. Solo se podía recorrer en globos o Zeppelines pequeños. O en pequeñas caravanas guiadas por estos.

Recientemente, hace algunos años, habían avistado un monolito surgir de la arena. Muchos arqueólogos se interesaron por el particular hallazgo y excavaron allí. Descubrieron una estructura antiquísima alrededor del monolito, intrincadas y complejas cámaras y túneles, objetos de todo tipo de material, plata y oro, esculturas de barro adornadas con gemas preciosas, telas exóticas. Tuvieron que fundar un museo en El Caimel, la capital de Arabia Equina, para salvaguardar todos los tesoros que se habían encontrado.

Sin embargo las cebras constantemente atacaban las caravanas de los arqueólogos y se robaban los objetos.

—Sin mediar palabras— explicaba Firefly a Spike mientras contemplaban el desierto desde la cubierta —Solo atacaban y se llevaban lo que podían. Cuando los primeros asaltos fueron reportados tuvimos que dar protección a los ponis de la excavación. Las primeras veces nos tomaban desprevenidos, pero poco a poco nos defendíamos mejor. Hasta que el año pasado Concordia decreto el cese de las actividades arqueológicas. Tuvimos que abandonar el lugar. Hasta ahora ningún poni se atrevido a pisar las ruinas del monolito.— Agrió la cara como si estuviera recordando algo desagradable—A excepción de una pegaso terca y presumida.

Una de las dunas se abrió para revelar una aguja que surgía de la arena. Alrededor de ella había pequeñas construcciones que estaban siendo devoradas por el desierto. Spike se maravillo ante la postal que las ruinas le daban. El dirigible se acercaba lentamente hacia las ruinas y Spike divisó un pequeño grupo de figuras reunidas delante del obelisco. Eran pocas, suficientes para contarlas con los dedos de una mano. Pero una se destacaba de las demás. Su tamaño era mucho mayor al de sus compañeros. Al estar más cerca del lugar, Spike notó que eran ponis, o parecían serlo, pero tenían rayas cruzándole todo el cuerpo.

El poni grande empezó a moverse y todos los demás lo siguieron. Pero no dio más de diez pasos, antes de parar abruptamente. El dirigible estaba lo suficientemente cerca como para que el dragón advirtiera con claridad cada movimiento circundante a las ruinas. El enorme caballo alzó la cabeza y lo miró. No estaba seguro, pero sentía que él lo estaba observando. Un escalofrío le recorrió la nuca y apartó la mirada. Pero la curiosidad era demasiado fuerte y echó otro vistazo. Esta vez uno de los ponis pequeños se acerco a su compañero de tamaño mayor y le dijo algo. El poni de mayor tamaño solo asintió con la cabeza y emprendieron de nuevo la marcha.

—Siempre me he preguntado— dijo al fin Firefly —¿cómo hacen para no perderse en El Mar?

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La ciudad de El Caimel estaba a la vista y el Sol se preparaba para dar paso a la Luna. La ciudad parecía de mármol blanco reluciendo de la arena. Los pastos eran mucho más verdes que las llanuras que rodeaban a Ponyville. Los techos rojos relucían cuán rubíes a la luz del anaranjado astro. Cuando los locales vieron al zeppelín acercarse, empezaron a ovacionarlo.

Al entrar la nave en la ciudad, los viajeros tuvieron la oportunidad de admirar, con lujo de detalle, las calles del mercado rebosantes de alegres ponis y lonas coloridas. Shining, Derpy y Spike estaban maravillados con el paisaje. Ansiosos por salir a recorrer las calles y conocer, explotar y comprar. Spike pensaba en regalarle algunas telas a Rarity, pero todavía no se decidía qué llevarle a Twilight, o a las demás.

La nave desaceleraba lentamente conforme se acercaba a una plataforma que sobresalía del castillo.

Pasado un rato de delicada maniobra, el zeppelín por fin había atracado. Firefly ya tenía puesta su armadura cuando los viajeros llegaron al Salón. Los guardias a su mando lo habían dividido en dos secciones, para así Spike y compañía salieran desde uno de los accesos y todos los demás por el otro. Spike estaba ansioso. No estaba seguro de que tan bien podría desempeñar el papel de embajador ¿Y si no cumplía con las expectativas? ¿Cómo un dragón bebé podría con la carga de llevar paz a dos especies?

La escotilla se abrió, Los soldados bajaron primero. Spike estaba temblando. Firefly hizo una seña para que la siguieran. Spike no se movía. Shining, que estaba detrás de él junto con Derpy, le dio un empujón para que avanzara.

Afuera los guardias de Celestia flanqueaban la tabla y en medio del puerto se encontraban dos ponis rodeados de Guardias de Concordia. Mientras bajaba de la nave, Spike se fijo en los dos ponis. Aunque eran machos, ambos rebosaban de una belleza y un porte orgulloso que cautivaron al dragón.

Uno era un unicornio color vainilla de ojos magenta; y serenos. Su cola era lacia y alborotada, y ,al igual que su crin, de color cian. Sin embargo no se podía saber con certeza si su crin era larga o no, ya que llevaba un enorme turbante, rayado, azul Francia y crema. También una chaqueta a juego con los ojos. Su Cutie Mark era una balanza con una pesa en un plato y dos monedas en otro.

El otro era un poco intimidante. De cuero carmín y crin y cola negros. Llevaba una capa y turbante, más pequeño que el de su compañero, también negros. Sus ojos tenían el fuego del atardecer en ellos y una severidad que te advertía pensar dos veces antes de hablarle. Desafortunadamente no se le podía ver su Cutie Mark, pero algo le decía a Spike que era mejor no saber.

—¡Bienvenidos!—Se adelanto el poni vainilla alegremente—¡Bienvenidos sean todos a Arabia Equina! Yo soy Ibrahim—hizo una reverencia—Jeque de la Princesa Concordia. Sería algo así como un Ministro de Economía ¿Cómo les ha sentado el viaje?

—¡Excelente!—dijo Spike un poco animado por la actitud del semental—Gracias por preguntar.

—Oh, es un honor para nosotros recibir al embajador de la Princesa Celestia ¡Y cuanta astucia que ella posee! ¡Un dragón! Ni poni, ni cebra. Nunca se me habría ocurrido.

—Deje sus halagos para después, jeque Ibrahim.— Dijo severamente el poni rojo acercándose a la pegaso rosa. —Bienvenida a casa, Capitana Firefly.

La aludida apenas frunció el seño. –Muchas gracias, visir Giafar.

Spike percibió una leve tensión entre los dos ponis. Empezaba a ponerse nervioso. No sabía qué hacer. Entonces, Giafar continuó.

—Espero que su estancia en el palacio les sea cómoda, Embajador.— dijo inclinando la cabeza en señal de reverencia —Mi nombre es Giafar y soy visir de la Princesa Concordia. En términos simples, Consejero Político. Síganme, por favor. Nuestros guardias les escoltaran a sus respectivas estancias una vez terminado el banquete.

El puerto del castillo estaba conectado a un pasillo que bajaba directamente a la Sala del Trono y ocasionalmente lo cruzaban corredores secundarios.

Mientras lo recorrían. Spike notó que no estaba vestido para la ocasión. Literalmente no estaba vestido. Shining llevaba su uniforme de gala rojo y Derpy, un vestidito blanco de múltiples volados. No era sobresaliente, pero al menos tenía algo. Inclusive los guardias de Celestia tenían sus características armaduras doradas. Shining sorprendió al dragoncito mordiéndose las garras.

—¿Pasa algo, Spike?— preguntó el unicornio blanco.

—No traje nada de ropa.— susurro Spike. Ibrahim lo escuchó claramente y se acercó a él.

—¡Oh, no se preocupe Embajador! Nosotros mismos le confeccionaremos algunas prendas. Pero me temo que tendrá que ir tal como está al banquete.

Entonces hizo aparecer un metro, un lápiz y una libreta. Midió el ancho de hombro y de vientre, y el largo del torso. Lo anoto todo en una hoja que arrancó y se la dio a un guardia de Concordia.

—Llévale esto a Latifah. Dígale que haga siete modelos distintos con estas medidas…

Spike no pudo oír más. La escota siguió avanzando dejando atrás al unicornio de los ojos magenta y al guardia. Spike se sintió un poco avergonzado.

—¡Tranquilo!— Derpy trató de levantarle el ánimo. —Ya verás que bonitas prendas te van hacer.

—No lo sé. No quiero abusar de su hospitalidad.

—Es un honor el tenerlo aquí, señor embajador— Dijo Giafar —Y es nuestro deber como anfitriones el complacerlo.

Spike relajo los hombros y dejo escapar un suspiro.

—Pero sería sabio de su parte conservar ese temor. —Continúo el poni carmín, haciendo que la poca tranquilidad que el pequeño dragón pudo reunir, se esfumara. —Entiendo que la Princesa Celestia confía plenamente en usted, pero aún así es un niño. Trate de no abusar. Ya llegamos.

Al final del pasillo había una gran puerta doble cerrada. Se podía oír la música y el bullicio que había detrás de ella. La comitiva se detuvo unos metros delante. Giafar se dirigió a los centinelas que la guardaban. Intercambio unas palabras con ellos y después volvió con el grupo.

—No crucen la puerta hasta que la Capitana Firefly haya dicho sus nombres.— dijo el visir.

Él y Firefly entraron al salón. Los guardias dejaron el pasillo y quedaron solos Shining, Derpy y Spike. Mientras esperaban, el unicornio aprovechó para alizar sus ropas. Derpy lo imitó, aunque no sabía muy bien el por qué.

Spike no tenía nada mejor que hacer que mirar a su alrededor. Los muros y columnas del lugar eran de piedra pulida, de tonos beige. Las terminaciones, de granito rojo. El techo gozaba de una exquisita combinación de patrones de madera blanca y roja. Y el piso, de una combinación extraña de todo. De pronto, del otro lado de la puerta se silenciaron las voces.

—¡Damas y Caballos!— se oyó decir a Firefly —Es un honor para mí presentar ante ustedes al embajador enviado de Equestria.

Los guardias abrieron la puerta de par en par e hicieron señas para que avancen. Spike y Derpy por delante, Shining atrás.

—¡El Embajador Spike, el Dragón! ¡El Capitán del Doceavo Regimiento de la Guardia Real de su Majestad la Princesa Celestia, Shining Armor! ¡Y su secretaria personal, Derpy Hooves!

Todos en el salón aplaudieron a los aludidos cuando entraron. Bajaron una larga escalinata, mientras la música y el ruido de la fiesta volvían a ser protagonistas de la velada.

El lugar era amplio. Tan amplio como el destinado para fiestas y reuniones en Canterlot. Había varias mesas redondas distribuidas estratégicamente a un lado y al otro, y una mesa larga en forma de “U” en el fondo. Una segunda entrada se erguía del otro lado del salón. Serpentinas y telones surcaban el cielo raso. Ponis iban y venían con bandejas llenas de bocaditos o bebidas.

Uno a uno ponis de aires importantes se presentaban ante Spike con reverencias y floreos. Cada uno se vanagloriaba enorgulleciéndose de que su familia era de “sangre pura” o de su poderío económico.

Filósofos, mercaderes, autoridades, profesores, doctores, abogados. En general todos los presentes no eran si no los ponis más aburridos y pedantes que el pequeño dragón habían conocido. Más pedantes incluso que los unicornios presumidos que asisten a la “Gran Gala del Galope.

Sin embargo, había contadas excepciones. Un Arqueólogo aventurero que aprendió a cuarenta ladrones prácticamente él solo llamado Alí Babá. Aunque su mujer lo desmiente, afirmando que tuvo que ser rescatado de los ladrones por la Guardia Real. Simbad, un excéntrico marinero con un curioso tic en la maltrecha oreja izquierda. O Aladino, un extraño mercader obsesionado con una vieja lámpara; que extrañamente se parecía a una tetera. Decía que un breezie vivía dentro de ella. Constantemente la pule creyendo que así saldrá el breezie.

La música cambio su alegre y festiva melodía por una más solemne y grave, anunciando la llegada de las cebras. La segunda entrada se abrió de par en par, permitiéndoles el paso. Un severo silencio calló sobre todos los presentes. Los músicos seguían tocando, pero mientras más se adentraban las cebras al salón, mas notas erraban.

Eran un grupo numeroso, alrededor de unos veinte. Todos hinchando el pecho, con la cabeza erguida y la mirada serena. Salvo una, más pequeña que las demás, que parecía un gatito asustado, y otra que la igualaba en altura no por tamaño, sino por el peso de su edad. Al contrario que la joven, la anciana sonreía despreocupada.

Una superaba en tamaño, y con creses, a todos los presentes. Tenía, a diferencia de sus compañeros, el cuero gris oscuro y las rayas claras. El iris de sus ojos era rojo como la ira de la guerra. Su crin en cresta estaba cortada por dos finas trenzas, una adornada con semillas, la otra nada. Él y otras cinco llevaban consigo rudimentarias lanzas y jabalinas.

Spike tuvo el impulso de correr a verlas, pero fue detenido por un casco de Shining Armor, en señal de que debía quedarse donde estaba. Derpy, “disimuladamente”; retrocedió hasta ocultarse detrás del unicornio.

La capitana, el jeque y el visir se aproximaron a su encuentro. Ibrahim habló

—¡Bienvenidos a El Caimel y al Castillo de Nuestra Majestad la Princesa Concordia! Espero que su viaje haya sido tranquilo.

Al término dio una profunda reverencia. Un silencio incomodo surgió en el lugar. Las cebras intercambiaron miradas entre ellas, salvo la enorme que tenía los ojos clavados en la nuca del unicornio. Al cavo de un instante, devolvió la reverencia seguido de todos los presentes, ponis, cebras… y dragón.

Firefly, al incorporarse, tomó la palabra y se dirigió al gigante.

—Según el tratado provisorio, ninguna de las partes negociantes debe tener en su posesión armas. Tengo entendido que usted es uno de “Las Seis”.

A Ibrahim casi se le salían los ojos de las cuencas alarmado por la prepotencia de la capitana, pero la cebra no mostro cambio alguno en su inexpresivo rostro. Con un elegante movimiento, retiro de su bolsa de viaje la lanza, el par de jabalinas y un cuchillo de piedra, y se los entrego a uno de sus guerreros.

Un guardia resonó su corno desde lo alto de las escalinatas

—¡Señor visir, Señor califa, jeques, capitanes, embajador y compañía, miembros de las partes negociantes, miembros de la guardia hoy presentes, personal del castillo, invitados! Hace acto de presencia la soberana de los Ponis del Desierto, Princesa Concordia.

Una yegua de tamaño levemente mayor al de los demás ponis cruzó el umbral. Su cuero era de color crema, aterciopelado, y su cola y crin del color del ciprés en pleno otoño. Una princesa y una unicornio de gran belleza y brioso porte. Vestía herraduras, collar y corona de oro rojo, ambas con un enorme topacio imperial adornándolos, y una capa fina y transparente de color carmín. Todos los ponis de nuevo inclinaron la cabeza.

Cuando la princesa se detuvo ante las cebras, Spike pudo comprobar que el titán le llevaba una cabeza. También cayó en la cuenta de que se había aproximado hasta estar frente a ambos. Derpy y Shining quedaron atrás y el dragoncito se paralizo por su actual situación. Sin embargo las cebras y la princesa no notaron que el pequeño dragón empezaba a temblar, o no parecía importarles.

—¡Gloriosa sea esta velada porque estáis aquí!— dijo Concordia —Siéntanse cómodas mis queridas cebras. Goza la noche mi pequeño dragón ¡Esta fiesta es en honor a vosotros!

La fiesta continuo sin sobre saltos un rato mas antes que el Mayordomo del castillo anunciara la pronta servida del banquete. Entonces los mozos guiaron a los invitados a sus respectivas mesas.

En el brazo derecho de la meza en U acomodaron a las cebras. En el otro, estaban Alí Babá y su esposa, Shining, Derpy, Spike y Firefly. Finalmente en el tablón que comunicaba ambos brazos estaban sentados, Concordia en el centro, a su izquierda el visir Giafar y un poni anciano vestido con una túnica blanca, y a su derecha el jeque Ibrahim y un pegaso tan grande como el unicornio blanco. Se notaba que tenía un rango más alto que la capitana, probablemente era General.

Los mozos sirvieron la comida en grandes bandejas de plata, y en cantidades abundantes. Tartas de toda clase de frutas, quesos de todas las variedades; uvas grandes y jugosas, verdes rojas, azules; damascos en almíbar, dorados como la miel; peras verdes y rojas que se deshacían en la boca; tomatitos cherry tan rojos como jugosos y dulces; pimientos agridulces; cebollas acarameladas; berenjenas negras como la noche en vinagreta, salpicadas con perejil; rebanadas de Okra fritas en aceite de nuez. Las opciones eran infinitas.

Para Spike, se había servido la más abundante y exquisita variedad de piedras preciosas. Zafiros del azul más profundo que el pequeño dragón haya visto; Amatistas tan purpuras que le recordaban a Twilight; Topacios de los más diversos colores; jugosas esmeraldas; ámbares tan suaves y dulces como la miel; rubíes y diamantes en cantidades ridículas; y muchas delicias mas.

Derpy observaba, anonadada, como el pequeño dragón devoraba bizarramente y con tanta facilidad rocas casi indestructibles. Y Spike hacia lo mismo con el Gigante, pero de manera inconsciente. Era difícil dejar de verlo. Tamaño semejante no había visto en su vida, salvo la Princesa Celestia. Desde que llego jamás pronuncio palabra, sin embargo parecía comunicarse perfectamente con los demás de su especie. Era inevitable que los ponis sintieran un automático temor hacia el gigante o, algunos un poco más valientes, un profundo respeto. Pronto hace una pausa de su plato y mira al dragón. Cabecea levemente. Spike cae en la cuenta y rápidamente desvía su mirada hacia la pequeña cebra que está al lado del gigante. Ella lo miraba de forma perdida. Spike tuerce un poco la cabeza, extrañado por el comportamiento de la cebrita, y ella reacciona rápidamente y oculta su rostro en su plato.

Spike no le dio mucha importancia y continuó comiendo. Sin embargo, lo que él no sabía es que la pequeña cebra quedo hechizada por el dragón desde que surgió de entre tantas cabezas coloridas. Ella jamás había visto una criatura como esa. Le pregunto a la sabia anciana Hubub que era. Hubub le respondió.

—Eso, mi pequeña Tohfa, es un dragón.

La pequeña Tohfa, aún entre las cebras, no cumplía la mayoría de edad. Tendría alrededor de 14 primaveras cuando se fijo en el dragoncito. La matriarca de su tribu le había contado historias de dragones del tamaño de montañas, que eran capaces de convertir en cenizas todo un bosque, y solo para anidar. Que dormían durante mil años y ennegrecían los cielos otros diez mil.

Todas las cebras se abrazaban y temblaban de miedo ante tales historias, pero no Tohfa. Ella, al contrario de sus hermanos, se maravillaba por tales criaturas y fantaseaba con que algún día conocería a una.

Ahora que tenía por primera vez en frente a un dragón, Tohfa se dio cuenta de que era todo lo contrario a los que su matriarca describía, salvo en el nombre. Para empezar, él no superaba su tamaño. Era pequeño y temeroso. El lugar le era extraño al igual que a ella, se notaba en sus grandes y brillantes ojos esmeralda. Sus escamas eran algo maravilloso de apreciar. De colores brillantes y bien cuidadas, resaltaban una belleza única que cautivaba a la cebrita.

Entonces notó que el dragón la estaba viendo. Su corazón dio un vuelco. Sobresaltada y sin saber qué hacer, ocultó su mirada entre las hojas de eucalipto de su plato. Seguido, sintió que sus mejillas se encendieron y la risa de Hubub hizo que toda su cara le siguiera.

Spike desvió su atención entonces hacia los platos de los demás ponis. Pronto notó que en el de Ibrahim había solo pastura. Se le hizo extraño, así que pregunto a Firefly.

—El Jeque Ibrahim está cumpliendo un voto sagrado de su familia.— respondió —Hicieron un juramento a la luna de que todos sus miembros se remontarían a los orígenes, comiendo solo pasto y tomando solo agua. Así hasta que uno perpetre la sexagésima generación de sangres pura.

—¿Y de que generación es el señor Ibrahim?— pregunto Shining

—Él es el poni más puro de Arabia Equina siendo de la generación número sesenta y cuatro.

—¿Y tú?— preguntó intrigada Derpy.

La capitana no dijo nada y siguió comiendo su plato de damascos en almíbar con cebolla acaramelada, con salsa blanca y verdeo. Su mirada se había vuelto gris. La pegaso bizca sintió que había metido la pata. Quiso disculparse, pero no sabía muy bien el por qué.

La comida continuó sin sobresaltos por una hora más. Spike estaba descansando el estomago desde hacía un buen rato. Se había dado el mayor atracón de su corta vida y quería hacer espacio para el postre. Podrán ser las más exquisitas gemas que haya tenido la suerte de probar, pero aun así no sería una cena excelente sin un buen postre.

Los mozos entraron de nuevo al salón y se llevaron las bandejas junto con los platos. Vacios o no, el tiempo del plato principal había concluido. Al cabo de unos instantes los mozos vuelven a entrar, cargando consigo bandejas con tapas y colocaron una para cada comensal.

En cuanto todo estuvo dispuesto, el Mayordomo Maestre les deseo buen apetito a todos y dio una señal a los mozos, que levantaron las tapas de las bandejas.

Derpy, Shining y Spike quedaron shockeados cuando vieron cual era el postre: un gran escorpión negro. Era algo increíble que, siendo ellos ponis, comieran animales. Concordia vio de lejos las reacciones del dragón y sus acompañantes. Estaba más que claro, que ellos desconocían muchas costumbres de los ponis del desierto. Y temió de dar una mala impresión por un simple mal entendido. Iba a dar orden de retirar el postre inmediatamente, pero la capitana de su guardia se había adelantado.

—Veo que no está familiarizado con este platillo, embajador.

Spike miró a Firefly con los ojos como platos. La pegaso rosa continuó.

—Hace siglos atrás, cuando nuestro pueblo estaba apenas asentándose, cayó una terrible sequia que amenazó con matarnos de hambre. Todavía no teníamos control del clima, las lluvias estaban a merced de los caprichos del destino. Estábamos al borde de la inanición cuando los pegasos consiguieron domar el cielo. Trajeron consigo las primeras lluvias, pero para cuando las cosechas estuvieran listas, ya no habría ningún poni con vida para disfrutarlas. La sequia había arrasado con todo. Mandar a cualquier poni a buscar comida era una sentencia de muerte. Fue durante las lluvias cuando brotaron estos pequeños. Cientos de ellos salieron de la arena y, desesperados por el hambre, nuestros ancestros se alimentaron por primera vez en meses. Es un postre que conmemora el periodo más infame de Arabia Equina. Y lo rememoramos comiéndolo. Es un plato sagrado.

Shining Armor le había aconsejado a Spike que respetara todas las costumbres de los ponis del desierto, por mas alocadas que sean. Pero el unicornio jamás pensó que tendrían que comer un arácnido por un ritual sagrado. Spike tuvo que armarse de coraje. Seguiría al pie de la letra su consejo, aunque el unicornio estaba pensando en hacer una excepción. Agarró a la criatura y masticó un pedazo, con una expresión de repulsión. Sorprendentemente se encontraba sabroso. Era dulce y ácido a la vez, asaltó el paladar del dragón, cambiando el asco por el placer.

—¡Esta delicioso!— dijo Spike con una sonrisa de oreja a oreja, devorando el plato.

—Los dejamos estacionar en almíbar de limón por tres días.— comento Firefly que de pronto sonreía.

Derpy y Shining habían perdido el color, y la gravedad venció sus mandíbulas, cuando les mostraron su postre. No pudieron controlar su estomago cuando vieron al pequeño dragón comerse el escorpión, y todo lo que habían ingerido en la cena principal, lo estaban largando en el piso del salón. A Firefly se le borró la sonrisa de su rostro y los miro fijamente.

—Al menos el embajador respeta nuestras costumbres más sagradas.— les recriminó.

Todos los ponis de Arabia Equina comían del platillo como si fuera parte de su dieta natural, incluido Ibrahim. A los ponis que no se animaron a comerlo, los abordaron los guardias de Concordia y se llevaron el “manjar” a sus bocas. A las cebras se les sirvió frutos secos glaseados y confites de fruta, en vez del escorpión. Firefly dijo que era por respeto a las cebras.

La cena concluyo con un discurso de la Princesa que Spike no le prestó mucha atención. Estaba más concentrado en luchar contra el sueño. Concordia tuvo que interrumpir abruptamente su discurso por un momento cuando el dragón dio un fuerte cabezazo a la mesa. Una vez terminado, un guardia escolto al dragón (más bien, lo cargo en su lomo) a su habitación.

El Caimel calló su agitada voz, pro esa noche. Las calles desiertas, los negocios cerrados, las luces apagadas. Salvo el de una lámpara que deambulaba temblorosa por los pasillos del castillo. Descendió hasta las profundidades más oscuras. A medida que se acercaba al lugar acordado, su portador temblaba más y más. Rogaba a la Luna que no estuviera allí. Pero para su pobre suerte, lo estaba.

—¿Y bien? ¿Qué piensas del nuevo embajador?— dijo la figura al cobarde.

—Em… pues… verá usted… Es un dragón.— El tembloroso no era muy lúcido a la hora de responder bajo presión. Pero para su sorpresa era lo único que la sombra quería oír.

—¡Sí! ¡Un dragón! La desgraciada es muy lista. Debí suponer que esto pasaría ¡Bruja!— Arrebato contra un mueble que estaba pudriéndose en aquel lugar desasiéndolo en pedazos. —Sin embargo, este nuevo giro solo hace al juego más interesante.

Con un soplo, la figura apago la última luz en la ciudad.

Capítulo 3: La Cámara de Negociaciones.

La luz de la mañana husmeaba en la ventana de una gran habitación. Acariciaba las paredes azules y las terminaciones blancas. Luego, descendió hasta el piso de mármol, y se arrastró entre las pintadas ramas doradas de laurel. Detuvo su marcha al ver dormitando un dragón de escamas purpuras entre las sedosas sabanas rojas de una amplia cama, dueña de todo lo que había allí.

Un concierto de trinos, orquestado por la colección de aves exóticas de la Princesa detuvo su incesante danza en los jardines preguntándose que retenía a la luz de la mañana en esa habitación. Trepó hasta la ventana y encontró allí a la luz matutina trepada a la cama, mirando con grandes ojos de ensueño al dragón.

Entonces tuvo una idea y se la susurró a la luz. Ambas se miraron compinches, traviesas. Se acercaron al dragón con cuidado de no despertarlo. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca del reptil, los trinos empezaron a hacerle cosquillas en las orejas, mientras que la luz se dedicó a jugar con su nariz.

Spike sonrió.

De pronto, un violento portazo cortó con toda diversión y juego. Dos intrusos entraron por la ventana y tres desaparecían por la misma: los trinos, la luz y el sueño de Spike.

—¡Buenos días Embajador! —vociferó la Capitana Firefly.

Spike trataba de orientarse en la confusión de su mente. Firefly chocó dos veces los cascos y en la habitación entraron siete sementales de vigoroso porte.

—¡Preparen al embajador para el desayuno!

—Escucho y obedezco —Acataron la orden al unísono, con una reverencia.

Firefly, sin disculpas ni explicaciones, dejó solo a Spike lidiando con su sentido de la orientación, más siete siervos que lo llevaban a quién sabe dónde.

—0—

El salón principal del castillo servía para múltiples fines. Juicios, coronaciones, bodas, reuniones, celebraciones de índole importante y, más que nada, como comedor. Allí, la noche anterior, se celebró el banquete y ahora era desayunador. La mesa en U ya no estaba y en su lugar había un largo tablón exhibiendo frutas, quesos, dulces, semillas y cereales. En cada una de las mesas redondas había un par de cartas de menú, una azucarera de plata fina y manteca fresca.

Derpy Hooves estaba sentada cerca del tablón, esperando su orden. Vestía un top y una falda aguamarinas, de costura simple, adornados con monedas doradas. En la cabeza un velo semitransparente del mismo color; por la frente asomaba una fina cadena de plata con un ámbar en el centro; en su pata delantera izquierda, varios brazaletes de oro intrincados de gemas de la más fina variedad y en su cuello una gargantilla a juego.

Spike tardó en reconocerla. A primera vista parecía una de las doncellas del castillo, excepcionalmente hermosas. Sin embargo su característica mirada y sus efusivos movimientos para llamarle la atención, la delataron.

—¿De dónde sacaste ese atuendo? —Preguntó el dragón mientras tomaba asiento.

—Me lo regalaron las chicas después del Hamman. Se parece al Spa de Lotus y Aloe, excepto que es más como un gran baño. Curioso ¿no crees?

—Sí, curioso. —dijo ácidamente el dragón.

Quería evitar recordar la humillante experiencia del baño. Después de forcejear en vano tuvo que aguantar ser aseado y acicalado por los siete machos mientras el resto de los ponis presentes lo miraban como la novedad de la feria. Al salir uno de los siervos le extendió la chaqueta que ahora llevaba puesta. Era simple, abierta y sin botones, de color índigo. Los bordes del cuello y la cintura eran dorados. Espigas y espirales nacían de las esquinas, y en ellas se posaban pequeños pajaritos celestes y limones.

Tomó un menú de la mesa para evitar continuar con el tema. Uno a uno leyó los platillos que servían, pero no encontraba el que quería. Pronto llegó el mozo con la orden de la pegaso: una bandeja repleta de muffins varios y un gran vaso de leche.

Una vez que concluyó sus servicios con Derpy, dirigió su atención a Spike.

—Buenos días, embajador ¿Desea ordenar algo?

Spike desistió de seguir buscando en el menú.

—Si ¿Tendrán, de casualidad, escorpiones?

Derpy no pudo evitar ahogarse en su vaso cuando el dragón preguntó. Estaba tranquila tomando de él para bajar los tres muffins que había tragado previamente.

—Lamentablemente no, mi señor —Contestó el siervo—. Los escorpiones son un plato para eventos especiales, como el Día de la Cosecha o la Noche de Luna.

—Ok —Dijo Spike algo desilusionado—. Entonces que sea un té y un tazón de amatistas.

—Escucho y obedezco. —dijo con una reverencia, tomó el menú y volvió a la cocina.

Mientras esperaba su orden, Spike observaba asombrado a Derpy devorando la montaña de muffins como si no hubiera comido durante todo un día. Se le ocurrió, entonces, iniciar una conversación; si iba a ser su “secretaría” durante su estadía, al menos debía conocerla.

—Te deben de gustar mucho. —dijo el dragón.

—¡Oh sí! —respondió con entusiasmo la pegaso—. Es mi comida favorita de todas… después de la acelga, claro. Siempre digo que es una delicia que solo los malvados detestan.

— ¿O sea, que si te gustan los muffins eres bueno? —preguntó el dragón ante la extraña aclaración.

—Sip, es una verdad absoluta.

—¿Y qué pasa si a alguien malo le gustan los muffins?

Derpy lo fulminó con la mirada. Lo que el pequeño dragón dijo era absurdo: Es imposible que a alguien malvado le gusten los muffins.

Estuvo a punto de contradecirlo de manera no muy educada cuando se presentó Firefly vestida con un sari color amarillo pastel.

—Buenos días, Embajador —Dijo con una inclinación de la cabeza—. Señorita Hooves.

Ambos devolvieron el saludo. El de Spike fue algo mordaz.

—¿Cómo los trataron los sirvientes?

“Tenía que preguntarlo” pensó el dragón.

—Muy simpáticas las chicas —Dijo Derpy—. Nunca conocí a nadie que se entusiasmara tanto por Ponyville o que le gustara tanto mis historias. Estas ropas me las regalaron en agradecimiento.

—Si, a nosotros los Árabe Equinos nos deleita mucho el escuchar historias de tierras lejanas. Ponyville es un lugar muy importante para nosotros, ya que atestiguó el regreso de nuestra amada Luna.

Spike casi se atraganta con un muffin, que robó previamente de la bandeja de Derpy, por el hecho de que la poni describía el regreso de Nightmare Moon como un feliz acontecimiento.

— ¡¿Perdón?! —Dijo el dragón fuera de sus cabales—. Toda Equestria estuvo a punto de hundirse en la Noche Eterna ¿cómo puede alegrarle algo como eso?

Firefly adoptó una expresión que la pegaso bizca vio anteriormente en el dirigible. Sin embargo esta vez era más severa.

La capitana estaba realmente ofendida.

—Cualquiera puede tener una caída —dijo—. Celestia no debió tomar el extremo de desterrarla. Estamos en deuda con los nuevos portadores por habernos devuelto a nuestra querida princesa. Tenga cautela de lo que diga sobre ella aquí.

Spike tragó saliva amedrentado por las palabras de Firefly. Miró a su alrededor y comprobó que la mitad del salón lo miraba enfadado. Inclinó la cabeza, en parte por temor, en parte por vergüenza.

—En diez minutos comenzará la primera sesión de negociaciones No se demore.

Dio media vuelta para irse, pero antes, volteó la cabeza.

—Por cierto, linda chaqueta. Latifah nunca decepciona.

—0—

La pegaso y el dragón estaban sin aliento cuando llegaron a la entrada de la Cámara de Negociaciones.

Las panzas hinchadas por el desayuno, más un largo trecho hasta la sala y un apremio por llegar a tiempo, son una desagradable combinación que, en el menor de los casos, provoca un leve dolor de estómago o, en el peor, una descompostura. Para el caso de Derpy y Spike fue, afortunadamente, lo primero.

Los guardias que custodiaban la puerta miraban indiferentes al dragón y a la pegaso, inmóviles. Spike, recuperado de la carrera, los contempló con la extraña sensación de haberse olvidado de algo. Buscó en su chaqueta solo para darse cuenta de que no tenía bolsillos. Se rascó la cabeza repasando todo lo que hizo en la mañana (si, incluido el baño) hasta que Derpy le preguntó:

—¿Por qué se quedan ahí parados? ¿No deberían anunciar que ya llegamos?

Spike se pegó la frente por no haberlo notado antes.

—¡Claro! Gracias Derpy.

La pegaso sonrió, pero no comprendía por qué le agradecía. Spike se dirigió a uno de los centinelas.

—El Embajador Spike y su Secretaria, la señorita Hooves, presentándose a la primera sesión de negociaciones del tratado de paz entre las tribus de las Sabanas y Arabia Equina.

Sin cambio alguno en la expresión de los guardias, uno dio media vuelta y abrió la puerta presentando al dragón y a la pegaso ante el comité ya reunido, que era decir todos. Seis cebras, siete ponis árabes (entre ellos Firefly), Shining Armor y La princesa Concordia.

La cámara era circular, de piedra vista gris, y techo cúpula. Las paredes estaban forradas con banderolas rojas de bordes dorados. Un gran vitral era toda la fuente de luz que había ahí. En él estaba representada la fundación de El Caimel: la llegada de los ponis a Arabia; la gran sequía; un enorme escorpión rojo en el centro, retratado como un salvador, haciendo surgir pequeños escorpiones de la arena, y finalmente una ciudad fértil surgiendo triunfante. En el centro de la cámara había tres mesas curvas con panel frontal de madera roja, que juntas formaban una “C” y diecisiete sillas de respaldar alto de madera blanca, con finos dibujos tallados.

—Es algo indecoroso su llegada tarde, Embajador. —dijo divertida la princesa.

—Lamento mucho la demora, su majestad —dijo Spike con una reverencia, recordando cómo se disculpaba muchas veces ante Celestia—. Juro ante usted y el resto de los presentes no volver a cometer la misma falta.

—Comprendo que el viaje fue agotador para usted y estoy segura de que no se repetirá.

Spike y Derpy se ubicaron entre las cebras y los ponis, en la mesa del medio. En cuanto tomaron sus lugares Shining le pasó una lista a Derpy, quien no entendía que hacer con ella.

—No te preocupes —le susurró el capitán—. Solo lee en voz alta lo que está escrito ahí ¡Ah! Y trata de tomar notas de lo que suceda en la sesión.

Shining le entregó a la pegaso un cuaderno y un lápiz. Pensar que iban a ser unas vacaciones excitantes fue algo tonto de su parte. Ahora se encontraba atrapada en un aburrido debate político que solo Celestia podría saber cuándo terminará.

Tomó una bocanada de aire y empezó a leer la lista.

Antes de comenzar la primera de las sesiones pasaré lista de los respectivos representantes de cada parte ¿todos aquí presentes están de acuerdo? (esperar a que todos afirmen).

—No es necesario que leas en voz alta lo que está entre paréntesis. —le corrigió Shining entre risas nerviosas. La pegaso dejó escapar un pequeño “upsy”.

Todos aceptaron la petición de Derpy. Entonces continuó.

Jeque Ibrahim Al_Hajage.

—Presente. — respondió el Jeque.

Visir Giafar Al_Barmaki

—Presente. — respondió el visir.

Califa Ha…Harún Al_Ra…Ra…shid. —leyó con dificultad.

—Presente. —Respondió el viejo califa ofendido.

De pelaje celeste pálido y crin casi inexistente, su cutie mark no tenía forma reconocible. Vestía una sotana y un fez blancos.

General Dah…na…seln ben Fork…tasch.

—Dahnaseln ben Forktasch, presente. — dijo el general.

Pelaje azul grisáceo, crin roja y ojos anaranjados. Su armadura combinaba piezas de acero pulido y oro, y parecía increíblemente pesada. Spike se imaginó que ese poni, ligeramente más grande y robusto que Shining, era de temer en batalla. Su cutie mark eran dos lanzas chocando frente a un escudo roto.

Capitana Firefly Rosebutton.

—Presente.

Doctor Alí Baba Mawassif y su esposa Zein Al Mawassif.

Alí Baba era un poni blanco, de crin rebelde dorada y ojos turquesa. Estaba vestido con una camisa beige y su cutie mark era una cuchara enterrada en la arena. Zein era de color crema, su crin escarlata recogida en un rodete, sus ojos rubís, y su cutie mark un pétalo de rosa enrollándose en una espina.

—Presentes —respondió la esposa.

Y supervisando la parte de los ponis del desierto, Princesa Concordia Árabe Equina (esperar a que… ¡Ah no! Eso no lo tengo que leer, cierto.

—Presente.

Cebras de las Sabanas: —continuó leyendo—. Hubub ¿Elemento de la Naturaleza?

—Presente —dijo la vieja cebra divertida por la sorpresa de la pegaso.

Era la más anciana de las cebras. Su pelaje era oscuro y sus rayas apenas se diferenciaban de él, sus ojos mostraban un hermoso violeta intenso y su crin caía hacia un lado. No llevaba adorno alguno.

Sauab, Elemento de la Familia.

—Presente. —respondió el rayado.

Joven, de ojos naranjas, su crin era más tupida que la de los demás. Llevaba en el cuello un collar de hilo grueso entretejido, de color marrón. De él se balanceaban colgando una piedra azul, un mechón de crin negro enredado en uno blanco, y una cáscara de algún tipo de fruto seco que sonaba al ser agitada.

Zumurrud, Elemento de la Tradición.

—Presente.

Era el segundo más anciano del grupo. Pelaje claro, ojos verdes y cara amarga, apenas si conservaba algo de crin. En su pata derecha llevaba una larga colección de brazaletes de tela, cada uno con un dibujo distinto. La nariz perforada por tres agujas, una negra, otra roja y otra azul.

Massaud, Elemento del Guerrero.

—Presente. —Tronó el gigante, de voz profunda y gruesa.

Además de los dos mechones, su oreja izquierda estaba perforada por dos agujas amarillas y portaba un collar con tantos colmillos que al dragón se le estrujó la boca al verlo.

Ibaat, Elemento de la Clarividencia.

—Presente.

Sus ojos eran de un azul profundo. Vestía un velo en red que cambiaba de color a medida que se iba extendiendo desde su centro, siendo sujetado por una cadenita de oro con varias monedas colgando alrededor. La misma premisa del velo seguía el poncho y cada hilo terminaba atado a una piedra de diferente color. Tenía brazaletes de distintos materiales en ambas patas delanteras y un par de alpaca en las traseras. De sus orejas colgaban diversas cadenitas de distintos metales y un par de gemas azules. Era sin duda la más estrafalaria de las seis.

Tohfa, Elemento de los Espíritus.

—Pre…presente.

La más joven de todas las cebras, no tenía nada que hacer ahí. Era demasiado chica como para participar en una discusión política. Spike lo era más, sin embargo él ya había lidiado con problemas así antes, no al extremo de ser un mediador, pero sí de participar en esas cuestiones. Aun así, ahí estaba la pequeña de ojos celestes. De pelaje más claro que el de los demás y rallas más oscuras también. Su crin era un poco más corta que el del resto. En cada oreja colgaba un aro de ramas con una red entretejida dentro de ellos. En el centro había una piedra negra y, colgando debajo del aro, una pequeña pluma blanca manchada. Su collar intercalaba plumas y semillas, y un pequeño saquito en el medio.

El dragón sentía curiosidad por los elementos de las cebras. No hace más de un mes atrás, después del regreso de Luna, se enteró de que Twilight y sus amigas eran los nuevos Elementos de la Armonía y ahora estaba en presencia de otros elementos que no parecían tener relación alguna con ellas. No había collares ni joyas resplandecientes representándolos. Las edades de cada cebra variaba del niño al viejo. No había una lógica clara.

Derpy terminó por nombrar a Shining y a Spike poniendo fin a la toma de asistencia y declarando, tal y como estaba escrito en la lista, que estaban todos presentes. Spike tomó la palabra.

—Gracias, secretaria Hooves —Dijo—. Se abren las negociaciones del tratado de paz entre Arabia Equina y las Sabanas. El primer punto en la agenda es el bosque de Palmeras Rojas y Blancas. Exponen argumentos primero las cebras y luego los árabes.

El Elemento de la Familia, Sauab, se levantó del asiento y empezó a hablar. Su discurso básicamente exponía que el Bosque es un lugar sagrado para ellos y el “hogar de todo lo que existió y existirá”. Su constante explotación por parte de los ponis del desierto lo ha puesto en peligro y está a punto de corromperse. Ibaat, la clarividente, expresó que el bosque y las regiones aledañas se salvarían si, y solo si, cesan la tala del bosque y lo declaran parte del territorio de las Sabanas.

Ibrahim contendió la propuesta diciendo que la madera de esos árboles es muy demandada en el mercado y si se frenaba la “extracción del material” sus precios se dispararían a niveles ridículos, provocando una hiperinflación sin precedentes. Alí secundo al jeque sin mucho decoro hacia las cebras, su mujer, Zein, lo apoyó con un meneo de cabeza.

—Ustedes no entienden —Dijo Tohfa—. Ellos están molestos y cada árbol que derriban los ponen más iracundos.

— ¿Ellos o ustedes? —Acusó Alí—. No nos engañan. Los ataques a los pueblos cercanos al bosque no los causó ningún “ellos”.

—Nosotros también, señor Mawassif, ataques hemos sufrido —Dijo Hubub—. La ira de los espíritus no es cosa de niños.

—Eso es la mentira más…

—Doctor Mawassif —interrumpió Giafar—, sugiero que se limite a defender el punto que le atañe. Del bosque nos encargamos Ibrahim, Rashid y yo.

—0—

Larga, lenta y tediosa había transcurrido esa mañana. Fueron tres horas de discurso, tras discurso, tras discurso. A la primera hora, Derpy cayó dormida, vencida por el aburrimiento. Spike tuvo que cubrir tosiendo cada ronquido que se le escapaba a la pegaso gris, hasta que vio una oportunidad de despertarla con un codazo sin que el resto de los presentes lo notara.

Ninguno de los dos bandos quería ceder ante las demandas del otro, y la situación se volvió insostenible. En gran parte gracias al matrimonio Mawassif, que no se quedó callado a pesar de las múltiples llamadas de atención de parte de Giafar y las palabras de conciliación de Ibrahim.

Derpy no notaba lo que estaba pasando, puesto que eran tenciones ocultas, que no se dejan ver ante ojos inexpertos. Pero Spike había asistido a suficientes reuniones diplomáticas como para encogerse en su silla cada vez que alguien abría la boca.

Shining apremió con la mirada al pequeño dragón para que interviniera. Spike no sabía qué hacer, así que empezó a balbucear en voz baja para ganar algo de tiempo. Concordia, que trataba de calmar a sus súbditos, lo vio y aprovechó la oportunidad:

—Guardad silencio mis vasallos —dijo en un tono firme, pero dulce a la vez—, nuestro árbitro quiere decir algo.

Massaud, en similar acción, golpeó el suelo callando del susto, no solo a las cebras, sino a toda la sala. Hubub, que siempre tenía una expresión serena y alegre, fue la única que miró al gigante con severo enfado.

La sala había entrado en silencio y todas las miradas se posaban en el escamoso purpura. “Piensa Spike ¡piensa! La reputación de Celestia está en juego.” Estaba a punto de tener un colapso nervioso, cuando recordó la primera vez que asistió a la Princesa del Sol. Tenía cuatro años, recién cumplidos, habían viajado al Reino de los Grifos para mediar los cambios en la ruta de migración de los dragones y él solo se encargaba de llenar los vasos de agua.

En una de las sesiones, la discusión entre los grifos y los dragones se tornó tan violenta que paralizó de miedo al pequeñín. Celestia trataba, en vano, de calmarlos con palabras dulces. Pero al ver a Spike temblando, abrazado a su jarra de agua como si su vida dependiera de ello, firme, más no feroz, dijo:

— ¡Mis Señores! Con mucho pesar tendré que pedirles suspender la sesión hasta que tenga una oferta que satisfaga a todos.

Spike uso esas mismas palabras, no con el fin de calmar las aguas, sino más bien para zafar.

—Habrá un receso de dos horas —agregó.

—0—

—Difícil situación ¿eh? —comentó Sining después de dar un gran sorbo a su licuado de frutilla.

Había llegado la hora del almuerzo y el trio estaba comiendo en el Salón Principal… O, al menos, dos de ellos lo hacían. A Spike los nervios le habían quitado el apetito. El comentario del unicornio trató de relajar la atmosfera, pero lo único que logró es hundir al pobre dragón aún más en su depresión.

—Estoy frito —se rindió escondiendo su cabeza entre sus brazos—. No se me ocurre nada y en media hora tenemos que volver a la sala.

—Veintisiete minutos para ser exactos —apuntó Derpy, hundiéndolo más.

—Quizás si dices que necesitas sesiones privadas con los miembros de ambas partes por separado —sugirió Shining—, aclarando que es para echar mejor luz sobre el caso, tendrías la excusa perfecta y tu reputación no sería dañada.

— ¿Se puede hacer eso? —preguntó Spike.

— ¡Siempre! —Dijo el unicornio dándole un golpe en el hombro al dragón—. Es un truco muy común.

—Además, tendrás tiempo privado con la cebrita —insinuó Derpy haciéndole ojitos.

Ella había observado que Tohfa no le quitaba los ojos de encima al dragón. Lo primero que pensó fue que le gustaba contar las escamas que Spike tenía, pero después escuchó a Shining susurrar “Espero que no sea atracción” y tuvo una percepción diferente de la situación. Luego de la declaración del dragón notó que la cebrita dejó de parpadear y un pequeño rubor en sus mejillas apareció. Entonces cayó en la cuenta de que la pequeña cebra podría tener el corazón flechado.

Spike no entendió la indirecta por partida doble: por ser niño y por ser hombre. Es más, interpretó que ambos estaban jugando con él. Cosa que le molestó mucho y los regañó por no ayudarlo a resolver el problema.

—Mira —dijo molesto el unicornio—, puedes decir que no encontraste una solución y necesitas más tiempo o puedes quedarte lloriqueando y decepcionar a la Princesa Celestia. Tú decides.

Spike se cruzó de brazos y largo un bufido. A pesar de que Shining no se había disculpado por haberle jugado tal broma de mal gusto, se vio forzado a darle la razón al unicornio y accedió a usar su consejo.

De pronto, un grupo de soldados cruzó galopando el salón con las picas de sus lanzas en alto. En sus caras se reflejaba el apremió que tenían.

— ¿Qué sucede? —preguntó Derpy.

—No lo sé —respondió Shining e inmediatamente se dirigió a uno de los guardias que pasaban—. ¡Soldado!

El semental paró en seco y Shining se aproximó a él.

—Capitán Shining Armor de la comitiva de Equestria ¿Qué está pasando?

—Será mejor que me siga, señor —dijo el poni—. También mi señor embajador y mi señora Hooves.

La respuesta tenía carácter severo. Apoyada por el preocupado rostro del poni, todos lo siguieron sin titubear.

Terminaron de nuevo a la entrada de la Cámara. Spike no daba crédito a sus ojos. Las mesas destrozadas con vehemencia; las sillas, algunas tiradas, otras astilladas; las banderolas arrancadas y rasgadas; ni el precioso vitral se habían salvado de la furiosa destrucción. Un guardia estaba sentado a la entrada, siendo tratado por una herida en la pata izquierda.

Además del trio, estaban presentes el general Forktasch, Ibrahim, Giafar y la Princesa Concordia. Coordinando a los demás soldados estaba un pegaso ligeramente más grande que sus subordinados, de brioso porte y mirada seria. Pelaje gris oscuro y crin carbón. Tuerto del ojo derecho, en su lomo llevaba un halcón peregrino. Uno de los soldados salió de la Cámara y le susurro algo al oído. Él asintió con la cabeza y se dirigió a los demás.

—Mucho me temo, mis señores, que no se podrá continuar con la sesión de hoy.

Un silencio paralizador dominó a todos los presentes, salvo a Spike, que por impulso se arrodilló y extendió los brazos al cielo.

— ¡Gracias! —gritó.

Todos abrieron los ojos y, desconcertados, miraron al dragón. Este se dio cuenta de que había metido la pata y rápidamente trató de corregirse forzado un acto de lamento.

—Em, quiero decir ¡No! ¿Por qué? ¡¿Por qué?!

—Alguien vino durante el receso y destruyó todo lo que había aquí —respondió el pegaso—. Todo apunta a un sabotaje contra las negociaciones, no falta nada y dejaron varias cosas detrás de sí.

— ¿Hay algún sospechoso, capitán Sinabad?— pregunto Forktasch.

—Me temo que no estoy autorizado a revelarle información, general. Artículo 17 del tratado provisorio.

— ¡Noche sin luna! —El general se volvió a Concordia—. Princesa, no puedo seguir formando parte de esta comisión si hay alguien atentando contra el reino. Solicito que me dé de baja en las negociaciones.

— ¿Está seguro, general? —La unicornio estaba desolada—. Su presencia nos hará mucha falta.

—Me hiere el orgullo decirlo, pero Firefly podrá encargarse perfectamente de mis deberes en mi ausencia.

Giafar frunció el ceño y balbuceó algo al oír las palabras del general, pero nadie lo notó.

—Muy bien —dijo Concordia— Puesto que tu nación te necesita y haz declarado ser incapaz de continuar con las negociaciones del tratado de paz, yo, Princesa Concordia de Arabia Equina, con mucho pesar le doy de baja, General Dahnaseln ben Forktasch.

El gran poni solo inclinó la cabeza y soltó un solemne “Gracias”. Shining dio un paso al frente y se dirigió al general.

—Solicito entrar en la investigación, general.

—Lo siento, pero no puede.

—Este es un atentado a las negociaciones y la integridad del embajador está en juego. Como capitán de la Guardia de Equestria estoy a cargo de su seguridad. Si no puede adherirme, exijo entonces que adhiera a dos oficiales bajo mi mando.

Forktasch lo analizó un momento. El capitán equestriano estaba contemplado dentro de las partes negociantes, pero el tratado no decía nada acerca de sus subordinados. Sonrío ante ese hueco legal. “Hecha la ley, hecha la trampa” pensó.

—Muy bien —dijo al fin—. Dos, ni uno más.

—Gracias, general.

—Sin embargo las actividades programadas se suspenderán por hoy —continuó el general—. Hasta mañana no se autorizará ningún tipo de reunión. Vayan y disfruten del resto del día.

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