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Este artículo es de Alyss

Dreamland

Alice y Allen eran dos niños rubios de ojos azules celestes. Aunque a veces mágicamente, el pelo y los ojos les cambiaban de color. Siempre reían y jugaban junto a Lizzie, la hermana mayor por tres años. Pese a ser la mayor, era de espíritu muy infantil. Los pequeños tenían siete años y la mayor diez. Todo iba bien. Vivían en una casa cercana a la universidad de Oxford, cuyo padre era su rector. Tenían gatos, muchos gatos. Además de otras dos hermanas: Rodha y Violette. Ellas ya tenían veintidós años y eran mellizas. Una pelinegra y otra rubia. Excepto por el color de pelo eran completamente iguales. Ahora trabajaban en Escocia, pero no perdieron el contacto con su familia.

POV Alice

-¡Fuego! ¡Fuego…!-Gritaba desesperada. Tenía miedo de que todas mis pertenencias se calcinaran, ¡y Dinna! ¡Y Lacie, y Kitty! ¡Todas morirían! Mis gatitas… ¡Mis gatitas no deberían morir! ¡Esto no puede seguir así…!

La tristeza inundaba todo mi ser… Había que hacer algo…

-Yo ayudaré, rescataré a Dinna, Lacie y Kitty-Mi hermano habló, ¡mi genial hermano! Es tan amable y simpático… ¡Seguro que nunca me decepcionaría!

-¡Gracias, Allen!

Él saltó hacia el fuego, y tuvo cuidado, mucho cuidado. Pudo volver primero con Kitty, luego con Dinna y finalmente con Lacie. Ambas gatitas estaban un poco quemadas, pero vivas y estupendamente. Desgraciadamente, Allen no. El pelo… Lo tenía un poco quemado. En vez de ser rubio, lo tenía castaño oscuro. Pero… ¿Quemado? No, eso no podía ser verdad… ¿O sí? No entendía gran cosa.

-Aquí tienes, Alice-La normal alegría y sentimiento en la voz de Allen, cambió por completo. Su voz se volvió mucho más seria y monótona.

-¡Hermanito! ¿Qué te ha pasado?-Estaba preocupada por él, podría haberse dado un buen golpe en la cabeza. Lo abracé tiernamente a ver si se le pasaba el enfado.

-Quita… Bichejo…-Allen me empujó. Eso me hizo llorar.

-Allen… Eres malo…-Me sequé las lágrimas y recordé que mis padres y Lizzie seguían ahí dentro… Aquél fuego me era tan familiar… No sabía de qué exactamente, pero daba miedo, demasiado miedo…

Tras aquello, nos metieron en un orfanato a mi hermano y a mí. Su pelo se volvió rubio al cabo de un tiempo y volvió a ser el de siempre, pero lamentablemente yo no.

-Sucio asqueroso… No me toques-Empujé a Allen. Crecimos. Ya teníamos doce años. Habíamos cambiado mucho, tanto psicológicamente como físicamente. Ya no éramos aquellos niños inocentes.

-Alice… Te ha pasado algo, lo sé… No eres la misma-Mi hermano no parecía reconocerme. Entonces una de las monjas del orfanato al vernos se alarmó. Hizo una llamada de un viejo teléfono, recientemente inventado.

-Sí… Ahora mismo. Calle Hamilton número 12… Orfanato Whislow. Muchas gracias…-La monja colgó. Tras eso, nos cogió a nosotros de la camiseta, como solían hacer aquellas mujeres cuando se enfadaban o molestaban por algo.

-¿Qué ocurre?-Allen parecía sorprendido… Enserio, ¿tan inocentes éramos? Era obvio que teníamos esquizofrenia o más idioteces, y también de que nosequé de bipolaridad.

-Nada… Unos señores irán a recogeros a ambos dentro de unas horas, ¿vale? Os darán un hogar-Hogar tu puta madre, te daría una patada en el culo que saldrías volando por los aires hasta la lejana América.

Pasaron las horas. Había llegado un hombre… ¿Cómo se llamaba? Ah sí, Lewis Caroll. Menudo nombre más feo.

-Os llevaré al hospital Dogson-Aquél hombre no paraba de sonreír. Daba muy mal rollo, y el mal rollo me gustaba de alguna forma. Tenía la sensación de que aquél hospital daría mal rollo, y estaba en lo cierto. Sólo el nombre me recordaba a mi padre: Charles Ludwith Dogson.

-Está bien…-Respondí con desgana. Montamos en un coche con ronchas de pintura. Nos condució a un edificio pintado gris, blanco y negro. Las personas que se veían tenían el pelo rapado. Se atrevían a hacerme eso a mí y ya verían a dónde iba a parar la cuchilla.

-Ahá… Con que esto es el hospital Dogson-Allen abrió la boca en gesto de sorpresa. A mí no me hacía ninguna gracia ir con este idiota, pero, ¿qué se le va a hacer?

Estuvimos meses viviendo allí. Al principio Allen sonreía todo el día y conocía a nuevas personas. No nos trataban muy mal, porque éramos niños, pero al cumplir los catorce años todo cambió.

-¿Has oído hablar de Mad Alice?-Una enfermera cuchicheaba hablando con un doctor.

-Sí, es la paciente más peligrosa. Posee bipolaridad y esquizofrenia desde que nació, al igual que su hermano Allen. Parece que éste tiene menos, y lo controla mejor.

-Interesante… Muy interesante…

Aquella voz femenina se me hacía familiar, extrañamente familiar… Incluso daba miedo. Podía identificarla perfectamente con la voz de Lizzie, pero… Imposible, ¡sí! Seguro que era imposible… Después de todo, ella había muerto en el incendio.

Todo discurría monótono y sin emoción, hasta que encontré un gato… ¡Era mi debilidad! ¿Qué podría hacer con él? ¿Cómo lo llamaría? Sonreía de forma extraña, formando con sus blancos dientes una luna menguante.

-Cheshire… Cheshire…-Era la única palabra que salía de mis labios tras mirarlo, supongo que esa sería la manera de llamarlo. Cheshire no significaba nada… Ni paz, ni mal, ni luz, ni oscuridad, ni felicidad, ni tristeza, justo como mi mente.

Tuve un sueño. Era muy raro… O parecía un sueño. Tenía a Vorpal Blade, que era un cuchillo que cogí de la cocina del manicomio y a mi hermano Allen con sus poderes “mágicos” que pareció desarrollar. Tras estar ahí unos segundos más, vi que no era un sueño. Estaba en Wonderland.

-¿Dónde estamos…?-Por primera vez en mucho tiempo, me sentí desorientada.

-Esto, querida Mad, es Wonderland…-Aquél país… Todo volvió a mi memoria. Cheshire, Dogson, Lewis… ¡TODO ME RECORDABA A WONDERLAND! Era la razón de mi existencia. Y por lo tanto, mi hogar.

-¿La Reina, el Rey…? ¿Las piezas de ajedrez? ¿Jabberwock? ¿Humpty Dumpty…?-Solo podía tartamudear palabras sin sentido, propias de Wonderland.

-Sí, hemos llegado… Pero hay una revolución. Los habitantes quieren matar a la Reina-No me explicaba de dónde sacaba mi hermanito aquella información, pero pestañeé y vi que ya tenía el cabello negro. Eso significaba algo agradable… Muy agradable.

Estuvimos mucho tiempo viajando, buscando a los rebeldes para ayudarlos. Allen escapaba todas las noches de nuestra casa en Wonderland, pero no sabía de dónde. Aunque fuera su hermana, me ocultaba demasiados secretos, y la curiosidad de una “niñita” es insaciable.

Reclutamos a muchas personas… La Liebre, el Lirón, las piezas de ajedrez, ¡y el mejor: el grifo! Era muy poderoso, comparable con los poderes del Galimatazo o del Jabberwock, secuaces de la cruel Reina de Corazones. También tenía al Sombrero Loco, que se volvió más loco todavía. El White Rabbit y el Rey quedaron poseídos por el Galimatazo y el Jabberwock, cuyo poder era tan poderoso que al mostrarse a un ojo humano o wonderlandés la persona que lo mirara moriría al instante. Por ello escondían sus enormes y terroríficos cuerpos en el alma de dos hombres bondadosos.

-Ya hemos llegado… Al palacio de la reina-Habló el grifo. Su voz era imponente y fuerte. Le hacía sentir a la gente miedo, pero si eras su aliado tenías una extraña sensación de que ibas a ganar. Primero apareció la duquesa, a la que le rebané el pescuezo enseguida.

-Mad, veo que has mejorado mucho en esto…-Allen sonreía levemente. El pelo se le había vuelto oscuro. Esto pintaba mal… Cuando Allen cambiaba de personalidad era mucho más drástico que yo, y además de que sabía dominar la magia. Aprendió de la oruga azul mientras nuestra estancia en Wonderland.

-Pasaréis por encima de mi cadáver-Ésta vez nos molestó el sombrerero loco… Ahora sí que tenía cara de loco. Parecía… Robótico. Y eso me daba mala espina. Un robot así solo se podría sobrecalentar, y Allen estaba en su mundillo, como otras veces.

-¡Allen…! Quema al Sombrerero-Tras decir mis palabras, el Sombrerero estalló en llamas. Solo quedó de él una llave, ¿para qué serviría?

Hicimos frente a muchos enemigos. Al final nos encontramos con el Jabberwock y el Galimatazo… Esto daba mucho miedo, demasiado miedo…

-Grifo, ¡encárgate del Jabberwock!-Gritó Alice. El grifo asintió. Se elevó por los cielos para luego rugir, mostrando su terrible dominio de lucha en el territorio celestial.

-Demasiado tarde, Alice… La Reina ha podido controlar suficiente poder como para poder liberar todo nuestro poder y ser normales al ojo humano. Estos dos bichejos no nos servirán de nada-Masculló el Jabberwock.

Tras abandonar su “cuerpo recipiente” se vislumbró una bestia imposible de describir… Era de color negro azabache, de ojos dorados. Tenía unas grandes fauces llenas de filas de dientes, como los tiburones. También su pelaje era escamoso. Sus alas eran espantosas, recordando a las de un murciélago pero decoradas con motivos de telarañas.

-Mi turno-Susurró el Galimatazo.

Al abandonar el cuerpo, no se vio tan espantoso como el Jabberwock. Más que un monstruo, parecía ser un híbrido entre araña y mujer. Su pelo era violeta claro, y tenía ojos bicolores. Uno amarillo y el otro blanco. Se notaba que el que era de color blanco era de cristal. Su traje era violeta oscuro, y muy extravagante. Estaba decorado con un cuello de plumas de pavo real y con la cola del vestido llena de… ¿Qué era eso? ¿Escorpiones? Fuera lo que fuera, era asqueroso.

-No soy un “luchador” como mi amigo Jabberwock… Más bien, soy un monstruo psicológico…-El Galimatazo se acercó un poco a mí. Me daba mala espina…-¿Verdad, Alice? ¿Sabes por qué le tienes miedo al fuego? Eres una cobarde… Y siempre lo has sido. Nunca estuvieron orgullosos de ti, y Lizzie…-Tras decir estas palabras, le clavé la Vorpal Blade en el pecho. Nadie se atrevía a hablar mal de Lizzie en mi presencia, y nadie se atreverá-Oh… Esta espada… Mierda…-El monstruo empezaba a tener espasmos y a retorcerse. A duras penas pudo quitarse la espada del pecho-Es Vorpal Blade… La espada vencedora…

Alice torció la boca en un gesto de sonrisa tras escuchar al monstruo. Su espada tenía más poder, mucho más poder de lo que ella pensaba.

-Dale caña, Grifo… Yo terminaré de matar al Galimatazo, y Allen se adelantará a los otros enemigos próximos-Alice le hizo un gesto a Allen, él asintió y salió corriendo hacia las escaleras que llevaban a la habitación de la reina.

Primero Alice afilé a Vorpal Blade lo más rápido que pude. Se la clavé al Galimatazo numerosas veces.

-No sabes vencerme… Esto me debilita, ¡pero mi fuerza es ilimitada!-Una risa ronca inundó Wonderland.

Pensé, pero no tenía mucho tiempo. El Jabberwock desgarró su pierna izquierda. El Grifo no pudo detenerlo durante mucho tiempo, pues ya estaba muerto. Un par de lágrimas asomaron los ojos de la chica.

-Estoy sola… No, no puede ser… El Grifo…-Al llorar ella, ambos monstruos desaparecieron-¿Qué…?-Tras desaparecer ambos monstruos, el Grifo revivió. No comprendía esto, ni él. Pensé que lo mejor que podíamos hacer era buscar a Allen y poner fin a esto y volver al manicomio, aunque estuviéramos peor allí. Si quedábamos eternamente en Wonderland, al cabo del tiempo perderíamos la cordura, y acabaríamos como la Reina o incluso como el Sombrerero, y cualquier cosa menos eso…

Quedé frente al castillo. No sabía cómo demonios podría haber entrado Allen ya que conociéndolo podría haber subido por la ventana.

Recordó la llave del Sombrerero. La cogió, y abrió la puerta. Se encontró frente al vestíbulo. Tan solo tenía que subir unos pocos escalones y podría cumplir su sueño de volver a casa.

POV Allen

-Ya está aquí, mi reina-Sonreí de lado. Estaba frente a ella… Tanto tiempo buscándola y al fin.

-Perfecto… No has cambiado nada, Allen… Y ahora, ella también podrá ser uno de nosotros, ¿verdad?-La entrañable mujer abrazó tiernamente a Allen estrechándolo contra su pecho. Él con los ojos vidriosos de la emoción sonreía.

-Sí… Ella lo será. Sé que querrá…-Pronuncié estas palabras con énfasis y emoción. Entonces Alice irrumpió-Mierda… ¡Alice!

-Allen… ¿Qué haces aquí…? ¡Ah, ya sé! Matemos juntos a la reina… Justo como lo planeamos. Entramos juntos, y saldremos juntos-La sonrisa de Alice no era la típica sonrisa de diablo. Ahora era de ternura, de una niña deseosa de llegar a casa porque se había perdido. No podía negarme a ella, también… La quería tanto o más como esto, pero… No sabía qué hacer.

Alice miró a la reina, y lloró.

-Lizzie… ¿Por qué? ¿Por qué…?-Ese era el gran secreto de Allen y su relación con la reina. Ella era Lizzie. La hermana mediana de los Liddell y hermana favorita de ambos gemelos.

Un silencio incómodo llenó la sala.

-Me has estado engañando todo este tiempo… ¿Por qué? ¿Por qué?-La vi llorar de nuevo. No hacía esfuerzo por gimotear o algo. Solo lloraba sin hacer ruido. Era una de las cosas que me gustaban de Alice, odiaba ser importante.

-Verás, Alice… Rodha fue la primera reina, luego fue Violette y ahora me toca a mí. Todas fuimos Alice en su momento… Nosotras tres representamos a la Reina, Allen al conejo y tú… Tú eres el eslabón perdido de la cadena.

Eso le sentó fatal a Alice, pues se dio la vuelta. Hacía eso cuando de verdad se sentía mal, no quería que la miráramos a la cara cuando estaba muy triste porque se sentía débil. Ella no quería ser débil, quería ser fuerte.

-Me da igual lo que digas… Siempre has tenido el cariño de papá y mamá… El poco odio, por no decir nulo, que te tengo… Siempre tuviste que ser tú… Siempre…-Alice estuvo cerca de clavarle a Lizzie su Vorpal Blade, pero se lo impedí.

-Tendrás que pasar por encima de mi cadáver.

Aquellas palabras clavaron fuerte el corazón de mi pequeña hermana.

-Prepárate… Allen…-Alice estaba llorando más fuerte que nunca. Sabía que me apreciaba, pero tras decir lo que dijo, yo apreciaba mucho más a Lizzie. Ella lo era todo para mí…

POV Narrador

Alice estaba preparada. Ella tenía a mano la espada más poderosa del mundo y Allen la magia. ¿Qué podría vencer? Era como saber una disputa entre el Galimatazo y el Jabberwock.

Comenzaron a pelear, fue mucho más sangriento de lo normal.

Alice empezó a clavar a Vorpal Blade cerca de Allen, pero él no paraba de esquivarla. Provocó que el poder de Allen se liberara. Lanzó una bola de fuego contra Alice, que pudo apartar usando su espada como escudo. Sonrió al ver la reacción, al final sí que era poderosa aquél objeto.

-Estupendo… Pelead por mí… Y por el trono de la Reina o Rey de los Corazones, pues es ya la hora de morir… Sabía que este día llegaría tarde o temprano, y es hoy. Sea quien sea el vencedor… Espero que sea feliz, en el mundo de la fantasía-Lizzie dijo estas últimas palabras llorando, y desapareció.

-¡Lizzie…!-Allen lloró su desaparición. Después, pensó que solo podía quedar uno siendo el gobernador de los corazones color escarlata-Es tu culpa Alice… Tú no querías tanto a Lizzie como yo…-Allen se puso de rodillas ante Alice.

-Claro… Eres el perrito faldero de Lizzie, ¿verdad? ¿Tanto te cuesta admitir que HAS PERDIDO LA BATALLA?-Alice se había vuelto más cruel y más ruin. Ya no tenía a nadie-Ganaré esta batalla para demostrar el cruel reinado de mis hermanas… Y también para demostrarte lo traidor y perro que eres-Entonces Alice me clavó Vorpal Balde en el pecho.

-Pensé que me querías, Alice…-Bajé la mirada hasta encontrarme con la daga clavada.

-Yo también, Allen. Este es el día que recordaremos como la mayor traición de nuestras vidas-Una sonrisa atravesaba el rostro de Alice como la daga en mi pecho.

-No quería… No quería decepcionar a Lizzie…

-Lizzie, Lizzie, Lizzie…-Por cada vez que la nombraba, me clavaba de nuevo la daga. La sacaba y se la volvía a clavar cada vez en un sitio distinto. Entonces, ya había muerto.

POV Narrador

Una criatura se movía entre las sombras, era el Galimatazo.

-Hola Alice… ¿Has tenido suficiente valor como para matar a la persona que más quieres en el mundo…? Podrás… ¿Vencer al Galimatazo?-La mujer reía de nuevo.

Entonces Alice se dio la vuelta asustada. Al encontrárselo soltó un gritito ahogado. El Galimatazo en verdad era demasiado poderoso. Ni todas las criaturas de Wonderland, excepto el Grifo, podían compararlo en fuerza. Él había controlado a Lizzie y demás monstruos. En verdad todos eran buenos por dentro, pero el Galimatazo, alimentado de las pesadillas y miedos de las personas pudo desarrollar una mayor fuerza.

-…-Alice se había quedado sin palabras. Pero empezó a llorar de nuevo, no quería morir a manos de algo tan ruin como un monstruo. Le clavó la daga repetidas veces, pero el monstruo no moría. Tenía que haber una forma… Hasta que se le ocurrió una genial idea. El monstruo tenía gran poder, pero se cortaba justo cuando la daga lo tocaba. ¿Y si enganchaba al Galimatazo a la pared por la espada? Eso podía funcionar.

-¡Agh!-El Galimatazo gritó de dolor y agonía. Alice venció, pero vio que el Galimatazo seguía vivo-Sigo viva… ¿Eh? No te esperabas esto… Sé que tienes miedo, mucho miedo. ¿De quién tienes miedo, Alice…?-En un acto reflejo, le arrebató la espada a Alice y se la clavó a ella. Alice había muerto, pero finalmente dijo unas últimas palabras.

-De ti, tengo miedo de ti.

El Galimatazo sonrió. Había cumplido el objetivo por el que había nacido: Gobernar en Wonderland y arrebatarle el poder a la reina. Al fin podía reinar.

Pero no, no era así. Matando a la familia Liddell, había consumido toda la imaginación y fantasía de Wonderland. Por algo se llamaba Dreamland. Si no había humanos allí de vez en cuando, no podrían hacer nada para mantenerlo vivo. Eran ellos los que mantenían Wonderland. Ahora se podía llamar Dreamland, pero ya no existiría.

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