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Inesperada aparición (I)
Pertenece a: Trapezium
Clasificacion Para todo público
Género Misterio
Estado En reescritura
Ambientada en Ponyville, Equestria
Personaje (s) ............
Cronología
Cuestión del Reaprender Inesperada aparición Algo quebradiza

Sinopsis

Joven estudiante en último año de secundaria, y aunque llena de un hartazgo a cada instante latente, y con un físico intentando imitar los naturales tambaleos de su pensamiento, elije como una constante sobrellevar el convencimiento sobre su mala genética con una contradictoria búsqueda por el contraargumento para esa dicha.

Relato

"Si ya se está al fondo, no puede haber hundición, no obstante, ¿Siquiera sabemos si realmente hay un fondo?"

-¿Dónde...?- preguntó una voz femenina sumergida por una densa y tenebrosa reverberación, desesperada por saber cuál era este abismal sitio en el que súbitamente parecía hallarse acorralada.

Lo que es nada se podía reconocer en el repentinamente desconocido y desolado mundo que le rodeaba a la poni, y además, aunque completamente capaz de hablar y alzar la voz, sentíase ella sofocada, y como si su voz estuviera, no en ella, sino que fuera, en la reverberación de las paredes imaginarias.

-¡¿Qué es esto?!- dijo con incrementado pavor la terrestre cuya mente parecía, insólitamente, ahora arrebatada de sí misma; poco después, algo vino del abismo, de lo que resurgió una fuerza que desde el inicio ya había percibido la yegua aplastando su cuerpo con gradualmente más fuerza.

-Es tu mente- agregó con cierto grado de agresividad una voz intrusa, acompañándose esta del absurdo eco con aún más potencia, y cuyo dueño no se le encontraría sobre ninguna esquina del vacío.

Aún estando bajo la presión total de ese abismo onírico, la poni sabía que podía sentir todavía en su inconsciente, por lo cual, una vez la voz tomó todo ese negro infinito, con lágrimas saliendo de sus ojos casi al instante, cayó en su rostro una desesperación final que luego expresó en el semblante sin filtro alguno.

-Esta es tu mente... vacío- agregó nuevamente la voz, ahora cambiando a un aire más pasivo agresivo en lugar de su anterior prepotencia directa.

-¡¡¡Qué es esto!!!- volvió a preguntar la yegua, ahora sumándole a ello el más desgarrante y lúcido grito que había dado jamás.

-No tienes que sabe...-

-¡¡Qué quieres!! ¡Qué más quieres de mí!- exclamó sin cortar los paralizantes gritos la terrestre.

-¡¡Si me quieres matar desde adentro hazlo ya!! ¡¡Te lo suplico!!-

-¡¿Tienes que saber lo que quiero en verdad?! ¡Esto no es más que como una pequeña parálisis de sueño!- contestó la voz intrusa con una ira que, si bien no era ruidosa, dejó en parálisis por unos cortos instantes a la poni tan solo por lo tétrico que llevaba consigo.

-Algo que tal vez te calme; estás totalmente dormida ahora. No te moverás hasta que dejes terminar- mencionó con tono burlón la oscura voz.

-¿Q-Quién... eres?- preguntó por último la indefensa terrestre, mirando ahora de frente al vacío que su mente simulaba, todavía con ciertas lágrimas fluyendo desde sus ojos, y con ojos enteramente abiertos.

-No tengo por qué decírtelo soldada, ni siquiera necesitas saberlo- agregó para esta ocasión el interlocutor invisible de la terrestre, quien producto de lo tanto que había aumentado aquella presión sobre sí misma, se hallaba tan ida como para ni siquiera sentirse aplastada dentro de lo que era supuestamente, su interior aún.

Nada había por allí, para ello ya no podía existir duda, no obstante, de todas maneras, ya totalmente petrificada y sin capacidad de reaccionar, la poni sintió como el abismo se envolvía sobre ella, y en un intento último por volver, la poni no pudo hacer más que sentir una presencia de infinita obscuridad, tragársela como un agujero negro, violentamente.

[... ]

De un flojo y atontado sobresalto despertó una joven unicornio -de entre las muchas más que habían-, dando cuenta de aquellos rasgos en su primeramente absurdo despertar por el "ebrio" y apagado quejido emitido desde su boca simultáneo al abrir de sus ojos.

Pasaron otros pocos momentos, y la chica tomó incómoda consciencia del sol dándole en la cara a través de la ventana, y además, en una tarde de pleno verano en Agosto como aquella.

Pasó ella a darle menor importancia, y recobrando su estado de tranquilidad, volvió a recostar su cuello sobre la almohada a la vez que ahora se recostaba sobre su lado derecho para evadir el sol yaciendo aún potente sobre el pueblo de Ponyville.

-Pienso de todo, y a la vez pienso en nada... nah, solo pienso en algo... aunque ya, mucho abstracto por ahora. Por qué será que es lo primero que se me viene a la mente ahora- dijo en el pensamiento la poni en un momento dado, recordando, ahora más relajada, los temas sobre los que había estado indagando en días anteriores.

Viéndose a sí misma todavía vistiendo el uniforme de su escuela, surgió con ello un ánimo por volver a sentarse sobre la cama para despertar enteramente del sueño, y luego así quitarse su uniforme.

-¿Cuánto dormí?- pregunto la unicornio con un ceño fruncido característico de ella, y mientras rascábase un ojo, con una voz aún dormilona y tenue.

-Cuatro cuarenta- dijo citando la hora con un valor aproximado la poni, mirando el reloj que se hallaba colgado detrás suyo, y sobre su cama.

Otros instantes pasaron, y la chica ya se volvía a poner sobre sus cascos para salir del ensueño, y en el entretanto, se percató de un cuaderno que había dejado abierto sobre el mueble junto a su cama; llevaba escrito, en la portada, donde se hallaba la sección de información personal, el nombre de "Burning Fury". Con una pequeña risa "seria", ella cerró el cuaderno y lo dejo sobre el escritorio con su magia con algo de torpeza en esta.

-Eso está ahí desde anoche- dijo Burning con una pizca de humor, sin quitar su típico ceño fruncido, y al que ahora se le sumaban ojos un tanto curiosos y encogidos.

Transcurrido otro poco de tiempo, la unicornio, todavía con algo de somnolencia por lo poco restaurador de aquel sueño diurno, ya despojada de su uniforme, guardaba este con tranquilidad en otra parte del armario que dejaba exclusivamente para la ropa posiblemente a lavar.

La unicornio poseía un aspecto bastante delgado, si es que no muy delgado, no obstante, parecía a la vez, dar la sensación de que aquel no era el estado más natural para su cuerpo, y que su contextura era muy gruesa para lo flaca que estaba.

Luego, en sus ojos la poni tenía el color azul marino, su pelo era negro, bastante largo, y en su mayoría desordenado por aparente descuido sobre él. A su vez, su cuero era naranjo rojizo, y sobre sus ojos tenía unas ojeras naturales que, combinadas con la mirada seria, le hacían parecer una trasnochadora absoluta.

Ya dejaba Burning su cuarto, el cual mostraba un orden general evidente, no obstante, la chica dejaba, de manera un tanto avergonzada y escurridiza, los lugares específicos de su habitación más revueltos de lo que debería, por lo que el orden de su sitio era evidente, pero nada más que hasta cierto punto.

Cruzaba el marco de la puerta, y en ello, de súbito una chispa de memoria invadió el sentimiento y pensamiento de Burning, provocándole a ella un inicialmente absurdo y regulado deseo de buscar entre todos los útiles que permanecían en su bolso el cuaderno designado a la rama de matemáticas; tan solo acababa de recuperar el recuerdo de haber guardado algo relevante entre esas hojas, ahora que ya era momento oportuno para zafarse de la somnolencia.

Trató de primeras levantar el objeto con su telequinesis, pero al hallarse a sí misma tan torpe para el momento, antes de fastidiarse más de la cuenta simplemente accedió a coger el bolso con sus pezuñas, y finalmente soltarlo sobre la cama.

-La revista esa... con el aturdimiento ya se me estaba olvidando mirarla...- mencionó Burning pensando ciertamente algo preocupada y focalizada, a la vez que ahora, sentada en la cama, buscaba el cuaderno respectivo entre el resto de cosas en el bolso.

Aquel elemento era bastante extenso a pesar de tratarse de una revista, que era además, una de tipo científica; buscaba en ella Burning, con inesperado enfoque, unas de las páginas especificadas en cierto apartado de la portada del grueso objeto.

-El... síndrome de degeneración conjuntivo-mágica... - pensó Burning concentrada ya en el contenido de la página.

Perseguía la unicornio con frustrada curiosidad, condición por condición en el artículo, una lumbrera para la tonta afección que parecía acechar a su cuerpo desde largos tiempos atrás ya, es decir, desde el día en que llegó a Ponyville con su familia; al inicio de su adolescencia.

Nada más seguía preguntándose "¿Qué?" cada ocasión que se encontraba a sí misma indagando de tal forma, no obstante, aun así, con un contradictorio pensamiento callado que le dejaba desde el inicio de cada una de estas instancias con la idea basal de que todo aquello no era más que otra dilatación de su paranoia respecto a lo físico agregada al historial.

Un absurdo perseguir por el contraargumento para aquella dicha era lo que buscaba, a pesar de que mientras, contradictoriamente, ella solamente parecía alimentarla más con cada información que incorporaba a su conocimiento.

-No son más que estudios con a penas algo de avance aún eso sí... ¿Para qué me enfrasco tanto?- dijo Burning para su mente lanzando la revista con desazón sobre su cama, y últimamente resignándose ante el material.

El sutil pero latente hartazgo le hicieron a ella tan solo darle una temporal media vuelta al tópico, pues si buscaba preservar la funcionalidad de su rutina, no estaría exponiéndose constantemente a una implícita búsqueda por una excusa para perder el control y desquitarse con su entorno.

Ya bajando al primer piso, antes de bajar el último escalón, Burning se topó con su madre, de cuero amarillento, cabellera de un tono café grisáceo y ojos celestes, cuyo nombre era Dawn Glow, y quien justo se dirigía hacia ella en el instante.

-Burning. Heh, te dormiste por un buen rato, ¿Cómo estuvo la siesta?- agregó la madre un tanto risueña y relajada.

-Buena, sí, aunque me siento algo atontada ahora porque dormí mucho- sostuvo Burning a la vez que bajaba el escalón que restaba.

-Pero necesitaba eso; simplemente no soportaba el sueño- dijo por último la joven un tanto suspirante, mientras se sentaba en el sofá del comedor y Dawn sacaba unas toallas de un mueble puesto bajo las escaleras.

-Claro que sí, con todas estas cosas que pasan, y sobre todo estos últimos días-

-Verdad; y mamá, ¿Te vas a duchar? Porque estás despeinada- agregó con algo de extrañeza Burning, pues no era la secuencia usual de los acontecimientos que su madre se duchara en otro momento que no fuera la noche.

-Ah sí, eso era lo otro que te iba a decir: ahora, después de bañarme, voy a salir para pagar unas cuentas al centro del pueblo. Tu papá también podía ir, pero le dije que no se molestara porque si no iba a tener que interrumpir su trabajo- explicó en detalle Dawn para el entendimiento de su hija, quien asintió con la cabeza como muestra de que le prestaba atención.

-Probablemente salga en unos veinte minutos más. Tú luego tienes que ir a buscar a Mystery también, cierto-

-Sí, pero aún falta bastante. A penas son las... cinco con tres- mencionó tranquila mirando el reloj sobre la pared, para que luego, con otro poco de intercambio de palabras, su madre se metiera a su cuarto, y luego, al baño de este para realizar lo avisado.

Un sordo flujo de agua se inició entre el relativo silencio; su madre se tomaría ahora un considerable tiempo -probablemente más de los anunciados veinte minutos-, pues si bien concurriría a algo de importancia, de todas formas no tenía apuro alguno, pues las oficinas de pago tenían todavía un largo rato de seguir abiertas.

-Y pensar que... ya en cuatro liceos me han rechazado... y dudo bastante que este quinto y último sea distinto- pensó para sí la joven, ahora totalmente sola en la sala, acompañada de no más que el sonido sordo del correr del agua de la ducha, y la radio sobre una mesilla al centro del sitio, cuyo volumen era mínimo, y a penas se escuchaba.

-A ratos esto ya parece tan tonto de hacer... siempre es el mismo ritual... ya ni siquiera sé si así quiero terminar mi escolaridad- continuó en sus dudas internas Burning, ahora con un semblante de dureza más apagada y mientras empezaba a tomar atención a la información de la radio, reflejándose ello en su intención consiguiente por subirle el volumen.

-Habría sido tan bonito que me hubiesen aceptado en la escuela de Mystery. Así habríamos quedado juntas, yo tal vez de cuando en cuando le ayudaba con sus clases, de vez en cuando conversar... pero como sea. No es como si aquí en casa casi no hablamos- dijo sumando a ello una leve y tierna risa embozada en el rostro la joven a medida que agregaba las palabras.

Volvió a echar ojo al reloj para consignar la hora otra vez: las cinco con catorce, once minutos habían transcurrido ya desde la revisión anterior, los que para Burning tan solo se habían sentido como poco menos de cinco.

-Hablando de la escuela MacHearts... -agregó al silencio de la sala Burning, inclusive con un anticipado miedo en su tono y su cuerpo un tanto más inclinado hacia la radio.

"Eh, sí-sí; noticias de último instante que nos están llegando; efectivamente, una emergencia en la escuela MacHearts"

-Asumiré que despacharon de inmediato...- dijo más atenta que nunca a la radio la unicornio mientras ya se preparaba para salir rápidamente de ser necesario.

"Pues... bien, nos informa nuestro personal que... vaya, directamente es una situación muy grave: una poni enloquecida se infiltró en la escuela; ningún guardia a logrado detenerla, y todos los que han intentado nos dicen directamente desde la escuela que... han resultado heridos de muerte por... esta loca que nadie por alguna razón anticipó... "

A medida se destapaba dato tras dato, una sensación de tétrico frío y silenciosa desesperación envolvía con cada vez mayor peso la percepción de la unicornio, quien ahora, aterrorizada casi totalmente por la idea de su hermana transformándose en una víctima directa de la tragedia, producto de aquello se despegó súbitamente del sillón para erguirse y dar paso a lo que tuviera que ser; sus palabras se habían drenado por tal preocupación, y lo único que hacía ahora era observar con ojos saltones y cejas inclinadas el aparato mientras desde él quien informaba se hallaba, de la misma manera, bajo una presión inminente.

"Nos avisan que... policías y servicios clínicos primarios van ahora mismo a la institución; también nos informan que la intrusa a destruido de todo hasta ahora, ha invadido... u-un montón de salas en pleno aula; hasta ahora... los despachados han sido a penas unos pocos... casi por suerte han podido salir.

-¡Qué demonios hacer!- exclamó Burning, tornando su cabeza hacia la ventana cercana en un movimiento brusco, bajo la presión de ir a la escuela MacHearts para ir a por su hermana, a pesar de la gran probabilidad que existía de que con ello solo consiguiera adornar la tragedia.

"Ahora mismo algunos... otros pocos cursos se han despachado, pero la invasora sigue dentro y bloqueando el paso de muchos otros cursos... "

-Hay que ir a buscarla... -agregó esta vez la unicornio pensando en su hermana Mystery, inesperada y repentinamente enfocada en su mente, acompañando esto con un similar movimiento de sus ojos girándose a la puerta principal.

El sujeto de la radio ya parecía quedarse perplejo y sin mucho más que agregar, y en medio de ello, algunos ponis llevando a sus potrillos, y otros ya con adolescentes, se empezaron a ver llegar apresurados y estupefactos a través de las ventanas, y casualmente desde la dirección hacia la que estaba la escuela MacHearts.

De un sobresalto se paró Burning con aquel estímulo; "¡Tu mamá está aún en el baño!"; "¡Saldrá y de repente no te verá! ¡Tonta!"; "¡Iras a estorbar!" eran quejas que se le cruzaban como polvo cósmico hasta ese punto.

-Y que otra cosa voy a hacer...- dijo por último Burning contradictoriamente hartada pero regulada a la vez para alcalinizar su pensar, encontrándose ahora súbitamente ya fuera de la casa, y yendo hacia MacHearts a ritmo de apurada y desesperada caminata, con ojos saltones y cejas inclinadas, mientras observaba, a medida que se acercaba, los ocasionales duetos apoderado-estudiante que iban apareciendo mientras más avanzaba, yendo de uno a otro con sus ojos aceleradamente.

Su rapidez mental se había visto claramente incrementada por el efecto, esta vez, funcional de la adrenalina; al pasar el siguiente grupo de ponis junto a ella, siendo uno el aparente padre y las otras dos sus hijas, Burning le consultó de súbito al adulto, pasando por alto algunas formalidades sin percatarse.

-Hey disculpe ¿Cómo se ve el asunto por la escuela MacHearts?- consultó ella con tono preocupado, pero a la vez medido, sin variar su expresión facial.

-Está horriblemente tenso- contestó el señor, sin mucho más necesario que decir para que se notase lo que denotaba su frase.

-Yo gracias a Dios hallé a mis hijas afuera esperándome; están a penas saliendo, esa loca que anda está corriendo por todo el sitio. No los deja salir- añadió encogiéndose algo de hombros al final.

-¡Pero aún así algunos han salido!- pensó Burning dándose una razón mayor para ir de todas maneras.

-Pero si vas a buscar a alguien allá, ve de todas formas, porque tu caso puede ser como el mío ¡Pero ve con mucho cuidado!- agregó por último el poni mientras ya reanudaba sus pasos a casa y le hacía una seña de adiós a Burning; por su parte, ella le agradeció con la palabra implicada y una leve inclinación de cabeza.

-Tampoco es como que haya otra opción. Eventualmente esa tipa irrumpirá en las salas, y de ahí no sabemos lo que pasa...- pensó a medida que aceleraba más el ritmo, al punto de empezar a trotar.

-Me imagino que, además, ahora que están saliendo estarán instando a los apoderados a ir a buscar a sus hijos- agregaba ahora la chica, viendo a su vez que, a la lejanía, ya se veían las carretas policiales y de los servicios clínicos primarios estacionadas a un costado, dejando en vista su apresurada llegada por el pobre cálculo de las posiciones de los vehículos.

Aunque desde hace unos momentos ya le dolían sus cascos, con lo poco que le importaba su físico en un instante como aquel, Burning procedió a echar carrera hasta las cercanías de la infraestructura para no perderse de nada. Una vez se halló a menos de una cuadra, volvió al trote que llevaba de antes.

Empezaron a erguirse sus orejas con las exclamaciones, aún no tan exageradas, de los policías que se encontraban controlando la salida tres del establecimiento, exclamaciones que eran dirigidas a todos aquellos ponis que habían llegado por los avisos dados ya por numerosas radios de Ponyville y Canterlot.

-¡Gente por favor! ¡Les suplicamos que no se precipiten!- decía ya uno con algo de alteración, de la cual sus acompañantes aparentemente no se escapaban.

Por sorpresa les agarró a dichos sujetos la salida de dos compañeros de trabajo en camillas, cubiertos de moretones, y totalmente inconscientes, y consiguiente a dichos sucesos, unos balazos se escucharon haciendo eco por toda la escuela y sus alrededores. Aquellos generó la gota de terror que rebalsó la tolerancia a la frustración de casi todos aquellos esperando la salida de sus pupilos.

-¡Maldita sea! ¡No tiene sentido! ¡Policía que entra, policía que aplasta!- se quejó a penas pudo salir un policía hacia sus pares, con ojos saltones y cejas tensas. Burning, en tanto, ya se hallaba observando todo aquello con un tanto de distancia con el grupo de ponis para no amontonarse, no obstante, bajo la misma desesperación que ellos, si es que no era esta aún mayor en ella.

-¡No van a ser tres o cinco! ¡Ni diez de nosotros! ¡Serán como quince o más!- continuó el nuevo policía advirtiendo a sus pares, sabiendo que ellos por sí solos ni de broma eran suficiente para cubrir la situación.

-Si sigue así tendremos que llamar más carretas de emergencias...- sugirió el policía que anteriormente controlaba a la gente, no obstante, no deseando en absoluto que aquello mencionado llegara a ser necesario.

-Al menos creo... nuestros otros colegas ya la hirieron antes. Aunque siga paseándose corriendo como loca, eventualmente se tiene que rendir- alegó el sujeto, esta vez, apoyándose en el muro rodeando la salida, con el arma sostenida por su magia.

Gritos repentinos inundaron la escuela de la nada. Se trataba una voz de aura perturbadora, e incluso un tanto demoniaca, con una tesitura muy distorsionada. En tanto, los ponis rodeando la salida, tanto como la gente mirando los hechos desde los alrededores, fueron desgarrados desde el alma por lo súbito del suceso. De igual manera, los policías entraron en modo absoluto de vigilia.

-¿Y ahora qué viene?- se pregunto en su cabeza Burning, poniendo uno de sus cascos, casi como un reflejo, sobre una barra metálica que había visto antes desde la distancia.

-¡Más personal y estudiantes saliendo!- dijo el policía con el arma, alzando su voz con algo de alivio, que sin embargo, sabía que solo duraría unos momentos.

La gente tomó un respiro durante unos segundos con aquello también, mientras Burning, con sus orejas totalmente erguidas, estaba atenta como nunca a la salida.

Unos guardias con algunos auxiliares de aseo se vieron salir primero, y justo luego de ellos, se vieron salir los alumnos. Los familiares salían a brindar acojida inmediata para sus pupilos, y a la vez, se hacía notar más el otro extremo, es decir, aquellos desesperados cuya desesperanza ahora empeoraba al no encontrar en medio de la multitud a quien se supone debían cuidar.

Unos ojos temerosos y de verde manzana salieron a la luz, el cuerpo verde oscuro y cabellera marrón; aunque fuera de las últimas, como hermana suya que era, Burning la reconoció de inmediato, y fue en su búsqueda disparada como una madre a por sus polluelos indefensos. De manera idéntica, la potrilla fue al encuentro de su hermana mayor, sintiendo ya un inevitable sollozo venir producto de aquella dosis sorpresiva de estrés.

-¡Mysty que milagro que estés bien!- dijo Burning desbordada por la emoción de ver a su hermana intacta, mientras ella solo asentía con la cabeza y un "sí" entre tenues sollozos.

-¡Ahora vámonos a casa de inmediato! ¡Cada segundo aquí es uno más de riesgo!- alegó la unicornio sin desbordarse justo luego de terminado aquel significativo abrazo de reencuentro entre ellas dos, procediendo así a tomar de un casco a Mystery para acercarle a ella y estar más unidas.

-¡Ahora devuélvanse a sus casas lo antes posible! ¡Es muy peligroso que se queden aquí!- exclamó subiendo el tono uno de los policías con renovada preocupación.

-¿Pero y si alguien necesita ayuda?- preguntó con evidente desazón la pequeña, mirando a Burning con ojos aún llorosos.

-Para eso están los policías aquí. Si ellos no cumplen, entramos nosotros, la gente- respondió a la inquietud de su hermana Burning, mientras mantenía un paso y ritmo firme alineado al de Mystery, a pesar de que el dolor en sus cascos no se quitaba. A la vez, en medio de aquello, con alta extrañeza se percato la unicornio de que, producto de su torpeza, todavía llevaba consigo aquel pedazo de barra metálica sostenido por su magia a su derecha.

-¡Colegas! ¡Creo que ya vienen los refuerzos!- mencionó repentinamente uno de los primeros policías con un aire de victoria, que fue de cierta forma contagiado a los otros colegas. En seguida, de su traje sacó un comunicador portátil, el cual, en medio de la estática, estaba empezando a emitir una voz.

-¡Hola, hola! ¡Hola por favor policía! ¡Si me escuchan por favor! ¡Cambio!- dijo una voz no conocida por el policía desde el otro lado, aún a penas entendible producto de la estática.

-¡¿No... son los refuerzos?!-

-¿Se coló alguien en la frecuencia?- agregó inmediatamente otro de los policías, dejándose llevar un tanto por la rabia producto de lo que ello sugerido por él significaría.

-Pero sonó como si hubiese querido cooperar ¡Sí lo escuchamos! ¡Identifíquese de inmediato! ¡Cambio!- añadió por medio del comunicador con firmeza el policía.

-Soy el rector de la escuela MacHearts. Estoy refugiado en mi oficina con otras personas. Necesito avisarles: está volviéndose más loca de lo usual, la delincuente, y al parecer también, no es la única que se ha metido aquí... cambio-

Unos sordos azotes surgieron de total imprevisto en lo superior de los policías antes del cambio de señal por parte del rector.

-¡Los ventanales! ¡El segundo piso!- profirió con exasperación apocalíptica el policía con el arma en magia, conociendo al instante que algo espeluznante ocurriría en ese punto. Al siguiente segundo, antes que ellos pudiesen colocarse por delante de dichos ventanales, uno de ellos fue derribado con toda violencia, seguido de aquel escalofriante ruido característico del vidrio al romperse.

Una poni terrestre enloquecida de cuero blanquecino y cabello violeta aterrizó con estrépito junto a los restos de vidrio reforzado, volviendo a su psicótica hacia un objetivo carrera sin problema alguno fijo pero desconocido.

-¡Maldición! ¡Alto!- gritó dominado por el frenesí el mismo policía, y sin dudar más de un segundo, disparó hacia la terrestre varios tiros junto a sus compañeros, quienes, además, salieron avanzando velozmente para no perder de vista a la maleante.

Un giro de cabeza súbito, una exagerada inhalación de terror; al instante que se oyeron los disparos, Burning saltó a un lado junto con su hermana despavorida como nunca antes se había sentido.

Un segundo más de incógnito transcurrió; inmediatamente después de voltearse, como si hubiese hecho teletransportación apareció una forma blanca con violeta a pocos metros frente a ellas.

-¡Corre!- gritó Burning con una voz sumamente aguda empujando a Mystery, y en seguida, un temible golpe al suelo justo a su derecha llegó, obligándole a la unicornio a saltar hacia atrás con una fuerza que ya casi no podía ocupar.

-¡Agh maldición! ¡Cuánto molesta!- dijo en un grito desgarrador antes de lanzarse otra vez con ferocidad excepcional hacia las chicas, particularmente hacia Burning.

En un acto inclusive inimaginable para ella, percibiendo lo descolocada y paralizada que se hallaba Mysty, con la terrestre a medio camino, Burning tomó aquel pedazo de metal que traía con ambos cascos, e irguiéndose luego en menos de un instante, con un grito de guerra impactó el metal en un golpe milagrosamente certero sobre la sien de la psicótica, haciéndole retroceder levemente en aturdimiento.

Un chirrido se sintió en lo inferior de completo imprevisto para la adolescente; las graves consecuencias se avecinaban, y vinieron primero, para colmo total, en la despiadada fractura instantánea del casco en el cual se había apoyado para dar ese poderoso fierrazo. Justo después, un dolor más punzante que cualquier otro le recorrió cada nervio, y entonces, con estrépito cayó al suelo, quedando a total merced de la enloquecida terrestre.

-¡Burning!- se escuchó atrás un grito desgarrador extendido de su nombre, y en seguida, gimiendo por el dolor, tratando de recuperar el metal con su casco izquierdo, perdió este último también al ser aplastado y fracturado de forma sociopática por la terrestre.

Siguió un grito horripilante al igual que ese dolor; una lágrima corría ya por su mejilla, y al levantar la mirada para ver lo que esta vez le deparaba, una pegada sobre su cráneo llegó de tal manera que la perdida de consciencia fue al instante.

Dos balazos impactando sobre la carne, y una pequeña explosión de magia fueron los últimos estímulos directos que percibió en su conocimiento.

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