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Reinado Sombrío

EG: Reinado Sombrío es el cuarto fic creado por Seicer que tiene lugar en el mundo de Equestria Girls pero tomado desde la perspectiva de uno de los posibles futuros mostrados en la serie Friendship is Magic. El fic es de una indole de aventura situados en un mundo al borde del caos.

Han pasado unos años desde que esta guerra estalló tomando a cada persona del mundo como arma, codo a codo, luchando para proteger lo que todos creen que es la libertad. El Rey Sombra, un soberano que se creia solo leyendas logró tornar una pacifica vida en un caos absoluto, incluso los estudiantes de todas partes del mundo se han alistado para combatir, ayudar en suministros o entrenarse en misiones especiales.

Los diversos grupos que se han formado desde ese entonces han ido desapareciendo hasta solo quedar pocos exponentes de cada uno, exponentes que buscan pasar su legado antes de que llegue el momento de su desaparicion completa. Nadie sospechaba que el destino quedara en manos de los mas jovenes, de hecho se creia que el conflicto no duraria tanto pero ya no queda esperanzas de que esto termine. Se ha perdido toda esperanza, todo simbolo que la representaba ha muerto de forma violenta o de una forma mas sutil pero no por eso ignorada por el resto de quienes siguieron combatiendo.

¿Que he ganado? ¿Que he perdido? ¿Acaso eso importa para la sociedad?. A los ciudadanos no les importa que se pierde o que se gane mientras esta guerra continue, no se sabe que puede pasar al otro dia o si alguien atacará alguna ciudad alejada. El mundo ya no es tan seguro como antes, por eso necesita de soldados, de personas en quienes puedan confiar la vida de sus hijos.

Los territorios se pierden a cada segundo, lo que antes era un ejercito ahora es una patetica excusa de soldados que apenas saben resistir una escaramusa sin dispersarse como pajaros asustados. El fin nos llegará un dia u otro, si no encontramos a personas mas capaces y mas fuertes, he abandonado mucho para llegar a donde llegué y no pienso darme por vencida tan facil, aunque pierda mi otro brazo lograré la victoria.

Diario de Rainbow Dash. Noviembre. Año cinco del gobierno del Rey Sombra. Campo rebelde a las afueras de Canterlot.

Capitulo 1: Los Reclutas

El campo de los rebeldes como asi eran llamados por la dinastia Sombra era un lugar precario que apenas parecia un lugar de milicia. Consistia en tres galpones abandonados que anteriormente habian sido lugares de produccion industrial, este lugar no era fijo, semana a semana los rebeldes se movian a otros sitios mediante largas caminatas aumentando el riesgo de una emboscada pero disminuyendo un ataque inminente. Canterlot habia resistido durante mucho tiempo la invasion de la nueva dinastia reinante pero hacia unos meses habia sido completamente destruida y abandonada, los rebeldes vieron entonces una oportunidad de adentrarse a territorio enemigo sin ser descubiertos. Los galpones eran lugares adecuados para albergar grandes cantidades de gente, aunque solo habia unos pocos soldados y muy mal preparados para una batalla, de hecho quien estaba al mando de aquella tropa era Rainbow Dash a quien todos se referian como General Dash. Aun asi, no era un paraiso ni para Dash ni para sus hombres, el clima era hostil, con lluvias diarias de una duracion intermitente y los desgastados techos de los galpones dejaban entrar el agua, tampoco habia mucho pavimento por lo cual era habitual verlos caminar en el lodo haciendo mas extenuante su vida diaria.

Dash habia sido soldado desde niña ya que al estallar el conflicto ella no pudo estar lejos de este y fue una soldado raso desde pequeña edad, cosa que le hizo abandonar sueños e ilusiones, madurar rapidamente hasta convertirse en una mujer muy imponente y con mucha autoridad. Sus cicatrices una que cruzaba su ojo derecho y otra que bordeaba su cuello eran señales para los novatos de que a pesar de su edad ella estaba al mando, lo que a todos dejaba pasmados era su brazo izquierdo, el cual consistia de una protesis de metal. Habia rumores de que habia algo mas en la muchacha que se ponia al hombro a toda una division, un rumor de que tenia poderes especiales como "El Tirano" y que de cierta forma estaba destinada a vencerlo. Lo que con verguenza ocultaba Dash era que habia perdido tambien un ala en el mismo incidente que le dejó dependiendo de una chapa para tomar cosas. Por lo cual al oir del tema rapidamente se volvia abrasiva, obligando a los soldados a callarse.

No estaba sola, habia otras dos muchachas de su edad que eran temidas por todos, incluso la propia Dash se habia rehusado cuando le asignaron aquella custodia de tan mala fama. Las fuerzas especiales era un tema que nadie tocaba, ajenas al ejercito formado, se habian hecho conocidas como armas humanas de gran potencial y por sobretodo frialdad absoluta. Asesinatos, espionajes, sabotajes, muertes masivas, explosivos, torturas. Eran lo referente a todo lo que a un soldado le parecia una ofensa, pero a la vez eran mas capaces que muchos hombres juntos. Hasta el momento solo dos de sus miembros se habian dado a conocer, y eran los unicos dos que Dash conocia. Sus rangos eran simples numeros que databan de su experiencia, el P-0 era la oficial superior de operaciones especiales Pinkamena "Pinkie" Diane Pie junto con su hermana M-1 agente interna de operaciones especiales Maud Pie. Poco se sabia de ellas, pero los rumores de que habian asesinado a mas personas que ningun otro ser sobre la tierra colmaban de rumores los galpones rebeldes.

Rainbow: Hoy llegan los reclutas...

Pinkie: Hmm...

Rainbow: ¿Hmm que?

Pinkie: No me gusta hacer de niñera de nadie, y siempre me asignas a los mas llorones...

Rainbow: Tu deber es seguir mis ordenes ¡Sin cuestionarlas!

Pinkie: Hablas con una oficial superior a ti, cuida tu lengua antes de que la arranque...

Maud: Ustedes dos, dejen de pelear como niñas, tenemos trabajo...

Pinkie: Otra que se cree superior, eres mi hermana pero la proxima recuerda para quien trabajas...

Rainbow: Y tu recuerda tu mision, aqui mi palabra es una orden no al revez...

Maud: Dije que nos vamos...

Las tres oficiales se dirigion al galpon principal donde aguardaban los reclutas, algunos parecian adultos temerosos otros aparentaban ser rudos, tambien habia niños como de costumbre. Cosa que no sorprendia a nadie desde hacia tiempo la poblacion habia disminuido y quienes eran capaces de huir se alistaban a la rebelion quienes no enviaban a sus hijos para tratar de salvarlos sin saber que muchas veces los abandonaban al enviarlos a un infierno de dolor.

Rainbow: Nadie habla sin que se lo ordenen, aqui mando yo y mi palabra es lo unico que deben seguir...

Hombre: No seguire a una niña que se cree superior a mi...

Rainbow estaba por intervenir pero fue Pinkie quien de un rapido movimiento golpeó al charlatan con un puñetazo para luego derribarlo en una llave, la pelirosa tomó uno de los sables que acostumbraba a portar en su espalda y lo apuntó a la garganta del hombre dejando a todos los reclutas sorprendidos y a la vez temblando, no se esperaban que una niña a los ojos de todos pudiese ser tan intimidante y si asi era una desconocida ¿Que podrian esperar de un general? Las burlas y cuestionamientos cesaron mientras quien habia iniciado el conflicto suplicaba por su vida.

Pinkie: General... ¿Que hago con este?

Rainbow: Sueltalo, aprendera por las malas, tú has cien lagartijas y ni una menos, o dejaré que la pelirosa te corte la garganta...

Hombre: ¡Si General como usted diga!

Pinkie guardó su arma y se dirigio a su posicion anterior al costado derecho detras de Dash, antes de tomar su posicion original le susurró a Dash que era demasiado blanda y que no olvidase aquel favor prestado. Cosa a lo que Dash respondió con un grunido mientras los demas reclutas prestaban atencion sus asignamientos.

Rainbow: Los que sean inteligentes iran con Maud, ella les enseñara sabotaje y como pentrar sistemas informaticos. Los que vengan a luchar se forman conmigo y quienes crean tener lo necesario van con Pinkie, ella les enseñara el arte del asesinato.

Pinkie: "Arte" Raro en ti Dash... finalmente aprecias mi talento.

Rainbow: Cierra la boca y has tu trabajo, no quiero que estos inutiles crean que somos un ejercito con problemas internos...

Pinkie: Lo que digas...

La mayoria de reclutas fueron con Rainbow, como era evidente muy pocos se animaban a cruzar la linea y alistarse a las fuerzas especiales. En general porque nadie soportaba sus entrenamientos o preferian ocultar su miedo a matar en algo que fuera mas general sin mucha personificacion de la muerte. Sin embargo, dos niñas de menor edad a la de Pinkie se acercaron junto con dos jovenes mas grandes. Las niñas miraron a Pinkie, ese cabello lacio y rosado junto con esos ojos que no mostraban remordimientos bastaron para intimidarlas y hacerlas retroceder unos pasos, Dash le sonrió a Pinkie haciendo que esta le devuelva la sonrisa, nuevamente le tocaba hacer de niñera y aquello le molestaba de sobremanera. Maud parecia tener a los mas debiles fisicamente, Dash a un grupo de inadaptados y ella a las sobras que nadie queria acojer sobre su ala.

Pinkie: Acompañenme y no se separen, como si fuera dificil, otra vez me tocan niñatos...

Apple Bloom: ¡No soy una bebe!

Pinkie: ¿Que has dicho? ¿Acaso pedi tu palabra?

Apple Bloom: No...

Pinkie: Tienes agallas, para responderme y seguir como si fuera habitual. Quizas no sean tan inutiles como pensé...

Pinkie les condujo a un galpón el tercero que habia, mientras los nuevos tomaban asiento en las camas del lugar notaron que no habia nadie. Pinkie sacó cuatro libros y les hizo leer, ya que debian conocer en donde se estaban metiendo y para quienes jugarian en aquella batalla. Apple Bloom y Swetie Bell su amiga quien se habia unido a ella para darle apoyo leyeron atentamente mientras los otros muchachos hacian lo mismo por su cuenta, Pinkie se conformo de que al menos los nuevos sabian cumplir ordenes al pie de la letra.

No somos ejercito, ni tampoco estamos obligados a salvar sus vidas. Las Fuerzas Especiales solo se rigen por sus propios intereses, el bando o el resultado no interesan. Debemos ser audaces, fuertes y mentalmente preparados, sin piedad. Un amigo puede ser un traidor, nada de amistades incluso entre el mismo equipo, todos son prescindibles solo importa tu vida la de los demas es circunstancial.

¿Cuando salvar al otro? Si es un oficial importante de gran inspiracion para la sociedad, si es necesario para una mision interna, si es tu oficial al mando. Otras razones que afecten la integridad de la mision no se permiten, si tu incompetencia atrasa al grupo y lo hace caer en su muerte no sera tolerado. No debes seguir mas ordenes que la del oficial al mando, si tu lider de equipo te ordena ejecutar a alguien debes hacerlo porque asi lo requieren las condiciones.

¿Por que bando peleamos? No somos rebeldes, tampoco somos leales a algun reino. Nos movemos entre las sombras, un dia uno el otro puede que matemos a nuestros antiguos empleadores. Las alianzas se forjan en relacion a lo que nos beneficia, es cierto que tenemos un gran resentimiento al Rey Sombra. Sus obsoletas reglas y su prohibicion a la tecnologia es algo que no estamos dispuestos a perdonar, pero tambien sabemos que los rebeldes no aseguran el retorno de una sociedad tecnologicamente desarrollada. Debemos jugar en las sombras y atacar cuando veamos la oportunidad. Solo importa el bien de la organizacion.

Abandona tu nombre, desde ahora formaras parte de una letra y un numero superior a ti y a tus antiguas leyes. Desde ahora seras un soldado fiel a la causa, nada de arrepentimientos. Si has leido este libro, tu destino ha sido decidido, revelar sus secretos o negarte a seguir se castigaran con la ejecucion. Nada de errores, no se perdonan, pero si eres util y demuestras tu propio valor podras ascender hasta convertirte en un miembro independiente que sea alistado a una posicion mejor.

Libro 0. Origenes de las Fuerzas Especiales.

Pinkie aguardó una respuesta o un cuestionamiento, esperaba cualquier cosa, solo para ejecutar las ordenes de aquel libro. Un silencio absoluto, nadie comentó ni negó querer seguir ese camino, Apple Bloom habia quedado perturbada por tales revelaciones pero su amiga la miró para tranquilizarla. Todo estaria bien si lograban soportar el entrenamiento y para el final del dia se olvidarian de sus sentimientos como el libro explicaba. Pinkie satisfecha comenzó a hablar.

Pinkie: Desde hoy son el R1 equipo de provision y reconocimiento, yo seré su oficial al mando. Estan bajo mis ordenes, Dash no tiene jurisdiccion en ustedes, solo siguen mis ordenes y se refieren a mi como su superior. Nadie tiene permitido hablar con alguien externo a esta organizacion, solo si son autorizados por mi. Las amistades no se entablan, se fingen, fingimos todo. Dolor, angustia, amistad, enojo. Fingir es lo que hacemos. Nadie puede leernos, nadie debe saber nuestras verdaderas emociones, solo nosotros mismos. Nada esta seguro... Ahora empezará su entrenamiento, aqui y ahora, debajo de sus camas tienen su uniforme, junto con las indicaciones de las rutinas. Deben memorizar y quemar esas rutinas en diez minutos y todos los dias realizar los ejercicios a la hora exacta con la duracion correcta. Solo interrumpimos entrenamientos si surje algo especial.

Apple Bloom: Las rutinas mencionan asesinatos, ¿Pero con que se practica?

Pinkie: Buena pregunta, practicaran con un campamento enemigo a doce kilometros de aqui. Es una sola oportunidad que esta en esa rutina para que se adapten, un asesinato real sirve para limpiar sus mentes de distracciones. Matar o morir, y realmente espero que elijan la opción adecuada.

Capitulo 2: El Entrenamiento

Dash llevó a sus reclutas a campo abierto iniciando con formar una fila para luego mostrarles una pista de obstaculos. Los mas jovenes irian primero luego los mas adultos, uno tras otro y si caian antes de completarla volverian a la fila. Era una mision nada sencilla, requerian equilibrio, fuerza de agarre, fuerza de piernas, resistencia general y capacidad de salto, un paso en falso y el lodo los esperaba para llevarlos de nuevo a fila para otro tortuoso intento. Dash no sabia que clase de cosas haria Pinkie con sus reclutas, seguramente les enviaria a la muerte como hacia unos meses cuando los posibles reclutas fueron aniquilados por el enemigo ya que Pinkie primaba la supremacia en lugar del esfuerzo. Maud seguramente mantendría aquel perfil bajo, siempre a la sombra de su hermana, manteniendo a sus reclutas en pleno secreto hasta que fuese el momento necesario. Dash muchas veces creia que Maud simplemente holgazaneaba, ya que sus reclutas apenas veian la luz del dia, pero en realidad habia comprobado que de algo servian cuando siempre que el enemigo estaba por llegar Maud los desviaba usando a sus recluta como espias sigilosos y saboteadores fugaces, pero no habia tiempo de pensar en otras fuerzas, debia entrenar a su peloton y estos hombres, mujeres y niños no eran superdotados o algo similar, requeriria de mucho tiempo y esfuerzo.

Rainbow: Al sonido del silbato, corren. Trepan ese muro inclinado, si no lo logran en tres intentos vuelven a la fila, luego saltan y se agarran de esa cuerda, es una dura caida tengan en cuenta la fuerza del salto, pasan de soga en soga en total son siete, luego descienden a la plataforma y se aferran al cilindro, los hara girar con fuerza ni piensen en soltarse. Luego simplemente escalan esa red y para finalizar hacen diez lagartijas en la plataforma mas alta. Si lo logran pueden volver a la fila a mejorar su tiempo o tomarse el resto del dia, eso si, no nos gustan los perezosos o presumidos. ¿Entendido?

Todos: ¡Si General!

La primera en pasar fue Scootaloo una joven niña a quien nadie le daba esperanzas, pero cerró la boca de todos cuando en su primer intento completó el circuito y no conforme con su resultado volvio a la fila para intentar mejorar su tiempo. Los que pasaron despues de ella fracasaron en distintos tramos, todos lograban pasar el muro pero a partir de ahi, su fuerza disminuia cayendo entre el tercer y cuarto obstaculo. Melisa fue una de las primeras adolescentes en intentar el circuito e igualó a Scootaloo en el tiempo, convirtiendose en la segunda en superar aquel tortuoso circuito, algunos hombres y mujeres pudieron terminarlo pero en un ritmo mucho menor que las dos muchachas. Cada vez que pasaban, rompian el tiempo anterior, inspirando a los soldados. Al final del dia, luego de siete repeticiones todos estaban exhaustos incluso las dos sobresalientes, aunque lejos de demostrarlo seguian con una sonrisa desafiandose mutuamente.

Scootaloo: La proxima volveré a quebrar tu record...

Melisa: Prepárate para mi siguiente tiempo record, lo pasaré en menos de cuarenta segundos...

Rainbow: Es suficiente por hoy, han hecho un excelente trabajo, ustedes dos, un paso al frente...

Melisa y Scootaloo fueron con el general mientras que todos los demás se retiraron por ordenes de Dash, queria estar a solas con ambas muchachas y darles una devolucion mas relajada sin tener que seguir con aquel aire de firmeza que tanto espantaba a los soldados.

Rainbow: ¡Eso fue increíble! En mis años de experiencia, nadie había superado el circuito en su primer intento ni roto su record siete veces seguidas. ¿De donde vienen reclutas?

Melisa: Una ciudad muy lejana, ya no existe en los mapas, incluso su nombre se perdió...

Scootaloo: Yo provengo de la antigua ciudad de Ponyville, mis amigas y yo vinimos de ahi, pero ellas eligieron fuerzas especiales...

Rainbow: Ya veo, deberán pulir un poco sus técnicas pero para ser un primer día me han dejado asombrada. Regresen a los cuarteles, están a solo un paso de convertirse en mujeres de gran valor, y yo premio la valentía, la lealtad y el coraje. No como Pinkie a quien solo le interesa la excelencia, han hecho bien en elegir el ejercito... Ahora descansen, mañana comenzaremos el entrenamiento de batalla...

En el ultimo galpón Maud se presentaba ante los nuevos reclutas, habia algunos hombres que parecian ser veteranos al servicio de la muchacha y simplemente seguian moviendo cables en complejos sistemas de computadora sin prestar mucha atencion a su entorno. Maud comenzó a hablar con su particular tono de voz, apagado y sin mucha emocion por el asunto, los reclutas pronto se sintieron mas tranquilos al ver que no era tan exigente como Dash o tan intimidante como Pinkie simplemente parecia ser el punto intermedio entre ambas.

Maud: Bienvenidos, como han elegido esta rama se han aislado de complicadas batallas y asesinatos sangrientos. Como todos dirian son unos mediocres que no sirven para un campo de batalla abierto, pero no crean que es mi pensamiento. Ustedes son muy necesarios, desarrollaran muchos elementos que pueden inclinar la balanza y pondran a prueba hasta al guerrero mas fiero. No importa que sus musculos no funcionen, mientras el cerebro les mande señales seran de utilidad para todos...

Un mosquito diminuto se posó sobre el dedo de Maud luego clavó lo que parecia ser un fino hilo de metal al reloj de la muchacha para luego seguir volando por el lugar sin hacerse notar en lo mas minimo, el movimiento fue sencillo, rapido, tan sutil que pocos lograron ver a la criatura y lo que hizo, para ojos novatos habria parecido que Maud simplemente habia mirado su reloj por dos segundos.

Maud: Como ven, ahora tengo acceso a todos sus datos. Solo una pequeña muestra de ADN de cada uno y un perfil me fue habilitado, con un simple movimiento puedo saber todo de ustedes, sus gustos, sus fuertes, sus debilidades. Esto es lo que hacemos aqui espionaje sutil, rapido, preciso.

Sonata: ¿Pero no era que la tecnología se habia prohibido?

Adagio: ¡Claro que si tonta! Por eso estamos en vertederos...

Aria: Si dices la verdad, ¿Por que no demuestras tu supuesta información?

Maud: Sonata, Adagio, Aria. Provenientes de otra dimensión, desterradas por incumplir con las reglas de su raza original, aspecto humano que puede evolucionar gracias al rencor ajeno. Adagio la líder natural, inteligente y estratega. Aria, quien aspira el puesto de Adagio pero no tiene la influencia requerida. Sonata, la que menos se les parece, obligada a compartir su condena pero no a seguir sus costumbres...

Sonata: ¡Creo que nos leyó la mente!

Adagio: Pero como puedes ser tan... ahg olvidalo...

Aria: Te creemos, continua.

Maud: Todos tienen sus relojes... ahora les explicaré que tienen de especial. Primero, apretamos en el boton de la derecha y se abriran los perfiles de todas las personas disponibles, muertas, vivas o en estado desconocido. Cada una con una informacion detallada de costumbres, lugar de origen, gustos y datos de interes. Ahora apretamos el boton de la izquierda, este nos da una vista del interior de la base, podemos programar la hora exacta y sabremos quienes sabotean el trabajo ajeno, quienes trabajan y quienes no han abandonado la base. Todo se filma gracias a roca ¿Creian que era una simple piedra sobre la mesa? No, es por asi llamarlo nuestra mascota, puedo irme pero en un movimiento sabré quienes no estan trabajando. Ahora apretamos el ultimo boton, este es un comunicador, apretamos una vez y podran comunicarse con cualquier individuo que posee este reloj, es decir, con su equipo y conmigo su superior. Si lo apretan dos veces, se comunicaran con Pinkie, podran informarle sobre un lugar enemigo o un posible punto de emboscada. ¿Preguntas?

Adagio: ¿Que hay de la general Dash? ¿Cual es nuestro trabajo?

Maud: La general Dash no tiene porque importar, aqui solo sirven a las Fuerzas Especiales, el ejercito rebelde no tiene jurisdiccion. Nadie nos ordena, aqui nosotros nos manejamos por cuenta propia... El trabajo es sencillo, aprenderan a armar circuitos, desarmarlos, utilizar herramientas, estudiar formulas, sabotear documentos, falsificar letras, planificar ataques clave. Toda la tarea de inteligencia depende de cada uno de nosotros, tambien aprenderan las bases del asesinato. Todo agente de inteligencia requiere saber matar y saber cuando su vida es peligrosa para la mision. Todo lo que aprendan es un secreto de alto rango, si llegan a ser capturados, deberan morir, tambien se prepararan fisicamente y mentalmente para enfrentar torturas e interrogatorios, pero Pinkie ayudara con eso...

Sonata: ¡Pinkie! ¡No todo menos ella!

Maud: Eres graciosa, creo que te adaptaras bien aqui. Ahora todos comiencen a estudiar la lista de sus relojes, deberan memorizar los rostros aliados y enemigos, un espia puede infiltrarse y aparentar ser su mejor amigo. Deben memorizar todo para usar incluso las alergias como un arma para detectar intrusos, este es un trabajo duro aunque no lo paresca. Dormimos de dia, trabajamos toda la noche, asi nuestro secreto es tan prioritario como nuestra mision.

Entre todos los reclutas de la unidad habia alguien que a Maud le llamó la atencion, un joven de ojos azules y cabello plateado, que llevaba unos googles de aviador en el cuello y un collar que caia hasta el pecho dejando notar un zafiro distintivo que lo diferenciaba del resto de reclutas. Utilizaba un cuchillo mariposa como una herramienta de trabajo pero sus movimientos daban a entender que podia usarlo como arma si se lo proponia, no era muy brillante pero tenia su talento. Un talento que Maud se enorgullecia de pulir de la unica forma que sabia, poniendo a un talentoso en compañia del peor del lugar para que se esfuerze el doble. La tarea sencilla de desarmar y armar un transmisor habia dado como mejor tiempo de los novatos a aquel muchacho y como peor tiempo a Sonata, era hora de anunciar los grupos de trabajo de aquella semana.

Maud: Tu niño, aqui dice que te llamas Silver ¿Estoy en lo correcto?

Silver: Si, es correcto.

Maud: Bien, trabajaras con Sonata, ahora muevete y ve a conocer a tu compañera.

Silver apenas escuchó los otros grupos, para él era una tortura trabajar en equipo y si bien no habia husmeado en los demas sabia que aquella chica de cabello azul habia sido uno de los peores tiempos. Se acercó con sus manos en los bolsillos, confrontando con aquellos ojos, parecia anunciar que si su compañera hacia algo mal no dudaria en cortarle el cuello con aquel cuchillo que usaba. Era de cierta manera intimidante pero la muchacha no parecia pensar aquello, simplemente sonreia de tener a alguien con quien charlar sin necesitar una excusa. Adagio y Aria fueron puestas en el mismo equipo, aunque eran grupos individuales de dos personas, parecia haber un sub grupo de cuatro en aquel rincon del galpon aunque Maud no pensara igual.

Sonata: ¡Wow! ¡Tengo al mejor chico de la clase!

Adagio: Esto no es una clase Sonata, estamos en guerra y tu tomas todo de manera infantil...

Aria: Es evidente de que tienes a ese compañero porque eres la peor y solo van a humillarte mas de lo que has hecho hasta ahora...

Silver: ...

Adagio: Creo que esta mudo o algo, lo que sea, solo quiero matar a alguien...

Silver: ¿Matar? Creo que estas en el lugar incorrecto...

Adagio: Se en donde estoy, aqui se hacen explosivos, los mejores que se conocen. Disfrutaré cuando alguien muera al pisar una de mis trampas...

Silver: Sigo pensando en que elegiste mal...

La elección podia cuestionarse, lo cierto era que quienes habian elegido a Pinkie aun seguian con aquel tortuoso entrenamiento. Si alguno se excedia o se detenia antes de tiempo, debia pelear contra los otros reclutas solo para que aprendiera la leccion. Pinkie se tomaba muy enserio la excelencia de su grupo, para ella cualquier error era una ofensa personal que se castigaba con sangre. Apple Bloom habia recibido ya tres combates contra sus compañeros, Swetie Belle dos, los otros muchachos solo una vez habian errado en sus calculos. Todos parecian volverse mas serios a cada minuto, abandonando su antigua personalidad, odiando ver que de su interior brotaba sangre.

Pinkie: ¡Vamos! Deben demostrar porque somos las Fuerzas Especiales y no ese monton de payasos del ejercito, aunque les duela, aunque sangren, deben pensar en sus miedos y hacerles lo que les hicieron a ustedes. Golpeen, pateen, concentracion ante todo. Sean mortiferos, sean una verdadera maquina, deberan matar y para eso deben prepararse. ¡Nada de sentimentalismos!

Apple Bloom habia tomado una decision, ya no queria ser vista como una fracasada por lo cual decidió lo impensable. En medio de la rutina de saltos se detuvo, desafiando a su lider a un combate sin armas. Pinkie aceptó mostrando una sonrisa que no se veia muy a menudo, arrojó sus armas al suelo mientras su contendiente hacia lo mismo con las recien obtenidas.

Pinkie: Alguien con agallas, pero no sirven de nada si no sabes justificar tus actos. ¿Por que haces esto?

Apple Bloom: No soy una niña tonta, estoy cansada de que siempre me menosprecien... aunque muera voy a quebrarte unos cuantos huesos...

Pinkie: Adelante, intenta golpearme...

El combate duró poco tiempo, de hecho los ojos de los reclutas apenas captaron lo que habia pasado, luego de lanzarse hacia la pelirosa con furia la chica habia sido repelida con una fuerza tan impensable que chocó con el muro del lugar causando un fuerte ruido metalico. De sus labios brotaba sangre, habia sido un violento impacto en el rostro el causante de su posterior aterrizaje, Pinkie apenas se habia movido. Todo ocurrió en un instante, rechazó el ataque con un bloqueo para luego al ver la defensa descuidada atacar con un poderoso impacto que habia causado un daño grave en su oponente. Pero estaba viva, Apple Bloom tosió poco despues para incorporarse forzosamente, Sweetie habia pensado en ayudarla pero al ver el rostro de Pinkie desistió de la idea. Si intervenia acabaria en fuego cruzado.

Pinkie: Defensa, la segunda lección. Tambien habias fallado, les remarqué que era importante. ¿Ves ahora? Si hubiese aplicado mas fuerza tu craneo habria salido por la pared, tienes suerte de ser una recluta y no un objetivo para exterminar...

Apple Bloom: No me tomas enserio, nunca lo hacen...

Pinkie: Si no te hubiese tomado enserio no hubiera bloqueado ese golpe, pero lo hice porque habias aprendido como golpear el cuerpo, esa leccion habia sido tu fuerte. ¡Claro que te tengo en cuenta! Eres una de mis aprendices y si no te tuviera en cuenta ya te habria degollado. ¿Sabes porque no hay nadie aqui? ¡Porque nadie aguanta lo que ustedes aguantaron! ¡Todos se rinden a las dos horas y tengo que decapitarlos! Pero son diferentes, no son esos niños que siempre vienen. Aguantaron todo un dia y ya estan listos...

Apple Bloom: ¿Listos para que?

Pinkie: Para su primer mision, su prueba de fuego...

Capitulo 3: Examen Final

Un campamento enemigo habia sido localizado por los agentes de Maud en las cercanias, al parecer habia un grupo numeroso de individuos que podrian representar un problema y un pequeño asentamiento donde se concentraban. Pinkie habia visto esto como una oportunidad para probar a los nuevos y asegurarse de que fueran verdaderos aspirantes a las fuerzas. Dash no sabia nada de esto, ya que ella tenia ordenes de entrenar a sus reclutas y jamas se habia involucrado en saber lo que Pinkie o Maud hacian, ya que si bien habian sido asignadas para protegerla eran independientes a sus ordenes y actuaban con total libertad. Maud habia desplegado a cuatro agentes para que actuaran de soporte, estos cuatro no eran nada mas y nada menos que los novatos mas notables, el equipo de Pinkie tenia ordenes claras, asesinar a todo el que se interpusiera en el camino y escapar con rapidez ya que mientras ellos asesinaban el equipo de Maud se encargaria de eliminar la base con una carga explosiva. Maud y Pinkie no estarian allí supervisarian desde la base y si alguno fracasaba habian expresado que se encargarian de asesinarlo en persona frente a los demas involucrados, solo para imponer aquella disciplina sin alma de la que tanto de jactaban.

Sweetie y Apple Bloom se dirigian por una senda de densa vegetacion, para atacar con el mayor sigilo, poco les importaban los demas miembros de su equipo, solo querian asegurar su propia supervivencia. Tanto Apple Bloom como Sweetie habian luchado contra la otra en desigualdad, lejos de guardarse rencor entendian que habian sido ordenes y aquellos golpes ahora las hacian mas fuertes, incluso se miraban con amistad pero una amistad mas controlada y profesional. Habian cambiado en tan solo un dia, ya no eran las dulces jovencitas, ahora parecian socias en una guerra que detestaban.

Sweetie: Ahi hay uno...

Apple Bloom: Tambien hay dos mas...

Sweetie: ¿Cuello o cabeza?

Apple Bloom: Debemos tratar de no causar revuelo, creo que una muerte rapida seria lo ideal...

En total eran tres hombres, las armas de aquella guerra eran medievales para ambas muchachas, la prohibicion de toda tecnologia obligaba a un combate cuerpo a cuerpo. De hecho las fuerzas especiales enseñaban a odiar aquel acuerdo antes de aprender a matar, era al parecer una de las metas mas deseadas acabar con aquel acuerdo y retomar un mundo moderno. Apple Bloom se acercó por detras del primer hombre para luego atraerlo con fuerza a la maleza y cortar su cuello, su compañera hizo lo mismo con el segundo. El tercer hombre en pie notó que algo extraño pasaba, de la maleza Sweetie emergió frente a él haciendo que este bajara la guardia para avanzar hacia ella, en aquel instante Apple Bloom pudo abordarlo por la espalda y terminar facilmente con su vida.

Sweetie: Lección cuatro, distracción.

Apple Bloom: Lección uno, sin piedad.

Las dos compañeras continuaron con su campaña de masacre, limpiando sus armas, dos cuchillos largos cada vez que mataban a uno. Habian aprendido que el rastro de sangre puede perjudicar a un asesino al dejar un camino que seguir, y limpiando el arma frecuentemente distraerian la atencion de sus enemigos. En total asesinaron a mas de la mitad del escuadron enemigo, siendo estos unos treinta sujetos de los cuales no tenian mucha informacion. Pinkie les habia dicho que no importaba el nombre, la edad o la funcion del oponente, solo importaba un buen corte en el lugar correcto. Los dos compañeros restantes se reunieron con ellas en el punto previsto fuera de la edificacion principal, anunciando que habian matado a otros treinta sujetos y que solo quedaban los que estaban en el fuerte. Aquello era problema del otro escuadron, por lo cual se retiraron sin dejar rastros, terminando incluso mas rapido de lo previsto.

Silver, Sonata, Aria y Adagio se encargaban de colocar los explosivos en la fachada del fuerte. Maud les habia informado que solo debian colocarlos, ya estaban armados y serian detonados cuando su reloj llegara a cero. Al comenzar no pudieron evitar toparse con los cuerpos de las personas que estaban desparramados a su alrededor. Parecia que una maquina hubiera arrasado con todo a su paso dejando solo una eterna cantidad de cuerpos dormidos.

Silver: Esta masacre que se montaron, es sin dudas, escalofriante...

Aria: Esos chicos no tienen corazon, tampoco parecen tener remordimientos en dejarlos tirados para que exploten con todo lo demas...

Adagio: Son asesinos, solo hacen lo que saben.

Sonata: Yo creo que se excedieron un poco...

Cuando finalmente colocaron todos los artefactos, Adagio y Aria se dirigieron al punto de reunion, mientras que Silver y Sonata supervisaban que todo estuviera en orden como lo habia dictaminado Maud. Fue la chica quien tuvo dificultades cuando uno de los cuerpos aparentemente muertos la tomó de su pierna sin intenciones de soltarla. La herida de aquel soldado habia sido poco profunda y en lugar de ser en la garganta como la mayoria habia sido en el pecho, un error fatal en aquellos momentos.

Soldado: No te dejaré ir, no tienen armas solo son manuales. Pagaran por su traicion, moriras conmigo en la explosion.

Sonata estaba a punto de gritar cuando Silver clavó su cuchillo en la cabeza del sujeto, matandolo en el acto y tapando con su mano la boca de su compañera. Era cierto que su unidad era simplemente manual, pero Silver tenia la autorizacion de llevar su cuchillo ya que era su herramienta de trabajo para cualquier imprevisto. Sonata se tranquilizó mientras salian del rango de los explosivos y se adentraban en la extensa maleza.

Sonata: ¿Porque me salvaste? "Todo capturado debe ser eliminado"

Silver: No estabas capturada, entre matarte a ti y que gritaras alertando a todos y matarlo a él que apenas se podia mover era mas logico salvarte...

Sonata: Me hubieras dejado morir, no sirvo para nada...

Silver: No digas eso, nunca lo vuelvas a decir...

Sonata: Pero es cierto, no puedo desarmar una radio, no puedo armar nada y apenas sé algo de tecnologia... soy un desperdicio y Maud solo me envió para morir...

Silver: Tus amigas realmente te alzan el autoestima...

Sonata: De hecho son de lo peor...

Silver: Entiendo sin sarcasmos... ¿Quien hizo esos explosivos?

Sonata: Yo... de seguro no explotaran...

Silver: Yo digo que haran un gran ruido...

Sonata: Si lo hicieran yo te besaria, como si eso fuera a pasar.

Los relojes llegaron a cero, los dos muchachos se miraron para luego mirar el lugar donde se suponia que estallarian los explosivos. Al principio parecia que la chica tenia razon pero luego un fuerte estruendo abrumó la zona, acompañado de un fuerte viento que sacudió los arboles y la maleza del lugar. La chica abrió enormemente sus ojos, finalmente servia para algo, habia descubierto que tenia talento para los explosivos ya que todo lo que intentaba armar terminaba estallando. Las mejillas de la chica mostraron un color rosa, mientras volvia sus rojizos ojos hacia los de su compañero.

Sonata: Un trato es un trato...

Silver: E-espera no es necesario de verdad...

La chica acercó a su compañero con un abrazo para luego hacer lo impensable, tocar sus labios con los suyos. Un beso que ninguno de los dos habia planeado, el resultado de una apuesta mesclado con deseos genuinos y con el orgullo propio de hacer algo bien. Era una mescla de sensaciones que ambos sabian disfrutar, el triunfo en su primer mision, el descubrimiento de lo que verdaderamente sabian hacer y la esperanza de que en aquel mundo no todo estaba perdido aun habia un rayo de esperanza en los sentimientos. Aunque el beso duró unos segundos, ambos los sintieron eternos. Al separar sus labios no volvieron a hablarse, ya se habian dicho todo en esa accion, tan simple pero con tanta complejidad.

Al llegar a la base Maud los felicitó con su habitual frialdad, declarando el buen trabajo que habian tenido. Pinkie ya no se encontraba ahi, habia llevado a su grupo al galpon donde se concentraban para expresar sus analisis de la situacion. La pelirosa se mostraba algo molesta por la actuacion de algunos miembros, pero por otro lado soltaba ciertos halagos a los mejores mientras estos realizaban su rutina de entrenamiento.

Pinkie: Apple Bloom y Sweetie Belle su actuacion fue sofisticada, sutil, perfecta y muy bien ejecutada. No dejaron nada al azar y fueron muy prolijas para que no las detectaran. Pero ustedes dos, van a tener que trabajar mucho, fueron menos organizados, hasta hicieron peligrar la mision. ¿De quien fue la idea de no cortarle la garganta al ultimo? ¿Si hubiera capturado a alguno de los agentes de explosivos? ¡Dejaron todo a manos del destino! ¡Y dijimos que nada de azar en esta division! Las chicas pueden descanzar, ustedes dos van a aprender por las malas...

Capitulo 4: Batalla por el Fuerte Valorys

Habia pasado un mes desde los entrenamientos de las fuerzas especiales, pero ahora Dash se encontraba al mando de una mision de suma importancia. El fuerte Valorys, localizado en un punto clave para los rebeldes ya que era de vital importancia para el transporte de suministros habia sido marcado como proximo ataque de los ejercitos del Rey Sombra. Esto no habria sido posible de detectar sin los excelentes trabajos de los nuevos equipos de Maud y Pinkie que dia a dia demostraban ser mejor de lo pensado. Dash sabía que deberia recurrir a sus nuevas tropas, a pesar de confiar en sus victorias la mayoria de batallas le resultaban desagradables por el hecho de que siempre se perdia alguna vida valiosa en el combate y debido a la extension de la guerra a nadie parecia importarle este destino de los soldados.

Armados con palabras de valor y armaduras de diversos materiales los soldados se alistaban para lo que se habian preparado por un mes, una verdadera prueba de sus esfuerzos. Melisa y Scootaloo serian las encargadas de proteger a Dash ya que Pinkie y Maud sabotearian la invasion desde los bosques, reduciendo la llegada de refuerzos y la fuerza del ataque. Dash no confiaba demasiado en Pinkie pero debia dejarla ir, su desconfianza derivaba en que las Fuerzas Especiales muchas veces habian aprovechado los ataques para traicionar a los rebeldes y asegurar un golpe mucho mas profundo en el Reino Sombra, no se podia confiar en ellas a pesar de que fueron designadas como guardaespaldas. Un descuido y todo podia cambiar, esta era la vision de la mayoria sobre las fuerzas especiales, sin embargo, en momentos de necesidad no se podia negar su ayuda y era por eso que siempre regresaban al bando que habian traicionado en primer lugar.

Una lluvia arreciaba aquel dia, los soldados se preparaban al son de tambores y truenos, los relampagos parecian emocionar a Dash como un pronostico de buena suerte. Los charcos formados en las diversas calles de lodo comenzaron a sacudirse, a lo lejos emergiendo de los densos bosques se comenzaban a divisar a los primeros soldados. Parecia un mar negro descendiendo desde los bosques y dispuesto a derribar cualquier fortificacion que estuviese en su camino, ahi era donde Dash debia intervenir y frenar su destructivo avance, aun si esto implicaba sacrificar vidas.

La batalla inició al sonido de un rayo que incineró a un arbol cercano a la fortaleza, el ruido de los metales chocando pronto superó al de las gotas al caer y tanto Dash como sus dos nuevas compañeras decidieron encabezar la defensa, desde el muro soldados disparaban flechas que se confundian con el agua pudiendo derribar a la mayoria de soldados que venian en primera fila, pero luego de un ataque tan eficaz este no volvia a resultar debiendo recurrir al choque de espadas. Dash se encontraba rodeada de enemigos, a los cuales derrotaba con ayuda de cortes precisos y sin gastar energia, habia comenzado la batalla y ya habia derribado a seis enemigos disponiendose a avanzar. Dash planeaba que la mejor estrategia era avanzar para hacer retroceder el ataque y no dañar la estructura, al ser rodeada nuevamente pudo derribar a dos de sus adversarios pero un tercero estuvo a punto de herirla de no ser por la rapida intervencion de Melisa quien con un certero contra golpe eliminó a la amenaza. No era tiempo de halagos, mas enemigos brotaban y ahora era Melisa quien estaba rodeada pero Scootaloo pronto llegó a brindar ayuda iniciando una mortal danza de espadas en compañia de Melisa.

Los hombres de Dash parecian motivados por aquella muestra de valor y comenzaron a vengar a sus compañeros caidos, a cada segundo la tierra se volvia roja y la sangre de aliados chocaba en el aire con la de enemigos. Pronto se darian cuenta de que aquellos hombres ya no eran humanos, eran una especie de sombra ambulante que controlaba un cuerpo fisico pero no sentian dolor. La unica forma que encontraban de eliminarlos definitivamente era cortando cabezas pero poco se podia hacer cuando varios enemigos chocaban violentamente con el ejercito rebelde. Los primeros oponentes no habian sido tan dificiles como estos, y pronto el gran avance de Dash comenzó a retroceder. No habia otra opcion, si Dash queria sobrevivir debería usar su forma hibrida y revelar a sus soldados la fuerza que ocultaba. La sangre le acarició la mejilla, mientras que al voltear, tanto Melisa como Scootaloo parecian estar llegando a su limite y ya presentaban las primeras heridas de la batalla.

Melisa: Los detendremos, solo prosigue...

Scootaloo: No se preocupe general, estamos bien aunque paresca que nos estan dando una paliza...

Dash cerró sus ojos, frente a ella se esgrimia otra oleada de enemigos y sus soldados ya estaban heridos y cansados no resistirian otra embestida por si mismos. Un brillo azul la comenzó a rodear, su cabello se extendió con forma de arcoiris, dos alas una de metal y otra natural se formaron en su espalda, sus orejas cambiaron de forma para colocarse sobre su cabeza. El brillo azul ahora anunciaba la llegada de un arcoiris al campo de batalla, todos los soldados aliados presentes se sintieron extrañamente seguros y maravillados de aquella aparicion, muchos creian que era un angel o un ser divino, sus ojos ya no miraban a la General Dash.

Rainbow: Dejen el resto en mis manos...

En lo profundo del bosque las fuerzas especiales se habian encontrado con una nueva arma biologica que se planeaba enviar para destruir el fuerte. Se trataba de una criatura humanoide de gran tamaño que se habia considerado un gigante, media al menos el tamaño de un antiguo rascacielos y su fuerza era sinonimo de su resistencia. Apple Bloom y Sweetie habian luchado con gran valor pero solo recibian devastadores golpes, sus dos compañeros habian intentado inmovilizar a esa criatura pero las cadenas simplemente se rompian como papel en las manos de aquella bestia aterradora. Las cuchillas no parecian tener filo, a pesar de cortar limpiamente la piel aquel gigante parecia tener una armadura de hierro como piel ya que nada parecia herirlo ni detenerlo. Los cuatro jovenes estaban heridos, sangraban en especial sus rostros que habian sido alcanzados en varias ocasiones por la criatura y sus cuerpos parecian no querer recibir ordenes. Unos cuantos huesos quebrados seguramente contaría un enfermero, Apple Bloom hizo el esfuerzo de levantarse, solo podia mover uno de sus brazos y sabia que solo era su propio orgullo la que la mantenia en pie. Al menos moriría de forma honorable, cerró sus ojos esperando a la gigantesca mano que la aplastaría pero sintió una voz familiar y luego una fuerte corriente de viento que la sentó de nuevo sobre el arbol que habia sido arrojada. El golpe se habia detenido al abrir los ojos se encontró que el gigante ya no estaba mirandola a ella si no que miraba a una persona que le obligaba a darle la espalda.

Pinkie: Nadie trata a mi equipo asi, solo yo puedo darme ese privilegio...

Apple Bloom: P-Pinkie...

Sweetie: Superior...

Muchachos: Lamentamos nuestro fracaso...

Pinkie: Fracaso hubiera sido huir y dejar a esta bola de grasa llegar a donde estan los rebeldes. Lo han hecho bien...

Gigante: ¡Escuche eso!

El gigante haciendo uso de su velocidad logró conectar un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza de la pelirosa, pero esta en lugar de ser disparada contra algun arbol como sus subordinados ni siquiera se movio del lugar y a pesar de la gran onda de choque que acompañó al golpe apenas se inmutó por aquel percance. Los presentes estaban impresionados de tal hazaña y no podian articular palabras, el gigante sin salir de su asombro retrocedió cuando la muchacha volteó para ver a su oponente a los ojos, aquellos orbes azules parecian congelar incluso a la criatura mas enorme del planeta, lo unico que parecian pedir a gritos era la muerte de quien estuviera en su camino.

Pinkie: Lo siento, no creí que tuvieras cerebro y veo que tienes uno diminuto...

Gigante: ¡Como te atreves!

La criatura nuevamente lanzó otro golpe pero esta vez el aire se cortó a mitad de camino, un contragolpe proveniente de Pinkie habia interceptado al gigante quien ahora ya no poseia ojos. Estos habian estallado debido al poder del impacto, en su pecho ahora se encontraba un enorme hueco y tanto el viento como la lluvia habian cesado de repente, solo habia sido un golpe dirigido al pecho pero con la fuerza suficiente como para que el gigante reventara por dentro y solo quedase un cascaron vacio que no tardó en caer frente a la pelirosa. La velocidad, la potencia y el efecto de aquel golpe impresionó a todos en el lugar quienes comenzaban a reincoporarse temerosos de despertar la furia verdadera de Pinkie.

Pinkie: No llegue hasta donde estoy por nada, he asesinado a bestias mucho mas grandes que tú y ninguna fue tan tonta de querer intentar un segundo golpe. Nuestro trabajo esta finalizado, volvamos, estoy segura de que Dash ya terminó con su parte...

Pinkie enfrentaba un gran dilema, tenia la fuerza para destruir al reinado de sombra por si misma pero no tenia seguidores para instaurar un gobierno perdurable. Lo unico que debia hacer era supervisar las victorias de Dash y usar la influencia rebelde para asegurar sus planes, despues de todo no estaba dispuesta a iniciar una nueva guerra contra dos ejercitos cuando podia valerse de uno para derrocar al otro enemigo.

Capitulo 5: Sistema Quebrado

Apple Bloom analizaba la situación, estaba rodeada de soldados enemigos, junto con Sweetie y Pinkie pero había recibido la orden de permanecer en silencio, dejarse capturar. Era algo que no había podido entender, pero era mejor no desobedecer una orden directa, caminaban por el suelo fangoso del lugar mientras que el ambiente parecía asfixiarla a cada paso. Las botas se enredaban en la tierra y muchas veces la maleza se le pegaba a las piernas como parte del atuendo. No hubo conversación en el camino, tampoco quejidos, la pelirosa parecía serena en cada paso y Sweetie apenas quería romper aquel semblante. Para Apple Bloom aquello era una pesadilla, jamás en su vida había sido capturada y menos por propias órdenes de su superior, en el interior estaba frustrada y enfadada. Pero su exterior permanecía solemne, sin la menor pisca de ira en sus ojos, los soldados que las vigilaban parecían bestias salvajes que ante la menor muestra de cansancio golpeaban con sus espadas enfundadas para acelerar la marcha. Dudaba si aquellas cosas eran humanos o si estaban en una especie de trance hipnótico que les impedía pensar con claridad, la lluvia comenzó a regar el lugar y estos como gatos asustados insistieron en acelerar más el trayecto.

La chica se preguntaba porque Pinkie quien había destrozado a una bestia casi inhumana de un solo ataque se dejaba capturar por soldados que eran inferiores a ese peligro, también se interrogaba porque no había dejado que ella se encargara del asunto. Había una intención oculta demasiado extraña y contradictoria en las acciones de aquel día, de pronto no era la rabia la que se mantenía saltando en su cerebro si no la curiosidad. La marcha se detuvo frente a una gran puerta gris, el terreno pantanoso y agobiante se había desvanecido de repente. La ciudad emanaba una alegría tétrica y sombría, los guardias que custodiaban aquella puerta amurallada apuntaron con sus arcos. Por un minuto la chica pensó que serían asesinadas en aquel lugar, pero con una señal de uno de los hombres que la custodiaban bajaron las armas y abrieron la puerta.

El aroma de pasto y tierra mojada fue reemplazado por el de especias, la puerta principal dejaba ver al otro lado una ciudad oscura pero con aromas cautivantes. Apple Bloom había oído de una capital fiel al imperio de sombra en las cercanías del Fuerte que meses antes habían logrado capturar. Las personas permanecían encerradas en sus casas mientras la caravana avanzaba sin mirar hacia los costados. Los rostros de los comerciantes eran hostiles, apenas vieron a los soldados ocultaron los productos de sus puestos y comenzaron a dispersarse. La autoridad y la población no se llevaban del todo bien, los soldados tampoco parecían respetar a los comerciantes ya que apenas habían volteado cuando uno de estos calló al suelo.

Pinkie: Están siendo educados por nuestra presencia, en un día común los hubieran empalado y sus cabezas hubieran decorado esa puerta.

Apple Bloom sintió el susurro de Pinkie como un filoso cuchillo que le perforaba los oídos, aquel comentario pareció ofender de cierta forma a los soldados quienes nuevamente obligaron a avanzar más deprisa. Apple Bloom se mantenía en silencio, no había recibido órdenes de hablar o de opinar y estaba harta de que aquellos hombres la golpearan en la espalda para que caminara. En cierto momento había estado a escasos centímetros de golpear a uno de ellos, pero una mirada fría de su superior la hizo cambiar de idea. Luego de pasar por aquella plaza de grises piedras, debieron subir largas escaleras hasta llegar a la cima de la ciudad. En el centro de aquella fortaleza se levantaba una montaña y sobre esta un castillo. Aquel castillo era el centro de toda la población, que obligaba a levantar la mirada y vigilaba en silencio aquel lugar.

Pinkie: Esta ciudad antiguamente era libre, pero sus reyes traicionaron al pueblo y la vendieron por dinero. No crean que esta obra arquitectónica pertenece a Sombra, toda esta ciudad es un robo...

Soldado: ¡Silencio Rebelde! No tienes permitido hablar

Las puertas del palacio se abrieron y demostraron la belleza oculta del lugar, grandes pasadizos alfombrados con tela roja. Estandartes que caían desde los balcones, columnas de oro solido que sostenían firmemente las estructuras, una larga mesa llena de los más deliciosos manjares. El salón era enorme y Apple Bloom había divisado unos cuarteles subterráneos cuando uno de los soldados apareció por la puerta de la izquierda, el lugar central del lugar y hacia donde se dirigían era el trono. De oro como las columnas pero más imponente, brillante y adornado con terciopelo rojo, el sol que ingresaba por las ventanas superiores del lugar y solo apuntaba al trono le daban un aspecto de majestuosidad divina.

Sin embargo, la decepción de la chica fue quien estaba allí sentado, un hombre calvo y regordete con una barba gris desalineada que caía hasta su estómago. El regente masticaba un pedazo de pollo entre sus amarillentos dientes y parecía más interesado en la comida que en el numeroso grupo de soldados presentes frente a él. Alzó los ojos grises que habían estado clavados en su comida para con una seña de molestia y cansancio hizo retirar a los soldados. El hombre tragó con frustración y comenzó a beber de un cáliz dorado el vino para poder tragar todo el bocado que había metido en su boca. Por un minuto ninguna habló, Apple Bloom sentía repugnancia por aquel sujeto, cuando el regente terminó tiró un poco de vino que por poco roza el zapato de Apple Bloom, esta reaccionó apartándose del lugar causando una risa enferma de aquel anciano.

Tiberos: ¡Jajaja! ¿Esto me trae la resistencia? Una niña asustadiza y sus amiguitas. Es una ofensa para el gran Tiberos conquistador de Canterlot y regente de la nueva Nymner que se construyó para reemplazarla. Creo que están escasos en la resistencia y ya se vienen a rendir o mandar esclavas para los soldados.

Pinkie: En realidad señor del mundo del revés, me enviaron para buscar soldados. No pienso servirle ni a su estúpida causa, solo vengo por los soldados.

Tiberos: Controla tu lengua chiquilla insolente, no tengo porque darte tropas y menos a una rebelde que de traición en traición ha ganado la desconfianza de todo el mundo. Ni la más vil criatura se uniría a ustedes e incluso la resistencia quiere sus cabezas en más de un fuerte. ¿Realmente esperas conseguir algo de mí?

Pinkie: Creo que no me has escuchado o la grasa cubre tus oídos. He venido por soldados y me los llevaré así me los des o tenga que matarte para reclamarlos.

El rey se levantó de su trono con un fuerte estruendo. Era una cabeza más alto que Pinkie y parecía notablemente ofendido por los comentarios de esta. Sus ojos grises competían con los azules de Pinkie mientras su estruendosa voz pudo oírse por todo el castillo, haciendo que un tumulto de soldados se reuniera en ambas esquinas.

Tiberos: ¡Que insolencia! ¿Crees que puedes venir hasta aquí a amenazar a alguien como yo? Soy el gran comandante que aplastó a cada rebelde de esa ruinosa ciudad y estoy bajo la protección de Sombra. Cualquiera que se atreva a tocarme estará condenado a la muerte. ¡Y tú vienes a insultarme y reclamar cosas como si te debiera favores! ¡Guardias torturen y eliminen a estas bestias que me han traído!

Pinkie no se intimidó en lo más mínimo avanzó hacia el anciano con un cuchillo que había ocultado en sus mangas y de un movimiento degolló limpiamente al anciano. Con la fuerza de su pierna hizo que la cabeza ruede hasta llegar a los pies de un soldado que retrocedió apenas sintió su pie chocar con ella. Pinkie arrancó la túnica roja del cuerpo sin cabeza que yacía inerte en el suelo y se la colocó como un gesto burlesco mientras se sentaba en el trono dorado e invitaba a sus compañeras a permanecer a ambos lados, simulando una corte completa: El Rey, su consejera y su caballero. Los soldados dudaban que hacer ahora que su superior había sido asesinado y ninguno parecía tener intención de cumplir su última orden, finalmente el silencio fue roto por Pinkie.

Pinkie: Como le dije a nuestro difunto gobernante, vine por soldados. Tienen dos opciones, o se unen o amanecen colgados de cabeza en las puertas. No hay compasión para traidores o enemigos, son la misma escoria. Suelten sus armas y arrodíllense. Cuando venga Dash le abrirán las puertas a ella y su ejército, desde ahora esta ciudad es gobernada por los rebeldes.

Y así se hizo, cuando Dash llegó comandando a la tropa con Scootaloo y Melisa a sus espaldas las puertas se abrieron, no había cuerpos en el muro solo en la puerta una cabeza arrugada daba la bienvenida. Al notar el detalle Dash sabía que Pinkie había hecho de las suyas en el lugar y seguramente tuviera a un puñado de temblorosas personas entre sus dedos. Los soldados rebeldes se dirigieron a sus nuevos puestos como Dash lo había indicado y al palacio solo llegó con sus hombres más capaces. Al ingresar los ojos de Rainbow no se situaron en la comida, la belleza del interior o los aposentos disponibles si no en Pinkie quien esperaba sentada en el trono aun con aquella capa roja confeccionada para el rey impuesto en el lugar. Los soldados se arrodillaron ante Dash exceptuando a Apple Bloom y Sweetie quienes permanecían de pie a cada lado de Pinkie.

Rainbow: ¿Que es todo esto?

Pinkie: Me pediste soldados y te entrego una ciudad.

Rainbow: Los rebeldes no capturan ciudades.

Pinkie: Deberán hacerlo, si no aprenden a gobernar ahora nunca lo harán.

Rainbow: A veces no sé de qué lado estas...

Pinkie: Pero Dashie... Sabes lo mucho que te quiero

El último comentario de Pinkie permaneció en los oídos de Rainbow incluso luego de que la habitación había quedado vacía. La general había captado el sarcasmo oculto sutilmente en esas palabras, cada vez que le pedía algo a Pinkie terminaba dándole mucho más de lo que había acordado y poniéndola en graves aprietos frente a sus superiores. Pero por otra parte había razón en sus palabras, debían aprender a no solo liberar ciudades si no gobernarlas, la guerra no duraría para siempre y tarde o temprano deberían edificar ciudades, administrarlas y emprender la reconstrucción social del reino. La ideología simbolizaría poco luego de que el peligro hubiera pasado.

Capitulo 6: Un nuevo Frente

La nieve rodeaba el lugar, todo era gris, todo se congelaba. No era un lugar para estar mucho tiempo, se encontraban al norte del Imperio de Cristal un lugar que ningún humano más que los salvajes y barbaros habían pisado antes. Twilight era la responsable de asegurar una fortaleza allí y defenderla, era la responsable del corazón del ejército rebelde, quien se encargaba de dictaminar sentencias y por sobre todo informaba los movimientos del propio sombra mediante interminables vigilias que solían durar semanas enteras. Pero aquel día, en el que el frio penetraba los huesos y el viento era tan filoso como una espada se encontraba discutiendo. Y no era con uno de sus subordinados, lo cual sería una cosa habitual, era el lugar donde más desertores y traidores se podían encontrar solo un puñado era confiable y resto le clavaria un puñal por la espalda por unas cuantas tierras o un título en la corte de Sombra.

Twilight había soportado batallas, había defendido ciudades y había ganado un lugar de extrema confianza ante Celestia la líder de la rebelión, pero sin embargo, aquel puesto de "honor" le parecía un castigo debido al clima inhóspito y a la gran cantidad de traidores, mercenarios, ladrones y espías que le habían brindado como ejército. Su cabello purpura, sus ojos violetas y su mirada fría le habían dado una gran reputación, no tan grande como su mandoble el cual era temido incluso por el más valiente de los enemigos y la más terrible de las bestias. Se encontraba sentada en una roca, hacia horas que sus soldados la habían escuchado discutir a gritos, elevando por momentos su tono de voz, frente a ella había una pantalla diminuta y un comunicador que muchas veces se perdía entre sus dedos debido a la furia con la que era invadida.

Rainbow hablaba desde el otro lado y Twilight gritaba, luego la situación cambiaba de roles y era Dash quien gritaba. Discutían por lo que había ocurrido unos días antes, en la ciudad que ahora Dash se encargaba de mantener situación con la que Twilight no estaba de acuerdo en lo más mínimo. Detrás de Dash como dos sombras se encontraban Pinkie y Maud quienes solo supervisaban, apenas se molestaban en interferir con tales problemas ya que las Fuerzas Especiales solo se debían encargar de la protección de cierta persona y no sobre los problemas internos de los rebeldes.

Twilight: ¡No tienes permiso para instaurar un gobierno en una ciudad! Los rebeldes no tomamos tierras, no matamos gobernantes y no tomamos como rehenes a las personas.

Rainbow: ¡Alguien tiene que hacerlo! Vivimos de los pocos recursos de ciudades destruidas, tengo más recursos aquí que pueden ayudar a nuestra causa y además tengo soldados, más de los que nunca he tenido. ¡Y tú sigues quejándote por una simple ideología!

Twilight: ¡La ideología es la que cambiara esta dinastía! Si tú comienzas a colonizar y a delimitar un nuevo reino solo conseguirás que te maten mas rápido, los rebeldes somos independientes porque nunca nos podrán eliminar si estamos agrupados en diferentes zonas.

Rainbow: Pero somos deplorables si vivimos como ratas, con poco alimento y pocos recursos, debiendo esperar días por rutas de comerciantes que generalmente son saqueadas en el camino.

Twilight: La guerra no es fácil, quizás deberías renunciar...

Rainbow: ¡Quizás tu debas renunciar! Ese mandoble tuyo te ha cortado el cerebro en lugar de cortar la cabeza de algún traidor. ¡Lo hare a mi manera! ¡Si debo crear un reino para demostrarles que tengo razón lo haré! ¡Desde hoy seré la gobernante de un reino nuevo y quien quiera unirse lo recibiré con gusto!

Twilight: ¡Eres una traidora! ¡Tendré tu cabeza y la de tus traidores en una bandeja de oro!

Rainbow: ¡Si te opones serás una rebelde contra la libertad! Ya he recuperado dos ciudades más desde aquel día, ahora tengo la frontera este y las tropas jamás han estado tan bien. Llámame la luz del este, desde hoy renuncio a la rebelión.

Rainbow cortó la comunicación bruscamente, el rostro molesto y de notable enfado de Twilight aún se le aparecía cuando ella cerraba los ojos. Sus oficiales estaban orgullosas o eso le decían sus rostros de completa satisfacción. Unas damas ingresaron a la habitación para vestir a Dash, la ayudaron a colocarse una armadura ligera pero que se hacía destacar, brillaba como lustrada por los dioses y reflejaba los colores de las cortinas y vidrios de colores del cuarto. Dash parecía camuflada por un arcoíris y en cuanto le colocaron una capa de fina seda sobre los hombros que al caer mostraba los colores característicos de su cabello parecía una guerrera nacida del mismo cielo. La armadura no mostraba abolladuras, el brazo de Dash aquel pedazo de chatarra, había sido reemplazado por uno más útil, se podía mover con facilidad e incluso no se hacía notar gracias al estar hecho del mismo material que la armadura. "Lytril" había mencionado Pinkie al mostrarle el trabajo que los maestros herreros habían realizado, el acero de los dioses, uno que se decía que era imposible de perforar con armas ordinarias y que su fortaleza era acompañada por la ligereza. No era pesado, era tan liviano como un vestido de seda y muy confortable, además de aislar cualquier rastro del exterior. Dash podía nadar que su piel no se mojaría y nunca tendría frio o calor sin importar que temperatura la rodeara. Un regalo digno de una reina había susurrado la pelirosa aquel día y Dash se había sentido satisfecha.

Lo de tener señoras que la ayudaran la hacía sentir en cierta forma una inútil, ella podía vestirse sola, no necesitaba que otra le atara los nudos de los zapatos pero Pinkie siempre era Pinkie. Ella le dijo que ahora que era una reina debía respetar ciertas costumbres, que el pueblo estaba acostumbrado y no le podía arrancar lo que ellos creían que era un honor, que merecía tener damas a su servicio una guardia a su alrededor y un consejo. Lo único que Dash no había discutido era lo último, un consejo, en tiempos de guerra siempre era necesario y ella apenas sabia cosas de economía, historia o cultura de su reino reciente. Ella era una guerrera, un soldado que entrenaba tropas no era ninguna gobernante superdotada o una líder en lo que se saliera del rumbo militar. Por eso no había destrozado a la pelirosa aquel día en el que le dijo que con su nuevo ejército no necesitaba la rebelión, por eso ahora vestía como una noble guerrera y no como lo hacían los otros, por eso había ascendido a dos de sus mejores soldados para protegerla. Pero mientras más tiempo pasaba más ansiaba acabar con aquel conflicto, su razón de luchar no había mermado, deseaba liberar a los que estaban cautivos. Había visto la felicidad que había llevado a los hombres de aquel lugar y ahora tenía la certeza que podría encaminarlos a un reino mejor, no era necesario arrasar todo para salvar a la gente, lo había divisado en sus acciones.

Salió de la alta torre que había escogido como lugar de residencia, al salir sus dos guardias la esperaban con tranquilidad. Tenían armaduras de "Wytril", el acero de los ángeles como era llamado. No era tan resistente como el "Lytril" que Dash portaba pero tenía sus mismas cualidades y solo podía ser perforado por un acero de rango superior. Por lo cual solo los que portaran un rango similar a Dash podrían hacerles daño cosa que la gobernante jamás permitiría al ser su guardia de honor. Lo que Dash sabía acerca de las propiedades de ambos aceros era casi nula, pero sus guardias habían podido personalizar el color de sus armaduras. Melisa lucía una majestuosa armadura verde, que brillaba con el sol y se camuflaba con el paisaje cuando era necesario. Tanto en oscuridad como en la luz le daba una apariencia gloriosa y confiable. Scootalo llevaba una armadura violeta, como el cielo nocturno de los veranos y que daba un aspecto amenazante a la niña cuando portaba su yelmo con forma de dragón. Aunque Melisa había optado por no definir una forma a su yelmo tal y como Dash lo había hecho. Era impresionante que tuvieran acceso a ese acero, pero Pinkie había convencido a los maestros herreros de cada ciudad tomada para que trabajaran para el nuevo gobierno. No había discusiones cuando la pelirosa hablaba y mucho menos si hacia una demostración con sus puños rompiendo en pedazos los aceros más duros que un herrero podría forjar en un tiempo corto. Melisa le había comentado a Dash en una ocasión que quizás ninguna armadura podía defenderla de una enemiga como Pinkie y Dash estuvo de acuerdo en tener de su lado a la pelirosa, al menos hasta que no fuera una amenaza potencial.

Melisa: Pinkie ha encontrado a algunos ancianos que dice que serán tu consejo de gobierno.

Rainbow: ¿Ancianos?

Scootalo: Un viejo calvo, uno con una barba que por poco toca el piso y otro canoso que parece ser el encargado de la economía. Los otros dos no sabemos de dónde los ha sacado...

Rainbow: No creo que pudiese convencer a los magos de la corte o a esos que llaman hechiceros privados...

Melisa: Quizás jamás fueron fieles a Sombra, Pinkie parece conocerlos de toda la vida.

Rainbow: Es por eso que no confió en esa pelirosa ni en ninguna que provenga de su mano, es tan peligrosa como astuta...

Dash caminó por un pasillo de piedra hasta llegar a una gran puerta de metal dorado, no era oro pero daba ese aspecto majestuoso, una cosa que Pinkie siempre le recordaba a Dash. "El pueblo cree en lo que ve, si ve que las torres parecen esculpidas en oro creerán que son tan ricos como quien gobierna, aunque se trate de un metal mediocre" pensó Dash, las palabras retumbaron con la voz de Pinkie al pensarlas, pero no hizo caso a sus pensamientos e ingresó dejando a sus dos guardias acompañarla. Las reuniones debían mostrar la fortaleza de un gobernante para que sus aliados se sintieran seguros, Dash miró a su alrededor mientras ingresaba a una sala enorme con una mesa cuadrada que se extendía a lo largo y esperando ya se encontraba el resto. Pinkie y Maud con sus uniformes típicos pero mucho más reforzados y con mejor flexibilidad eran quienes se sentarían a sus dos lados como consejeras principales, una molestia persistente para Dash. En la derecha se encontraban los ancianos que Melisa y Scootalo le habían mencionado: el calvo era regordete, con manos amplias y una sonrisa tranquila, sus arrugas parecían pesarle sobre los ojos aunque el resto de su rostro era liso. Le seguía el de la barba blanca, ojos azules visibles y atuendo violeta que cubría sus pies y se arrastraba por el suelo con elegancia. Por último el contador, viejo, frio, de mirada sombría y codiciosa, a Dash le dio mala espina pero Pinkie lanzó una mirada y el hombre pareció muerto de miedo como si un fantasma le hubiera robado el color de su rostro.

Pinkie: Ellos son Myras quien se encargará de supervisar el pueblo.

El calvo saludó con torpeza, Dash sonrió amablemente aunque había leído entre líneas y por dentro estaba furiosa por lo bien que aquel hombre podía ganarse la confianza de cualquiera. Era un informante, pero parecía ser el zorro entre los zorros, nada de su aspecto lo distinguía de un noble sin ninguna otra afinidad que no fuera el arte y la buena comida. Pudo ver un reflejo de sus ojos grisáceos, quizás era la primera vez que veía ojos tan vacíos y sin rastros de sentimientos genuinos.

Pinkie: Amyr, nuestro hechicero supremo. Sus pócimas pueden burlar a la muerte o provocarla, también es quien ha supervisado los encantamientos de tu nueva arma y quien puede generar fuegos de temperaturas inimaginables.

El anciano de ojos azules cerró su mirada y asintió seriamente con la cabeza, parecía tomarse con seriedad sus logros aunque no tenía problemas en ser gobernado por alguien treinta o cuarenta veces menor. Cuando los volvió a abrir su mirada se posó en la armadura que Dash y sus guardias portaban para luego dedicarle un rostro conforme a quien lo había presentado.

Pinkie: Y por último pero no menos importante, Akath, nuestro contador y encargado de la economía. Ha visto caer y surgir a mas imperios que los que otros podrían soñar y siempre ha alentado con firmeza a los que tuvieran los recursos necesarios.

El hombre se presentó con solo asentir con su cabeza. Sus ojos rojos mostraban el deseo de poder, pero poder económico no parecía desear el trono ni mucho menos ser la cara visible de un imperio. Su mirada seguía causando una fuerte duda en Dash y mucho más luego de que Pinkie le hubiera informado de sus antecedentes, no podía confiar en él ni en nadie, solo podía esperar que no se les ocurriese traicionarla. Por fuera su mirada seguía sin demostrar sus debates internos, les dedicó a todos una sonrisa y comenzó su primera reunión como reina, era algo a lo que debería acostumbrarse aunque solo tuviera que actuar entre mentirosos, traidores y por supuesto sin revelar un ápice de su verdadera personalidad.

La puerta se abrió de repente, un joven ingresaba a la habitación mientras seguía leyendo un libro. No alzaba la mirada de su lectura y apenas parecía importarle que ya hubieran comenzado, Pinkie hizo notar su enojo con un gesto de su boca, Maud permaneció sin inmutarse y Rainbow aguardaba que alguno se dignara a presentarla ante aquel sujeto. Tenía unos dos años más que ella, en comparación a los otros era muy joven y ninguno parecía feliz de verlo, al parecer todos deseaban que hubiera estado ausente. Pinkie alteró su repiqueteo en la mesa como alertando al sujeto, este solo levantó la vista de su libro para luego colocar tranquilamente un separador y cerrarlo. Sus ojos eran de color miel, su cabello no era tan largo como el de otros muchachos de la ciudad y su mirada era analítica en todo momento. Cruzo miradas con ambas guardias de Dash sonriendo al encontrarse con la reina del lugar, luego posó sus ojos en Pinkie y en los demás invitados con la misma tranquilidad. Pero no dijo palabra alguna, simplemente se sentó en el cuarto lugar frente a los tres consejeros que había estado desocupado hasta aquel momento y colocó su libro en la mesa sin hacer el menor ruido.

Pinkie: Llegas tarde, Seicer...

Seicer: Una buena lectura te hace perder la noción del tiempo, pero veo que llego en el momento justo. Preferiría seguir leyendo a estar aquí rodeado de mentirosos y estafadores, seguramente su majestad piensa lo mismo...

Rainbow: Nunca dije eso...

Seicer: Algo me dice que no has hablado hasta ahora, perdona mi atrevimiento. ¿Pero qué esperas obtener de todo esto?

Pinkie: ¡Suficiente! Estas aquí para asesorar no para interrogar a tu gobernante...

Seicer: Bueno, como primer consejo, asegúrate de que Myras no te haya dado ningún espía como sirviente le gusta saber todo. Vigila las pócimas de Amyr no queremos que ocurra lo mismo que en Canterlot y Akath por favor mantén tus manos alejadas de las reservas del reino.

Los rostros de los consejeros se impacientaron, Pinkie estaba roja de furia y Rainbow procesaba la información. Aquel muchacho poseía un vasto conocimiento de sus consejeros, aun más de lo que ellos habían supuesto ya que ninguno se había preparado para tales acusaciones. Maud tomó la palabra en esa ocasión, era la primera vez que hablaba y seguramente lo hacía para que Pinkie no perdiera los estribos en una discusión que revelara aún más de lo que ya se había dicho.

Maud: Estos hombres ya han sido juzgados por esos accidentes, deberías mantener tu vista en el presente.

Seicer: El pasado repercute en el presente, nuestra reina debe estar informada o puede ocurrir otro accidente. No queremos quedar chamuscados como Canterlot cuando uno de los asistentes de Amyr mescló mal unos frascos y tampoco queremos saber sobre la privacidad de la reina. Mucho menos quedar en la calle porque a cierto individuo se le olvida ahorrar...

Maud: Eso no ocurrirá, antes no estaban las Fuerzas Especiales.

Seicer: Que causalidad. Me imagino que ahora están porque así lo prefieren, tienen un reino floreciente y ya no tienen que rendir cuentas a los rebeldes, pero tampoco pueden actuar a plena vista. Reunir cobardes y estafadores siempre fue su mejor método para actuar.

Maud: Creo que sabes demasiado para ser solo un historiador de una pequeña ciudad.

Seicer: ¿Qué clase de historiador seria si no conociera a mis antiguos enemigos? No creas que las Fuerzas Especiales son las únicas que saben cómo espiar, oh y no es necesario que hagas interrogar a cada uno de tus hombres con tus sádicos métodos.

Sabía demasiado, ese dato no se le escapó a Dash. No era confiable, nadie lo era en aquel momento, que tuviera cruces con las dos hermanas no garantizaba que fuera leal a alguien en particular. Seicer daba la impresión de ser un noble de los pocos que habían quedado luego de que Dash asumiera el poder, esa condición era la que daba sospechas. Los nobles habían sido asesinados por los subordinados de Pinkie y Maud pero Seicer no había sufrido el mismo destino. Rainbow había oído que dos de los subordinados de Maud habían sido designados para matarlo pero no pudieron hacerlo, había un trato o algo oculto, quizás algo valioso que Seicer conocía y que las Fuerzas Especiales anhelaban. También había convencido que nadie hablara sobre lo que había pasado esa noche e incluso dio descripciones específicas para tomar dos ciudades a cambio del silencio. Seicer alzó la mirada y chocó sus ojos con Dash, su mirada era serena pero parecía poder leer el alma, a los pocos segundos Rainbow se sentía incomoda de pensar en su presencia por lo cual no tuvo más opción que hablar.

Rainbow: Cuéntame de los que intentaron asesinarte...

Seicer: ¿Sonata y Silver? Buenas personas aunque algo reservadas, fue un milagro que fueran ellos dos en específico, ya sabes un secreto que podía mermar el honor de un organismo tan estricto. ¿O no Maud?

Maud: Cierra la boca, sabes bien la promesa que guardaste esa noche.

Seicer: ¿No éramos todos amigos? Veo que no tenías tanta confianza en nosotros como lo decían sus dulces palabras de presentación ¿Que ordena su majestad?

Rainbow: La verdad, quiero saber qué fue lo que te salvó la vida esa noche.

Seicer: Mi conocimiento me salvó y el error de dos jóvenes enamorados. Claro, pudieron haberme volado en pedazos, pero ahí se hubiera acabado tu reino. Además, era el único con los antiguos conocimientos requeridos para crear su armadura y mejorar a su ejército.

Rainbow: ¿Eso es verdad?

Pinkie: Para desgracia nuestra lo es, era el único que conocía como crear metales más resistentes que el acero cuando se creía perdido. Pero que su conocimiento no te engañe, sabe más de lo que dice y mucho peor es lo que no revela.

¿Era verdad lo que escuchaban sus oídos? Pinkie estaba advirtiéndola, algo que la tomó por sorpresa. Cuando la reunión finalizó Seicer entregó pergaminos con dos ciudades más, que según sus palabras, caerían sin asedio si se les permitía rendirse y conservar títulos. La influencia del Este estaba creciendo y hacia retroceder el terror de Sombra, los nobles se apresuraban a enviar regalos de oro y joyas a Dash. Los comerciantes pedían misericordia y abastecían a su pueblo con alimentos y varios de los campamentos rebeldes se unían a las tropas de Dash antes de que esta iniciara un avance. El reducido ejercito de cien hombres ahora contaba con diez mil espadas, más de cien arcos y más jinetes que ninguna otra fuerza del Este. Tanto el Norte como el Sur permanecían en silencio, observando, pero todos los consejeros habían acordado que un ataque contra ellos sería un suicidio. Dash tenía apenas un cuarto del Este y aun debían fortificar las fronteras antes de iniciar su avance hacia el Oeste. El plan consistía en crear un muro entre el Norte y el Sur, lo cual intensificaría los ataques de los rebeldes que aun quedaran en su lucha y mientras esto mantenía ocupado a ambos extremos Dash podría tomar con su fuerza completa el control de todo el Reino con solo derribar una Capital. Pero decirlo era más fácil que hacerlo, aun con las fuerzas de Dash asediar el Oeste era lejano, había mucho por hacer antes de poder crear un asedio que no dejara vulnerable su reino. Sombra esperaba el avance para derribar el nuevo Reino y desde el Sur cada vez se oía mas cerca el rumor de que estaban preparando una ofensiva para frenar su influencia.

Al anochecer Dash mandó a llamar a Silver. Ser la reina ahora le daba privilegios como el poder ordenar a quien fuera, esto era beneficioso para Dash al poder vigilar de cerca a las Fuerzas Especiales pero no le garantizaban ninguna tranquilidad. El muchacho llegó rápido y la encontró vestida con la armadura aun brillante y junto a sus damas que la ayudaban a quitarla para luego quedar con prendas de cuero que parecían la vestimenta de cualquier soldado solo que mucho más elegantes. Silver se presentó con una reverencia y Dash comenzó a hablar por primera vez parecía una Reina, era algo que no pasaba con frecuencia.

Rainbow: Quiero que vayas y seas mis ojos. Vigila a Seicer y cuéntame que es lo que oculta. No quiero que les informes a tus superiores de esto, si preguntan algo quiero que les digas que estas siendo castigado por tu amorío con Sonata.

Silver se puso rojo estuvo por hablar pero no dijo nada, solo asintió y se retiró del lugar. Mientras Dash tomaba un baño comenzaba a pensar en todo las verdades que habían salido a la luz en aquella reunión, ahora tenía a un espía a sus servicios y eso le garantizaba tener vigilada a la persona más peligrosa dentro de sus propias murallas.

Llegar a la torre que le habían asignado a Seicer no era tarea fácil, Silver tuvo que subir varios escalones hasta llegar a la terraza de una de las torres, donde un puente de madera que había estado allí varios años lo esperaba. Lo cruzo sin mirar hacia abajo, el viento de la noche lo hacía tambalear y estuvo a punto de caerse en dos ocasiones. Si miraba hacia abajo, hacia aquel mar negro lleno de afiladas rocas estaba perdido. Ahora entendía porque el historiador prefería pasar el puente leyendo un libro en lugar de mirar que tabla de madera pisaba. Una estrategia realmente útil, finalmente llegó lanzando un gran respiro al ver que detrás quedaba aquel traicionero puente. Estuvo por tocar la puerta pero la voz de Seicer lo invitó a pasar sin que este llegara a hacer contacto con la madera, cuando finalmente reunió el valor para entrar abrió suavemente la puerta.

La torre no era un lugar tan apretado como se veía desde el exterior, se componía de una enorme biblioteca, puertas que llevaban a una habitación propia e incluso había un baño y un salón para comer. Era una casa propia por así decirlo y solo era la parte principal de la torre, seguramente habría mucho más espacio debido a la altura que a los ojos de Silver la hacía temible e imponente. Seicer se encontraba leyendo en una mesa, a la luz de la vela y de espaldas a la puerta, si se lo quería asesinar realmente parecía un trabajo fácil. El joven pasaba las hojas amarillentas de aquel libro con suavidad y poco parecía importarle el motivo por el que Silver había acudido "Lo sabe, me hizo pasar porque ya lo sabe." se dijo a si mismo mientras avanzaba hacia delante, no tenía por qué temer pero su confianza parecía haber caído en picada luego de que la posibilidad de dibujarle un rostro de sorpresa a Seicer se hubiera desmoronado desde el inicio.

El joven lo hizo tomar asiento mientras colocaba el separador azul del libro para no perder su lectura y lo cerraba con la misma delicadeza con la cual leía. Los ojos color miel se clavaron en su rostro, Silver sintió como estos analizaban cada reacción, parecían encontrar palabras incluso en las gotas de sudor que recorrían su frente las cuales secó al instante con su brazo izquierdo. No parecía ser un sujeto para tomar a la ligera, su exceso de confianza no parecía ser una debilidad, más bien lo usaba como un arma afilada y su lengua podía ser letal para personas como Pinkie quienes perdían la paciencia fácilmente. El silencio era incomodo pero Silver no se rendía, no sería el que iniciara la charla y quería ver si sus meses de entrenamiento habían servido para serle útil a aquel reino recientemente consolidado.

Seicer: El puente... si he pedido miles de veces que lo arreglen o lo hagan de otro material, es una suerte que no te hayas caído...

Silver: ¿Cómo lo sabes?

Seicer: No eres el primero que lo intenta cruzar, a estas horas de la noche es habitual que escuché una zambullida. Claro si llueve y hay truenos tengo que limitarme a verlos volar...

Silver: Entonces no soy el primero que envía la Reina

Seicer: ¿La reina? Eso es nuevo, pero lo comprendo. La primer noche y ya me envía a un compañero que parece ser tan sincero como lo esperaba...

Seicer se levantó mientras Silver seguía lamentándose haber durado tan poco como agente encubierto, aunque luego recordó que era el primero en llegar. Un punto a favor y al menos cien en contra, pero así se suponía que sería el juego no esperaba estar en una victoria total en el primer intento. El historiador regresó de la habitación contigua con algo de beber y un trozo de filete ahumado para su invitado. Silver los probó con desconfianza pero luego de realizar las pruebas que las Fuerzas Especiales le habían enseñado pudo notar que no había ningún veneno en los alimentos, tenía hambre, de hecho no había comido en todo el día por el entrenamiento y aquel plato caliente dentro de una habitación agradable le había fortalecido. Seicer se había mantenido leyendo en los minutos en los que Silver terminó de comer y realizó nuevamente la acción de marcar el libro antes de proseguir con la charla. Silver observó que su compañero no vestía para nada como un soldado, tenía un fino traje de seda verde con pantalones de cuero negro y botas elegantes de color marrón. En contraste con su uniforme de las Fuerzas Especiales parecía tener mucho dinero aunque en tiempos de guerra el consejo privado siempre podía darse aquellos lujos.

Seicer: ¿Mucho mejor no? Comida caliente, un lugar para refugiarte del frio. Podrías pasarlo muy bien mientras me vigilas y tengo una habitación arriba por si quieres traerla también...

Silver: ¡No soy así! ¿Qué te hace pensar que traería a Sonata?

Seicer: ¿Eres nuevo en esto de espiar? No durarías un segundo si permites que tus emociones te controlen así. Tengo más información de la necesaria, tienes una novia y ahora se su nombre también se cómo convencerte.

Silver: ¿Eres un espía profesional?

Seicer: Solo soy un historiador, pero tengo algo que te puede interesar. Las Fuerzas Especiales lo han buscado por años pero claro, los rebeldes decían poseerlo. Ninguna de las dos partes lo tiene, pero yo se los puedo entregar.

Silver: ¿El Fenix?

Seicer: No eres tan ingenuo como pareces, podemos ir a verlo, pero será mejor que no intentes nada...

El suelo se abrió tras una serie de golpes en lugares específicos, descendieron envueltos en capas negras para que nadie los pudiera reconocer cuando se adentraran en la ciudad, el pasadizo era largo y los escalones eran resbaladizos lo suficiente para que Silver debería disminuir el paso en tres ocasiones al resbalar y por poco romperse el cráneo contra las paredes. Cuando finalmente salieron se encontraban en la base de la torre pero habían utilizado una puerta oculta, cualquiera podría esconderse en aquel pasadizo y nadie notaria su presencia en las habitaciones, era una posición estratégica que seguramente había sido planeada con anterioridad. Pasaron por el pueblo, en la oscuridad de la noche los bares estaban repletos pero las calles desiertas, quizás algún que otro sacerdote se paseara y algunos borrachos parecían caminar sin sentido. Seicer le susurró a su colega que no hiciera contacto visual con ninguna persona que viera en la calle, eran hombres de Myras y estaban tan bien entrenados que parecían inofensivos y sus movimientos eran tan erráticos como sus acciones. Sin embargo, vigilaban cada cierto periodo de tiempo y parecían tener una fórmula para memorizar rostros, el muchacho comprendió que en aquella ciudad había buenos espías e incluso reconoció a algunos de sus colegas cuidando caballos o sirviendo tragos en alguna que otra posada. Era la ciudad de las traiciones o eso era ante sus ojos, para los ciudadanos seguramente era una forma de vida y para quienes no formaban parte de aquella tarea era algo cotidiano a lo cual no le daban suficiente importancia.

Caminaron por las calles un largo rato, siempre aparentando ser sacerdotes o exploradores agobiados por el viaje. No hacían contacto visual con nadie y se mantenían en una posición encorvada hasta llegar a los muelles, allí se dirigieron hacia el barco que estaba anclado justo frente a ellos. Era una nave de gran tamaño, que mostraba fortaleza e intimidaba al verlo desde abajo. Todos los demás parecían hormigas en comparación a tal bestia de los mares, Silver había oído las historias de aquel barco uno que nunca fue hundido y siempre regresó de sus batallas. Tempestad ese era su nombre, se decía que su tripulación era la más experimentada de alta mal y que junto con esa experiencia portaban una sed de batalla casi insaciable. Silver tuvo una sensación extraña mientras subía hacia la cubierta, se sentía emocionado pero a la vez tenia terror por aquellas historias que tanto había leído. Seicer se dirigió a cubierta y paso sin problemas por los guardias para luego quitarse la capa. Silver no tuvo tanta suerte, apenas pisó el barco un centenar de espadas le rodeaba el cuello esto le hizo pensar de inmediato en una traición pero su compañero hizo una seña y todas las espadas fueron enfundadas.

Seicer: Shagro fija el rumbo al Nido.

Shagro: Enseguida, la chica que hizo traer está en la sala principal tal como lo pidió.

Seicer: Son buenas noticias para esta noche, Silver ven tu novia te espera.

Silver: ¿Sonata?

Shagro era un hombre de barba negra, con el cabello del mismo color pero con canas aflorando poco a poco. Vestía con un traje de corsario como el resto de su tripulación y Silver jamás olvidaría el enorme hacha que portaba en su espalda. Parecía ser rudo y serio, solo hablaba con Seicer si este se lo pedía y no cuestionaba ninguna orden. El resto de la tripulación no igualaba en tamaño a Shagro quien superaba a todos por dos cabezas, incluso Seicer debía mirar hacia arriba para hablarle. Parecía un gigante salido de la literatura y no era nada raro que los demás tripulantes se sintieran intimidados ante su presencia y no tardaran en cumplir sus demandas. Cuando el barco estuvo en orden comenzaron a surcar las aguas del vasto océano. La ciudad se comunicaba al mar por un canal artificial que se había construido específicamente para tener una flota de guerra, aunque muchos preferían el ejército tradicional había una minoría que no era aceptada y se dirigían a los barcos como segunda opción. Era de esperarse una visión despectiva de estos hombres y mujeres rechazados pero Silver notó que al menos en aquel barco no había signos de rebeldía, aunque al imaginarse los métodos para que eso sucediera era realmente escalofriante. ¿Cuantas cabezas habrán cedido ante el hacha de Shagro? ¿A cuántos hombres habrían asesinado en sus incontables batallas?.

La sala principal del barco estaba amueblada con lujo y no se filtraba frio desde las ventanas. Sonata estaba ahí tal y como Seicer lo había anunciado, al ver a Silver se sonrojó y aparto su mirada a la mesa en donde había un mapa de navegación. El muchacho tenía demasiadas preguntas pero la principal era conocer como la chica había subido a bordo de una nave y quien estaba detrás de todo aquel teatro.

Sonata: Maud me pidió vigilar el pueblo y esos hombres aparecieron frente a mí. Me informaron que tú viajarías y acepte venir con ellos.

Silver: ¿Te has vuelto loca? ¡¿Que haría si te hubieran matado?!

Sonata: No había pensado en eso, pero siempre me ha gustado el mar. Me hace sentir segura...

Silver: Lo importante ahora es saber hacia dónde vamos...

Seicer: Vamos al Nido, una isla del Noreste. Es una base rebelde pero lentamente está cayendo en pedazos, dentro de unas ruinas está El Fenix. Pero como bien sabrás, su poder es inestable para cualquiera que quiera poseerlo, solo una persona que no desee su poder podrá mantenerlo estable. Si te lo muestro es porque sé que no tienes esa cualidad...

Silver: ¡No soy un loco como tú! Tú si deseas poder pero yo no tengo esos sentimientos tan arrogantes y egoístas...

Seicer: Deseas poder para protegerla, eso se puede ver a cientos de leguas.

Sonata abrazó a Silver y este pudo comprender porque la había llevado. Seguramente si Silver se mostraba desinteresado ante su presencia y no mostraba preocupación Seicer hubiera desistido de su idea de mostrarle El Fenix. Las Fuerzas Especiales se esforzaban por reprimir cualquier añoranza de poder, pero la disciplina solo lograba inculcar la arrogancia de pensar que solo ellos lo merecían. No había humano que no añorara el poder y por este motivo El Fenix era tan importante, se decía que el primero que lograra controlar su poder estaría destinado a reinar sobre los demás. Aun así, habiendo tantos reyes que se declaraban a través de diversas causas, la presencia de otro rey no marcaria gran diferencia. Dash había abierto sus puertas a cualquiera que quisiera unirse, este gesto de bondad permitiría reunir entre sus tropas a posibles candidatos y era una estrategia astuta. El barco frenó tras unas horas de viaje, era madrugada cuando pusieron pie en tierra firme. Los corsarios se quedaron a vigilar mientras Seicer, Silver y Sonata bajaban a las ruinas heladas. Dentro de aquel lugar tuvieron que atravesar pasadizos resbalosos, trampas ocultas que estuvieron a punto de sacarle un ojo a Sonata y antiguos enigmas hasta finalmente llegar a la cámara central.

Era una cámara blanca, de marfil adornado con detalles en oro. El oro mostraba figuras mitológicas, dragones, sacerdotes luchando con armas encantadas, meteoros que descendían a la tierra. El realismo era tal que a veces parecían moverse, había también inscripciones en idiomas perdidos y conjuros en lengua común. La cripta finalizaba con la fuente de toda aquella luz, un orbe amarillo como el oro que era sostenido por las garras de la estatua de un enorme dragón negro cuyas alas eran en realidad los marcos de dos enormes almacenes bloqueados por derrumbes hacia largo tiempo. El Fenix brillaba con intensidad queriendo escapar de aquellas manos que lo aprisionaban, sin embargo, era una trampa para los incautos. El calor que emanaba era demencial y el solo estar frente a él hacía que el frio de toda la cueva pareciese una brisa veraniega. Silver sabía que no podrían acercarse y se preguntaba cómo era posible que alguien pudiese dar tres pasos sin estallar en llamas.

Seicer: Las leyendas dicen que quien no desee poder no sentirá el calor de aquel objeto e incluso el orbe vendrá a esa persona sin que esta tenga que moverse. Es fascinante ver la viva encarnación de una leyenda, espero poder estar presente cuando eso ocurra.

Dieron media vuelta y se retiraron del lugar. No podían hacer nada, pero ahora que Silver contaba con aquella información debía mantenerla en secreto a toda costa. Solo traería desastres, las Fuerzas Especiales podían caer al intentar apoderarse de ese trofeo y el reino era demasiado reciente para inundarlo con leyendas que pudieran afectar su unión. Detestaba que Seicer lo hubiera colocado en aquella posición tan comprometida, si el reino caía, sería su culpa y no de quien le mostró ese lugar. A fin de cuentas, Silver nunca dio un paso hacia atrás. Al acercarse a la salida pudieron oír el canto del acero contra el acero, no se apresuraron aunque Silver hubiera preferido acudir en ayuda de quien fuera que estuviera en desventaja. Presenció como Shagro le arrancaba la cabeza a su enemigo con su imponente hacha y como otro rebelde era abatido por las espadas de dos sujetos. Una mujer desenterraba la lanza del cuello de un cuarto rebelde que se había dado a la fuga y volvía a lanzarla hiriendo la pierna de uno de los rivales de Shagro.

Seicer dio la orden de capturar con vida a los que estaban emprendiendo la fuga y de no matar al líder de aquella unidad por el momento. La tripulación capturó a cincuenta rebeldes y a su líder, habían matado a unos treinta y la tripulación solo había sufrido dos bajas y uno de los más jóvenes estaba herido pero no de forma letal. El líder era testarudo y se negaba a escuchar, por lo cual Shagro pidió autorización para decapitarlo cual verdugo y Seicer lo autorizó. Al ver rodar en la nieve la cabeza de su antiguo comandante los rebeldes se apresuraron a pedir piedad. La mujer escogió a dos de los que no se habían retirado de la batalla para reemplazar a los hombres caídos, el resto de los rebeldes fueron tomados para la guardia de la ciudad, una unidad que solo contaba con veinte hombres ahora contaría con setenta nada mal para un día de excursión había declarado Seicer al subir junto con los demás hombres.

Sonata: ¿Crees que El Fenix está en buenas manos?

Silver: No confío en este sujeto, sabe demasiado y es muy poderoso. Controla más de lo que todos creen y no teme en mostrarlo a la Reina. El Fenix debe permanecer bajo su custodia, al menos hasta que alguien se digne a reclamarlo y no muera incinerado.

El sol se levantaba lentamente, desde la cubierta Silver pudo divisar la capital del reino de Dash. Brillante, luminosa y sin muestras de temor, deseaba que la ciudad le brindara aquella fuerza que mostraba para poder cumplir con su tarea sin caer en la locura absoluta. La belleza de la ciudad a los ojos de Silver solo era superada por Sonata y aquella sonrisa que iluminaba su vida.

Capitulo 7: La Gran Marcha

El frío del lugar solo pesaba mas cuando las noticias llegaban, un ejercito de mas de tres mil espadas. Bases rebeldes que se unian a su causa derrotados o por voluntad, un reino que florecia en el este frente a los demas y se esgrimia con fuerza como uno de los nuevos imperios regentes. La influencia de Dash en cada lugar habia sobrepasado cualquier estimación y Twilight cada vez se mostraba mas enfadada con los exitos de su antigua compañera. Para Twilight no habia explicación a tal exito de una traidora, segun su filosofia la rebelion era lo unico que podia combatir la tirania de sombra y ahora habia algo que contradecia todo lo que habia creido, si traicionaba a la rebelion ella tambien seria perseguida por otros y no podia retirarse luego de haber jurado que Dash era la peor persona que se habia unido a la rebelion solo para beneficios personales. Ahora se encontraba en una encrucijada, no podia fundar un imperio aunque lo deseara, estaba en el norte nevado y gris dominado por la influencia de sombra y sin ningun rastro de una civilizacion que sirviera como fortaleza. Rainbow habia tenido la suerte de estar en el Este, donde las ruinas de antiguas ciudades aun permanecian y la influencia de sombra era mucho menos temida, incluso las tropas de sombra no cruzaban hacia el este con frecuencia y la ocupacion rebelde era mucho mayor. Dash tenia todo a su favor, un ejercito que podia convencer, ciudades para tomar y reconstruir, una ruta comercial viable y una salida al mar que le servia para contactar con islas y ciudades libres mas alla del oceano. A ella en cambio le habia tocado la peor parte, una tundra helada, una tropa de sus mejores soldados y recursos que cada vez escaseaban mas desde que el Este estaba siendo conquistado a paso veloz por la nueva soberana.

Twilight afilaba su mandoble mientras se preparaba para una inminente batalla, aquel dia Arcana brillaba con intensidad, el viento helado no podia romper su templanza. La espada de Twilight habia recibido este nombre por los extraños grabados que se iluminaban en su hoja, incluso estos solian mostrar un brillo rojo cada vez que la muchacha mataba o cortaba a sus enemigos. A pesar de su peso, Twilight mostraba gran habilidad pudiendo usarla con una sola mano o con ambas incluso moverse agilmente sin que esto afectara la fuerza de sus cortes. Aun recordaba cuando la habian forjado, cuando unos hechiceros capturados le habian ofrecido el arma como condición de libertad y de tregua, su fuerza era inigualable y su poder una sentencia aunque tenia sus inconvenientes y la chica los conocia bastante bien. Cada vez que cortaba a alguien obtenia parte de su fuerza y una runa arcana se iluminaba, al iluminarse las nueve runas ella obtenia una fuerza devastadora por solo unos minutos pero despues esa fuerza se convertia en un dolor insoportable que la afectaba hasta que se resignara a renunciar a su fuerza. Sus soldados conocian esta limitación en especial para protegerla si su cuerpo no soportaba tal condición extrema, aunque ahora Twilight tenia una duda, un extremo deseo que parecia hacer vibrar a su espada. Vespertina era el nombre de la espada que Twilight deseaba desafiar, aunque no la conocia en persona, la nueva espada de Dash estaba hecha con obsidiana un metal incluso mas raro que el propio acero arcano de su espada. No la habia visto en persona pero sus informantes comentaban que era una espada que parecia seguir en fundición, cuyo calor podia sentirse al estar frente a ella y que su mental negro se iluminaba en una tonalidad anaranjada al salir de la vaina. Le habian comentado que su calor podia derretir las armaduras y fundir las espadas inferiores y que su nombre provenia de que siempre que era guardada una parte del amanecer parecia morir junto con ella.

Sin duda alguna Vespertina era el desafío perfecto para Arcana asi como Dash era su constante desafío de filosofias. El choque de ambas espadas desataría la colision que definiria su pensamiento, el acero que fue creado para nunca ser fundido contra la espada que sentenciaba a cualquier arma que no era digna. El poder de la naturaleza contra la magia pura, el imperio contra la rebelion. Twilight esperaba poder despejar todas aquellas dudas al chocar fuerzas con Rainbow de una vez por todas, la marcha era larga y habia diversos obstaculos pero su llegada al Este estaba destinada a suceder. Las fuentes indicaban que Amyr habia supervisado su creación, que otro miembro del consejo habia dado las indicaciones formales y que la creación del arma habia tardado mas de veinte dias completos. Twilight presentía que aquella no era una espada ordinaria de un caballero orgulloso que quisiera darse a conocer, ocultaba secretos y misterios que solo podian revelarse si luchaba contra ella. Arcana no podia contra una armadura del calibre de Dash si no estaba de humor, era una espada caprichosa que delataba su humor mediante su fulgor, pero desde que Twilight habia recibido la noticia sobre las novedades en el Este su espada nunca habia dejado de brillar y su filo se mantenía incluso sin ser afilada.

Twilight: Es hora Dash, tu y yo. Y te aseguro que voy a ser yo...

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